El Asno Roñoso de la Cola Cortada / Mangy Ass with the lopped-off tail

¿Es una obligación el uso del velo?

“Que se cubran el escote con el velo”1

La palabra árabe que se usa para designar el velo que cubre la cabeza es “hiÿab”, que en el Corán no hace referencia en ningún momento a la forma de vestir femenina ni a cualquier tipo de indumentaria, sino que se utiliza más bien como metáfora sobre aquello que nos ofusca, que nos impide ver la realidad o incluso la luz divina. El símbolo de que la Faz de Al-lâh nos cegaría y por ello un “velo” nos preserva, aunque a nivel metafísico “sólo existe Su faz” –dice el Corán- o que “da igual que te vuelvas hacia Oriente o hacia Occidente, porque allí encontrarás la faz de Allâh”. Y también se refiere a la protección, como por ejemplo, cuando el adúltero que se autoinculpa ante Muhammad, para recibir el castigo lapidatorio que imponían en la época otras leyes no islámicas, el Profeta le recomienda que no divulgue su secreto… que cubra su falta “con el velo de Al-lâh”.

El comentarista coránico Muhammad Asad explica el contexto en que descendió la aleya que denomina una prenda o velo para “investir” a la mujer con “protección”. El término usado para tratar este asunto en el Corán no es “hiÿab”, ni la parte del cuerpo a cubrir es la cabeza:

“El nombre jimar denota el tocado usual de las mujeres árabes antes y después de la llegada del Islam. Según la mayoría de los comentaristas clásicos, en los tiempos pre-islámicos se llevaba más o menos como adorno, dejando que cayera suelto sobre la espalda; y como, según la moda imperante de aquel tiempo, la parte superior de la túnica de la mujer tenía una amplia abertura por delante, sus senos quedaban al descubierto. De ahí, que la orden de cubrir el escote con el jimar (un término muy familiar a los contemporáneos del Profeta) no tenga necesariamente que ver con el uso en sí del jimar, sino que, más bien quiere dejar claro que los pechos de la mujer no están incluídos en “lo que sea aparente” de su cuerpo y no deberían, por tanto, mostrarse”.

Según el comentarista clásico Rasi, la exhortación –también en el versículo coránico anterior, el cual va dirigido de igual modo y expresamente a los hombres a “contener su mirada y guardar sus partes privadas”, se puede entender tanto en el sentido literal de “ser modesto en el vestir”, como en el sentido metonímico de “contener los impulsos sexuales”, restringiéndolos a lo que es lícito, o sea, la relación matrimonial:

“Y los que guardan castidad, excepto con sus cónyuges”2.

Así mismo, el “bajar la mirada” se refiere tanto a la modestia física como a la emocional; y también se dirige el Corán con esta frase a los hombres y a las mujeres.

Entre los extensos y valiosos comentarios que se encuentran en la obra de Asad 3 explica:

“La interpretación que hacen varios de los primeros juristas islámicos, y en particular Al-Qiffal (citado por Rasi), de la frase il·la ma dahara minha, en el sentido de “lo que un ser humano puede mostrar en público según la costumbre dominante”. Aunque los expositores tradicionales se han inclinado durante siglos a restringir la definición de “lo que ellos sea aparente (con decencia)” al rostro de la mujer, sus manos y pies –y algunas veces aún menos- podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el significado de il·la ma dahara minha es mucho más amplio, y que la imprecisión deliberada de esta frase pretende tomar en consideración aquellos cambios ligados al paso del tiempo, que son necesarios para el desarrollo moral y social del ser humano. La frase central de la susodicha orden es la exigencia, dirigida en idénticos términos a hombres y mujeres, de que “bajen su mirada y guarden su castidad”, y esto determina el grado de lo que en un momento dado, puede considerarse legítimo, en consonancia con los principios coránicos de moralidad social como “decente” o “indecente” en el aspecto externo de una persona”.

Con esto no negamos el hecho de que las musulmanas de la época del profeta no cubrieran sus cabellos. De hecho, sólo deberían mostrar su cara, manos y pies (y quizá incluso los tobillos puesto que se consideraba un signo de arrogancia llevar prendas que se arrastraran por el suelo), además de que resultaría más limpio también posibilitaría más movilidad y comodidad. En el contexto social de la época del profeta Muhammad, las musulmanas con la cabeza cubierta, no eran confundidas con esclavas, las cuales sufrían fácilmente acoso sexual e incluso violación. Todos los motivos expuestos hasta el momento parecen más sociales e identitarios que otra cosa. Sin embargo, el velo coincide con los versículos bíblicos que recuerdan bellas razones espirituales para que las cristianas se cubran la cabeza para orar: por respeto a los ángeles. Y muchas mujeres judías cubren su cabeza, sustituyendo algunas el tradicional pañuelo por una peluca.

