El Asno Roñoso de la Cola Cortada / Mangy Ass with the lopped-off tail

El Haÿÿ (peregrinación a La Meca) de Eva de Vitray-Meyerovitch

Último capítulo del libro “Islam, l’autre visage” (Islam, el otro rostro), escrito por esa gran conocedora y, como ella misma se decía, discípula espiritual de Jalal ud-Din Rumi, Eva de Vitray-Meyerovitch. En estas líneas nos explica de una manera sencilla y bella, su experiencia y sus emociones cuando hizo ella misma su viaje.


Me gustaría que nos hablase de la peregrinación a la Meca.
He ido dos veces, para la gran peregrinación y para aquella a la que se llama una simple visita.

Debe ser bastante raro que una occidental haga la peregrinación.
No es tan excepcional como parecen creer, pero en fin, es cierto que es bastante raro.

¿La norma dice que un musulmán debe hacer la peregrinación al menos una vez en su vida?
Si, pero a condición de que no sea un problema para su familia. No hay que arruinarse para ir a la Meca, no hay que arriesgarse y privar a la mujer y a los hijos de lo necesario.
La fecha de la gran peregrinación varia como la fecha de Pascua varia en los cristianos. Cuando es en verano, evidentemente es muy duro porque hace un calor tórrido. Yo la hice en enero y ya hacía un calor terrible. Y después está la pequeña peregrinación que se la llama “la visita” y que se puede hacer cuando se quiera.

¿Los no musulmanes no tienen realmente el derecho de ir?
Es así desde el Profeta. Sin duda por el miedo a un turismo ciego o al vandalismo

Una vez en la vida, no es mucho. ¿Cómo se decide uno a partir y por qué en tal o cual momento?
Los hindúes dicen: "Cuando el discípulo está listo, el Maestro aparece." Es un poco la misma cosa para la peregrinación. Cuando el momento viene, se sabe. Llegan siempre las cosas que te facilitan partir.
Puedo contarles la historia de uno de mis amigos que es abogado en Fez. Había decidido partir en el 1971 porque su madre, que era mayor, quería a toda costa hacer la peregrinación antes de morir. Desafortunadamente era un año en el que no se podía sacar mucho dinero de Marruecos. Mi amigo consiguió encontrar divisas extranjeras, pero en el último momento, dos días antes de partir, le faltó cierta suma. Furioso, dejando su consulta, subió en su coche y partió sin más. Iba tan lanzado que se metió en un sentido prohibido. Lo paró un agente y sacando sus papeles de la guantera, tiró un sobre. Lo abrió y se dio cuenta, que céntimo más o menos, contenía la suma que le faltaba. Una pequeña nota de su secretaria estaba junto al dinero: "No se como encontrarle y he pensado que Ud. abriría por fuerza, en un momento u otro, la guantera de su coche. Estaba cerrando la consulta cuando un cliente llegó y me dijo que se había acordado que le debía esta suma."
Ya ven, las cosas como ésta llegan siempre cuando hay que partir para la peregrinación.

¿Para Ud. como ocurrió?
Quería hacer la peregrinación desde hacia tiempo, pero una amiga muy querida no cesaba de repetir que no podía partir sola. Ella tenía una prima y un primo que se preparaban para partir pero que no tenían todavía el permiso. Porque en Egipto también había problemas de divisas, aunque hacia falta solicitar la autorización al ayuntamiento. Esta no les era concedida mas que para los que partían por primera vez.
Yo, que no tenía necesidad de autorización, amargaba la existencia de mis amigos telefoneándoles sin cesar y me desolaba ver que las autorizaciones no llegaban nunca. Una noche, me acosté de muy mal humor diciendo a Dios: "Realmente, si tengo que hacer la peregrinación, haz lo que sea necesario". Me dormí y soñé con un hombre que no conocía de nada. Estaba vestido como un egipcio, un traje con rayas negras y blancas. Me hizo una sonrisa gentil y me dijo: "Se bienvenida. Vas a partir para Medina".
Le respondí refunfuñando: "Pero no puedo ir a Medina". El me sonrió nuevamente y me dijo: "Si, ven a Medina". Estaba por preguntarme lo que esto quería decir cuando el teléfono sonó. Era el primo de mi amiga. Me dijo: "