En árabe, hîÿâb significa “velo” y “amuleto”. Lo que tienen en común uno y otro es, básicamente, que ambos son cosas que se usan para protegerse. Se da hoy en día una significación ideológica a lo que sería más bien, una peculiaridad cultural. No se trata del burka o de las prendas que impiden ver el rostro de la mujer, sino del velo tradicional que cubre la cabeza de las musulmanas de formas diversas en el Magreb, Egipto, Jordania, Indonesia, Tanzania o Bosnia-Herzegovina. Nunca hay que confundir el símbolo con el signo en los temas religiosos o espirituales, Pero en este tema, la equivocación fue más grave… Ninguna musulmana del mundo interpretó este símbolo como signo de la opresión masculina hasta la entrada de la propaganda islamófoba y belicista de la postcolonización y hasta hoy. El hîÿâb nunca debaría ser una imposición de la sociedad patriarcal… No una obligación, sino un derecho de la mujer musulmana.

También se usa el término hiÿab en el Corán, cuando se le habla a la gente refiriéndose a cuál a de ser su trato con las esposas del profeta (evidentemente, distinto al de las otras mujeres):

“Si tenéis que pedirles algo que necesitáis, hacedlo tras un hiÿab; esto contribuirá a la limpieza de vuestros corazones y de los suyos”4.

En este sentido, y según continúa el versículo, incluso se consideraría una atrocidad que se volvieran a casar con las viudas de Muhammad. Esto, es una particularidad más en la naturaleza de estas mujeres que en nada se asemejan a las otras mujeres: se dice también en ese sentido y con la intención clara de no establecer comparaciones de ningún tipo, que ellas tienen recompensa doble y castigo doble por lo que hicieren en bien o en daño. Muhammad Asad comenta que el término hiÿab denota cualquier cosa que se interpone entre otras dos, o que oculta, cubre o protege a una de la otra: según el contexto puede traducirse por “barrera”, “obstáculo”, “tabique”, “mampara”, “cortina”, “velo”, etc. Tanto en el sentido concreto de estas palabras como en el abstracto. La prohibición de acceder a las esposas de Muhammad salvo “detrás de una cortina” puede ser tomada literalmente –como hacían la mayoría de los Compañeros del Profeta- o metafóricamente indicando así la excepcionalidad de reverencia debida a estas mujeres, llamadas “madres de los creyentes”.

No existen normas en la cosmovisión del islam que defiendan las desigualdades entre hombres y mujeres. Cuando se utiliza el Corán u otros textos para hacerlo es porque la lectura y la exegesis predominante siempre ha sido masculina. Y es desde esta perspectiva que los obstáculos y los prejuicios hacia las mujeres han estado siempre presentes, aunque haya precedentes y principios originarios fundamentales que apoyen la reivindicación de un islam igualitario, en el que las mujeres sean las auténticas beneficiarias. Pero se debe decir también que esta realidad no es ningún consuelo ni consigue resignarnos frente a la usurpación de derechos de las mujeres en la mayoría de las sociedades islámicas y hay que denunciarlo. Sin embargo, esto no significa que haya que caer en los tópicos de siempre y el caso del velo es un ejemplo.

El velo tiene muchos significados esotéricos y exotéricos, y no es sólo un trozo de tela que cubre la cabeza. Tampoco es un pilar del islam, en el sentido que no forma parte de las obligaciones de la práctica. Aunque no sea obvio para todo el mundo, el hecho de que muchas musulmanas se distingan con un velo – ahora también con la bandanna5”– no debería ser en ningún país democrático y en el que se respete la Declaración de los Derechos Humanos, motivo de juicio ni posicionamiento crítico contra su persona o su decisión. Como muy bien han denunciado muchas mujeres por todo el planeta, todas las mujeres deberían hoy reflexionar sobre su supuesta “libertad” y sobre su propia independencia, antes de permitirse ninguna precipitación a la hora de opinar y juzgar a las mujeres con hiÿab. De hecho, incluso son las propias mujeres las que caen demasiado a menudo en el estereotipo, al creer que las musulmanas llevan el velo sin ningún motivo razonable o en contra de sus deseos sistemáticamente. Las explicaciones sobre esta realidad son numerosas, pero un criterio unánime de la mayoría de las musulmanas es que hay que defenderse del trato a la mujer como mercancía para consumo y explotación. El velo se utiliza frecuentemente como símbolo de protección contra esta tiranía. Pero este criterio padece hoy, en el mundo global diversas contradicciones.

Existe el peligro de posicionarse en la cuestión del velo de forma beligerante. Es ya un problema el hecho de tener que discutir sobre “el bien o el mal” de una pieza de vestir femenina y del sentido que tiene para la mujer. Así ponemos en juego diferentes valores éticos, simbólicos, políticos, históricos y sociales, desde visiones subjetivas enfrentadas. Desde dentro del islam, una de las primeras polémicas surge de la diversidad de opiniones sobre si es o no obligatoria esta vestimenta para las musulmanas. Hay interpretaciones distintas sobre ello. Desafortunadamente, llevar hiÿab no siempre es un ejercicio de libertad. Pero hay que reconocer que existen muchas razones de peso para llevar el también llamado “foulard” o pañuelo. Hay que entender que no significa lo mismo para cada persona y que tiene implicaciones psicológicas y emocionales notables. Pero, a pesar de que la interpretación sobre el sentido del velo puede tener (por supuesto) motivos muy machistas y de subordinación de la mujer, no se puede negar que existe también un cierto espíritu “feminista” y contestatario en algunas de sus muchas defensoras.

 Existen grandes contradicciones en el uso, derecho, o moda de la vestimenta y siempre es ella (la mujer) la que sufre el abuso del juicio de los demás sobre su imagen. Uno de los argumentos sobre los beneficios del velo sería conseguir el “respeto” de unos violadores potenciales. Este es un motivo evidente para llevar tal distintivo, pero en cambio, hoy en día, esta supuesta “protección” en según qué contexto, se convierte en un reclamo visual para el insulto y la humillación. El pudor y la discreción que busca y pretende la mujer musulmana, para ser tratada como una persona y no como un cuerpo, consigue demasiadas veces el desprecio y la burla de la gente. No todas las musulmanas que desean llevar el hiÿab se atreven a ello. Son muchos los momentos duros de la vida cotidiana que hacen de esta opción algo “demasiado público” y que incluso provoca reacciones violentas, lo cual es el resultado contrario al objetivo original. La recomendación coránica –para hombres y mujeres– sobre una actitud de prudencia y respeto, que se refleja en la frase: “bajad las miradas”, tampoco se logra actualmente en el contexto hostil de muchas sociedades críticas con el uso del hiÿab. La musulmana no quiere ser considerada como un objecto sexual, no quiere sentir la agresividad de unos ojos indiscretos sobre su persona. Pero, la intención de liberarse del acoso masculino que existe en la voluntad de llevar el velo, demasiadas veces se convierte en un muro que impide la comunicación pacífica entre la mujer y los otros.

El posicionamiento beligerante del gobierno de Francia u otros en esta cuestión provoca un enfrentamiento innecesario, donde las perjudicadas directas son las mujeres musulmanas, marginadas y humilladas por este motivo, social y culturalmente. Prohibir la entrada a la escuela o universidad y a no tener acceso al terreno laboral en la mayoría de los puestos de trabajo –porque la mujer lleve velo- reduce irremediablemente su espacio al ámbito doméstico. La dura presión gala en este asunto ha generado un movimiento de mujeres que reivindica la libertad de llevar el velo, constituido con diversos colectivos feministas y de mujeres con y sin velo, musulmanas o no. Un ejemplo de solidaridad entre mujeres que se necesita, al margen de las distintas interpretaciones que podamos dar a lo que quiere decir exactamente el hecho de llevar el hiÿab.

El derecho de esta libertad individual de cada mujer ha de ser siempre respetado. No se puede convertir en “delito” por el hecho de que en uno u otro contexto, el gobierno, las autoridades, el padre, el marido, el imam o el director de la escuela, decidan que prefieren que la imagen de esta mujer sea otra. Han surgido feministas de reconocido prestigio internacional, que se oponen vigorosamente a la discriminación que sufren muchas mujeres musulmanas por el uso del velo en la sociedad francesa, denunciando la política xenófoba que se aplica también a nivel social, como por ejemplo Crhistine Delphy6. Desde allí, emerge actualmente un profundo y brillante discurso, que denuncia “un tipo de feminismo etnocentrista, anclado en su pasado glorioso y aliado hoy al poder, que ha perdido su fuerza revolucionaria y no se solidariza con las mujeres musulmanas sino que incluso contribuye a su opresión”7.

La politóloga de la ULB, Corine Torrekens estima que si el asunto ha tomado grandes proporciones es que ha tocado alguna cosa sensible. Algo vinculado a “la hipersensibilidad de la sociedad sobre los elementos de visibilidad del Islam”. Una estudiante belga (Hagar) ha osado llevar su pleito con un juez que la acusaba de faltarle al respeto, basándose en el artículo 759 del código judicial por el hecho de insistir en seguir llevando hiÿab, a la Corte Europea de Justicia, en nombre de “el respeto de igualdad de los ciudadanos ante la ley y a la imparcialidad de las Cortes y los Tribunales”. En el diario Soir, Hugues Dorzée añadía:

“Este episodio nos recuerda que los ajusticiados no son todos iguales ante los tribunales. En un estado de derecho, el “respeto” no es un valor de geometría variable. Lo que se acepta de una hermana católica o de un pastor, debe aceptarse de una musulmana. Velo, kippa o turbante, sin importar la vestimenta, es el derecho lo que prevalece”.

Ahora mismo, la libertad de llevar velo o no de una mujer aparece más como una cuestión política que espiritual. Influye demasiado el efecto que produce en el entorno. Internamente, la mujer se ve realmente afectada por su imagen y la carga de responsabilidad que implica su opción. No hay ninguna otra cuestión ni polémica en lo referente al vestir de las mujeres, en que la gente se posicione hasta a nivel público, político y social, que no sea el “look” de las musulmanas.
Nos encontramos ante una grave contradicción sobre los condicionamientos y las razones del velo. En diversos países laicos, las musulmanas que libremente han escogido el uso del hiÿab como “expresión corporal” son censuradas con más o menos intensidad, indiferentemente de que la población islámica sea mayoría o minoría. En países o entornos donde la costumbre es el velo, las mujeres que no quieren llevarlo sufren a menudo diversos tipos de presión por este motivo. En otros, se debaten entre prejuicios, defensa de valores o derechos y es difícil establecer un criterio de respeto ante la opción libre de las personas afectadas. Los gobiernos toman partido y se les insta a tomar decisiones al respecto. La mujer musulmana en demasiadas ocasiones no es tanto la que decide, sino que muy al contrario su respuesta es más una reacción ante las sugerencias, modas, consejos, amenazas, órdenes, leyes, edictos (como el de Felipe II en el 1526, que prohibía entonces, en la época inquisitorial la “vestimenta mora”). Hay una fuerte dependencia y condicionamiento, según la propaganda, los medios de comunicación, vecinos, amistades, familia, compañeros. Los convencionalismos sociales en este tema se imponen en gran medida a la elección individual y los prejuicios, estereotipos e intereses políticos o ideológicos priman por regla general, en contra de cualquier lógica razonable o de la motivación espiritual.
Está claro que el posicionamiento respecto al velo no siempre se corresponde directamente con un estado de espíritu (ánimo) a nivel personal. La “discreción” que se exige a las mujeres musulmanas en la demostración de su identidad se contradice con la escandalosa y exagerada instrumentalización de su imagen en los medios de comunicación. Quien busca un reconocimiento de su condición de mujer musulmana, se hace visualizar con el velo. Cuanto más rechazo hay o más intentos occidentalizantes de asimilación de la cultura musulmana, más se reafirman los  esfuerzos para mantener los signos identitarios o de pertenencia. Es una actitud, que no depende de que la mujer sea sumisa o no, como cabría suponer desde los enfoques más simplistas. Visibilizar la presencia islámica con uno de sus símbolos más evidentes y polémicos, tampoco representa en muchos casos un signo de sumisión, sino que supone una respuesta de rebeldía o de resistencia a dicha asimilación.

Por otra parte, este gesto se puede considerar, desde un punto de vista objetivo, absolutamente legítimo según los derechos humanos fundamentales. Y cuanto más se ataca el islam, más mujeres se ponen el velo para defender esa opción. Pero el velo se ha convertido en un arma arrojadiza, utilizada incluso como mensaje propagandístico para bombardear países (como en el caso evidente de Afganistán con la excusa de liberar a las mujeres afganas), sin que finalmente se haya demostrado que ésta fuera la auténtica razón y sin que la condición de estas mujeres hubiera mejorado con esas medidas…

Seguir haciendo divisiones entre mujeres según posicionamientos arbritarios, y presionar para medir la fuerza de sus convicciones nunca será una forma de liberación. Las mujeres habrán de conseguir una real solidaridad entre ellas. Una complicidad que demuestre el respeto que se procesan, así como que la libertad individual no atropelle la libertad a nivel colectivo. Cuando entre las mujeres existe un auténtico acuerdo mutuo, toda la sociedad global se fortalece y se siente capaz de llevar hacia delante las decisiones que son para el bien común.


Notas
1. Sura 24:31.
2. Corán, 23:5-6.
3. Muhammad Asad, “El Mensaje del Qur’an”. CDPI (Centro de Documentación y Publicaciones Islámicas). Córdoba 2000. Trad. Abdurrasak Pérez.
4. Corán, 33:53.
5. Bandanna es el nombre que recibe la forma de llevar la cabeza cubierta con un velo que hace un recogido del pelo por detrás emvolviendo el moño. Se trata de una forma diferente de uso del hiÿab que se ha autorizado en algunos lugares de Francia donde se prohibe el velo que cubre los hombros.
6. Investigadora y socióloga en el CNRS. Co-fundadora junto con Simone de Beauvoir de la revista Questions féministes en 1977 que pasó a llamarse en 1981 Nouvelles questions féministes, de la cual sigue siendo redactora.
7. Karine Gantin, feminista y activista francesa. Conferencia en Barcelona (septiembre 2008), y Rabat (octubre 2008), como invitada especial del Grupo internacional GIERFI, perteneciente a la asociación de mujeres musulmanas Desenvolupament feminisme islàmic con sede en España.


Autora: Yaratullah Monturiol, secretaria general del Groupe International d'Étude et de Réflexion sur la femme en Islam (GIERFI).
Capítulo del libro 'Islam y derechos humanos' (CDPI de Junta Islámica, 2010).
Fuente: Webislam

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Fez, ciudad del Islam

http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA47%20Mar.07/FezCiudadIslam.html 

Autor: Titus Burckhardt.
Extracto del libro Fez, ciudad del Islam, José J. de Olañeta ed., Barcelona 1999, págs 7-15. Click Here to Read More..

Viaje espiritual por el norte de Marruecos

http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA88%20Dic.10/ViajeEspiritualNorteMarruecos.htm Click Here to Read More..

Breve perfil psicológico del sufismo marroquí

http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA88%20Dic.10/PerfilSociologicoSufismoMarroqui.htm#arabe2
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Un aspect matériel de la prière islamique

«La Prière, c'est la porte de Dieu et nul ne peut avoir la Clef s'il oublie Dieu dans sa prière.

C'est aussi Sa haute main que l'on ne peut même baiser, si l'on ne se soumet avec tout son cœur à Sa volonté : le Puissant, le Sage, le Miséricordieux.»

Nous croyons tous connaître la Prière Musulmane. A travers les Recherches Philosophiques du Cheikh AL ALAWI, nous voudrions apporter un éclairage moins souvent cité.

Ces recherches ont été écrites vers les années 1920. Elles sont un enseignement sur la Nature de l'Homme, sa place dans la Création et l'évolution, sa responsabilité. A travers quelques citations tirées de cette Philosophie, voyons ce que nous dit le Cheikh AL ALAWI :

«Au Nom de Dieu le Clément, le Miséricordieux. Louange à Dieu qui lia l'Homme aux choses supérieures et Célestes après l'avoir attaché à Lui et extrait de ses origines inférieures ; ce qui fit vent l'humanité aujourd'hui, quant à la Gestion, de lui la Source de l'existence et le centre du cercle des vertus et de la libéralité, et en tant qu'homme conforme au sens voulu par sa création.»

L'Homme est issu d'une double origine :
—     L'une supérieure et céleste,
—     L'autre inférieure.

A propos de l'origine inférieure, le Cheikh AL ALAWI écrit :
«L'Humanité a été extraite de ses trois origines, à savoir du règne minéral, du règne végétal puis du règne animal. Et il est possible de dire de ces trois qu'elles sont soit inférieures à l'homme par rapport à sa position, soit supérieures quant à sa généralité. En effet, l'animalité est plus générale que l'humanité, et à fortiori le minéral que le végétal.»

Donc quantitativement les règnes minéral, végétal et animal sont plus nombreux que le règne humain.
Mais qualitativement, le règne humain leur est supérieur.

«La séparation de l'homme du minéral fut acquise par sa capacité de croitre, vibrer et dépérir. L'acquisition de ces caractères lui permit de participer au règne végétal duquel il se sépara encore grâce au flux vital qui nécessite certaines qualités sensitives. Ces dernières qualités lui permirent d'intégrer le règne animal ; duquel il se sépara par la raison spéculative.»

Le Coran dit : «Et II vous créa par étapes successives.»

Le Cheikh AL ALAWI nous parle donc de la création: «La chaîne des êtres est parfaitement agencée», mais il précise le processus, le mouvement:
—     Depuis l'état minéral caractérisé par sa dureté et son immobilisme, (regarder une pierre) ;
—     En passant par l'état végétal qui commence à se mouvoir, mais sous l'action d'une force extérieure, (regarder un Arbre pris dans le vent) ;
—     Se continuant dans l'état animal, beaucoup plus dynamique, avec la faculté de se mouvoir par lui-même, (regarder courir un animal) ;
—     Et aboutissant à l'état humain tel que nous croyons le connaître, dont une des caractéristiques est l'acquisition de la raison spéculative. Or dans ces quatre étapes, on note une progression, une dynamique depuis un état très statique vers un état très mobile.

Mais revenons à la Prière Musulmane dont nous ne nous sommes pas tant éloignés. Vous savez que cette dernière est constituée de Rakaas au nombre de 3, 4, ou 2 selon l'heure de la journée.
—    Chaque rakaa commence par la Station debout. La Tradition Islamique attribue à l'Homme cette position : En effet qui se tient debout verticalement sur terre si ce n'est l'Homme ?
—    Puis nous nous redressons verticalement. Cette fois-ci l'analogie se fait avec le monde végétal, avec l'arbre qui se tient aussi verticalement.
—    Enfin, c'est la prosternation où l'on se ramasse au maximum, et se tient immobile comme une pierre, d'où l'analogie avec le règne minéral.

En résumé :
                 
Les quatre règnes, quoi qu'on en pense, font partie de ce que l'on nomme la « Matière »: C'est donc de l'aspect « matériel » de la Prière musulmane dont nous vous entretiendrons ; mais il ne faudrait en aucun cas le considérer comme un point de vue       « matérialiste » au sens communément admis de ce terme. La science moderne a acquis par diverses méthodes indirectes, une certaine connaissance de la « Matière ». Nous avons tous entendu parler des atomes, des électrons, des protons, des neutrons et autres subparticules en nombre indéfini. Notre intention n'est pas de vous faire un cours de physique ou de chimie, mais de vous parler d'une matière vivante, dynamique, soumise à un Vouloir Divin.
Le plus simple pour comprendre ce qu'est une matière vivante est de prendre un exemple : l'Homme. Ce système vivant comme tous les autres, n'est pas isolé, mais relié à son environnement, à l'Univers et même plus pour d'autres.
Ainsi, de la manière la plus élémentaire, l'Homme est au moins dépendant de la Nature par l'air qu'il respire, mais ce n'est pas tout :
Une fois mandaté ici-bas, il se nourrira aussi :
—     Matériellement avec les aliments liquides et solides ;
—     Energiquement avec les influences cosmiques et telluriques ;
—     Psychologiquement dans ses relations avec sa famille et ses proches ;
—     Spirituellement si Dieu le Veut...
Système vivant, ouvert, car tous ces échanges sont nécessaires à la vie. Echanges dans les deux sens, car recevoir sans donner mène à un système fermé, c'est-à-dire à la mort. Que deviendrait le commerce sans échanges possibles ?
La matière vivante nous apparaît sous différentes formes, sous différents « objets » en mutation constante. L'énergie sous ces différentes formes est aussi nécessaire pour la transformation de ces « objets » : l'exemple du Feu sur l'EAU est suffisamment évocateur. Ainsi on pourra considérer trois composants Chacun d'eux implique la notion de Temps essentiels de l'Univers :
ENERGIE    -    MATIERE   -    EVOLUTION comme nous le verrons.
1)  L'« Energie » : Elle existe sous plusieurs formes, mais dès qu'on la perçoit, c'est qu'elle s'est manifestée, donc qu'il y a eu mutation. Le temps y est impliqué.
2)  La « Matière » ou plutôt prise de forme d'une énergie, structuration, obéit au temps dès qu'elle se manifeste.
3)  L'« Evolution ». Elle sous-entend un point de départ et un point d'arrivée. Elle implique un « objet » (la « Matière »), un travail donc une variation d'« Energie ». L'implication du temps est encore plus évidente.
Au total ces trois concepts sont indissociables les uns des autres, mais aussi du temps.
On peut déjà apercevoir les implications dans la Prière musulmane. Ne faut-il pas une certaine énergie pour mobiliser notre élément terrestre vers cette porte dont nous parle le Cheikh Hadj Adda BENTOUNES. La Prière n'est-elle pas un instrument de transmutation ?
Revenons au concept du temps :
Nous avons vu le lien entre les trois composants Energie - Matière - Evolution et le temps.
Le long du vecteur temps, un « objet » déterminé par ces trois modalités, ne peut varier que selon deux modalités :
—     soit en accélération,
—     soit en non-accélération, c'est-à-dire qu'il suit simplement l'évolution le long du temps, sans accélération.
Les deux possibilités sont notifiées conventionnellement de façon simple par :

1 : pour l'accélération } Valeurs qualitatives uniquement.
0 : pour la non-accélération


Les trois concepts Energie - Matière - Evolution voient leur variation en fonction du temps modelé selon deux possibilités :
0 et 1.
Ce qui donne 23 = 8 combinaisons possibles en codage binaire.


L'écriture de ces huit combinaisons nécessite trois caractéristiques pour représenter les trois concepts précédents :
000 - 001 - 010 - 011 - 100 - 101 - 110 - 111 (en langage binaire)
 0       1       2      3       4      5       6      7   (en système décimal)
 
000  et 111 sont deux états limites :
000 : Les trois concepts Energie - Matière -Evolution sont simultanément en non-accélération ;

111 : Les trois concepts sont simultanément en accélération.
N.B. : Lire à ce propos : MUSSAT : « Energétique des systèmes vivants ».
001 - 010 - 011 - 100 - 101 - 110 seront six états intermédiaires.

Cette séquence de Valeurs offre une particularité : seules les valeurs 011 et 100 sont contraires et consécutives et déterminent un axe de symétrie de deux fois quatre termes de : 001 à 011 et de 100 à 111.

On peut représenter graphiquement ces valeurs le long d'une droite orientée représentant l'axe du temps.

                                                                            
On passera de la ligne au plan par l'adjonction d'une seconde droite, en respectant l'axe de symétrie :




Les valeurs de 000 à 011 seront dites de polarité « négative », par rapport aux valeurs de 100 à 111 dites «Positives». Précisons que cette polarisation est relative.


N'oublions pas que le modèle de référence dont nous sommes partis est l'Univers.  Il faudrait donc établir une représentation sphérique à laquelle la feuille de papier ci-présente est bien peu adaptée, et nous limite à une représentation circulaire. Or pour l'Homme situé géocentrique-ment sur Terre, le cycle du soleil avec ses variations apparentes symbolise le cycle circulaire par excellence. Il culmine à Midi où il est au maximum de ses possibilités, de ses accélérations. On le notera 111 au sommet du cercle comme il occupe le Zénith du ciel.


Puis en respectant les axes de symétries

Si l'on suit sur le cercle la succession :
000 - 001 - 010 - 011 - 100 - 101 - 110 - 111.
 

Voici donc l'équation reliant les variations Energie - Matière - Evolution en fonction du temps. Reprenons à présent la Philosophie du Cheikh AL ALAWI en fonction des quatre règnes : du plus statique au plus dynamique

Règne Minéral : très statique
Règne Végétal : très peu statique
Règne Animal  : un peu mobile
Règne Humain : très mobile

 
Il suffit de coder ces quatre règnes en fonction de l'équation ci-dessus, selon les conventions déjà connues :
0 : non-accélération
1 : accélération


Règne Minéral
Règne Végétal
Règne Animal
Règne Humain
00
01
10
11
Non-acc.
+
Non-acc.
Non-acc. +
accél.
Accél.
+
non-acc.
Accél.
+
accél.
=
très statique
=
un peu statique
=
un peu mobile
=
très
mobile
 
Pour l'intégrer sur le cercle équation, il suffit d'ajouter à chaque règne, une fois une non-accélération « 0 », une fois une accélération « 1 »


 
Et l'on retrouve ainsi la suite déjà connue :




On peut voir que l'évolution des quatre règnes suit parfaitement les variations Matière - Energie - Evolution en fonction du temps.
Ceci n'est pas étonnant puisque comme nous le disions au début, ils sont faits de « Matière Vivante ».

Mais il y a plus, le passage du codage binaire en système décimal fait surgir une suite de 0 à 7 qui rappelle étrangement les sept jours de la création.

Nous retrouvons le lien entre les quatre règnes et les sept jours de la création.
Maintenant si l'on revient à la Prière, à la rak'a plus particulièrement, nous voyons qu'elle décrit exactement le même mouvement en sens inverse.

 

Que faut-il penser de ce double mouvement ? A chacun de nous d'y répondre en le vivant. Tout témoignage en la matière, serait le bienvenu.
Une dernière question ? La création Visible aboutit à l'Homme à travers quatre accélérations, quatre évolutions. On pourrait nous conduire une cinquième accélération ?
  

Auteur: Docteur Philippe Barthelet ("Ibrahim").
Publiée à la revue Les Amis de l'Islam, n° 11.
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La mujer musulmana en la época del profeta

En 1995 se publicó en El Cairo la cuarta edición del libro La mujer musulmana en la época del Profeta, de Abdelhalim Muhammad Ahmad, prologado por el Sháij Muhammad al-Gazâli y por Yusuf al-Qaradawi, y que consiste en un magnífico y extenso estudio en dos volúmenes sobre la mujer musulmana en la época de Sidnâ Muhammad (s.a.s.). En la introducción al libro, el autor resume muy brevemente las conclusiones de su estudio, que se basa en versículos coránicos, en hadices y en los libros tradicionales que relatan la biografía del Profeta. Esas conclusiones demuestran lo lejos que están las sociedades islámicas del modelo instaurado por Sidnâ Muhammad (s.a.s.). Las fuentes que ha utilizado el autor dan un alcance mayor a sus conclusiones, porque son dados a la reflexión de los musulmanes que busquen recuperar lo esencial del Islam.


El autor dice en la introducción al libro:

Las conclusiones más importantes a las que he llegado en este estudio son:

En el campo de la personalidad de la mujer:
1- La mujer musulmana era, en la época del Profeta, absolutamente consciente de su condición de mujer y con frecuencia la reivindicó, y el Islam reconoció ese hecho. El Corán dice: "Allah ha creado al varón y a la hembra". Desde este punto de partida, la mujer musulmana, como tal, participó activamente en la construcción del Islam.
2- Palabras relevantes del Profeta sobre este hecho son las que pronunció al decir: "Las mujeres son hermanas de los hombres", lo que implicaba la legitimidad de su participación en todo lo que atañe al Islam, sin restricciones.
3- El hadiz en el que el Profeta dijo que las mujeres son 'menos inteligentes que los hombres' ha sido malinterpretado y peor aún ha sido su aplicación en el Derecho. El Profeta se dirigía a las mujeres, con el tono de un maestro que no hace concesiones; no estaba dirigiendo sus palabras a los hombres para informarles de cómo son las mujeres.

En el campo de la vestimenta y los adornos:
1- Llevar el rostro al descubierto era lo normal en la época del Profeta, y es el fundamento en lo que respecta a este tema. El niqâb -el velo con el que algunas mujeres se cubrían el rostro, salvo los ojos y la frente, era una costumbre coqueta de la época y no tiene relevancia en el Derecho. 2- Arreglos moderados para tener una mejor presencia con los que las musulmanas de esa época adornaban sus caras, sus manos (embelleciéndolas con tintes) o su ropa, son perfectamente lícitos e incuestionables.
3- El Profeta no impuso nunca una forma determinada de vestir para las mujeres. Sólo dijo que debían cubrir convenientemente sus cuerpos y hacerlo con sentido del pudor, consejos que también dio a los hombres. No existe, por tanto, una vestimenta islámica ni un uniforme para las musulmanas.
4- No había normas sobre la vestimenta que dificultaran los movimientos de las mujeres; es más, lo que se pretendía era facilitarles una activa vida social dentro del contexto de la época.

En el campo de la participación en la vida social:
1- La orden de permanencia en sus casas y el velamiento completo sólo afectó a las esposas del Profeta, cuyo papel era destacado así: la gente tenía que ir a ellas, y no a la inversa, y no verles el rostro. Ello lo demuestra el que las Compañeras del Profeta jamás siguieron esas normas.
2- Las musulmanas participaban en todas las actividades comunes, con entusiasmo y dinamismo, tal como exigía la creación de una nueva civilización.
3- Las restricciones no afectaban a la vida social sino que señalaban la necesidad de mantenerse en el pudor para preservar la dignidad de la mujer en esas relaciones. Pretendían proteger, no evitar o entorpecer.
4- El derecho al trabajo le fue reconocido a la mujer musulmana espontáneamente, y consta, por ejemplo, que participaron en la enseñanza como discípulas y maestras, y en labores sociales y se les reconoció también el derecho al esparcimiento y el ocio. En lo político, la mujer fue tan firme como el hombre en defender el Islam incluso en las épocas de persecución. Las mujeres participaron activamente en la organización del Islam, en los juramentos de fidelidad al Profeta, en su defensa, y emigraron de Meca a Medina en pie de igualdad. Participaban y opinaban en las asambleas (shûrà) y dirigieron oposiciones contra las mayorías. Las mujeres musulmanas trabajaron en las labores de regadío, en las de la agricultura en general, en las industrias artesanales, en la dirección de los trabajos, en la salud, en la limpieza y en labores domésticas, lo que les permitía llevar una vida digna para ellas y para sus familias, llevando incluso en muchas ocasiones la delantera a sus maridos, si bien el Islam insistía en que sobre los varones pesaba la obligación de mantener a sus mujeres. Precisamente porque se reconocía el derecho de la mujer al trabajo y a la propiedad, el Islam gravó sobre ella el impuesto del Zakat, al igual que pesa sobre cada varón. Y el Zakat no es otra cosa que colaborar en la construcción del Islam, por lo que el esfuerzo de las mujeres es igual de meritorio que el de los hombres. Con su aportación, la mujer se destacaba como participante en todo. Es cierto que las circunstancias del nacimiento de una civilización son propicias para el desarrollo de todas las aptitudes, tanto de las mujeres como de los hombres, pero hay que recordar que el carácter ejemplar de los primeros tiempos del Islam tiene, por un lado, valor de derecho, con lo que las mujeres musulmanas tienen una justificación legal y autorizada en todas sus demandas actuales. Por otro lado, un estudio atento de los primeros tiempos del Islam para su actualización demanda un incremento de los derechos de la mujer en atención de la realidad de estos tiempos, en consonancia con las enseñanzas de los avances que Islam supuso en su tiempo original.
5- Fruto de la participación de la mujer en pie de igualdad con el hombre fue el crecimiento de su conciencia como mujer, alcanzando esta conciencia un elevado grado de madurez, que le permitió grandes realizaciones.

En el campo familiar:
1- La mujer musulmana tiene derecho a elegir a su esposo y a separarse de él cuando deje de amarlo, sin causarle perjuicio (por lo que debe devolverle parte de la dote que él le haya entregado). En Derecho musulmán, se llama Talâq al derecho del hombre a divorciarse de su mujer y Jal' al que tiene la mujer.
2- Distribución de las responsabilidades dentro del seno de la familia, colaborando ambos en el mantenimiento del hogar y en la educación de los hijos.
3- Ambos esposos son iguales en derechos, como sentencia el Corán: "Tienen los mismos derechos y obligaciones, y los hombres tienen un grado sobre ellas". El grado (dáraÿa) que tienen sobre ellas es el derecho que emana de la obligación que pesa sobre los hombres de mantener económicamente a la familia, y ese grado se concreta en el deber de la mujer de esforzarse en amarlo, ser dulce con él, adornarse para él, acompañarlo en sus preocupaciones, etc., siempre y cuando el hombre cumpla con sus deberes respecto a su esposa (no implica sometimiento a arbitrariedades ni tolerar malos tratos).
4- El Islam limitó la poligamia en favor de las mujeres, por lo que nada impide que se tomen medidas para reforzar la dignidad de las mujeres en el matrimonio y controlar las libertades del hombre.
5- La función principal de la mujer está en regir su familia y gobernar su casa, pero ello no le impidió en la época del Profeta tener otros intereses y desarrollarlos activamente. El mismo Profeta realizaba labores domésticas, limpiaba, fregaba, guisaba, se cosía su ropa, se adornaba para sus esposas, etc., y no las criticó jamás si desatendían sus obligaciones, facilitándoles otras actividades. La coordinación en la familia es siempre lo deseable para posibilitar el desarrollo de todos.

En el campo de la sexualidad:
1- El placer sexual es disfrute en esta vida y Allah lo ha prometido como recompensa más allá de la vida, por lo que es un bien y realizarlo es una forma de acercarse a Allah siempre y cuando se haga honestamente y en conformidad a las enseñanzas de la Sharî'a.
2- El Profeta quería que los musulmanes y las musulmanas tuvieran actividad sexual, y de ello él mismo dio ejemplo, para desenturbiar el ánimo y purificar el corazón. El oscurantismo en la sexualidad no ha sido la tónica del Islam.
3- Al estimular que los jóvenes se casaran entre sí en edad temprana reconocía la urgencia del apetito sexual, al que había que dar cauce. Lo que no toleraban los musulmanes eran las traiciones, la clandestinidad y los abusos. Para ello, el Profeta facilitó el matrimonio, el divorcio, aconsejaba la sensualidad, la coquetería, el trato amable entre hombres y mujeres, dentro siempre de un sentido saludable del pudor.

Autor: Abdelhalim Muhammad Ahmad
Fuente: webislam


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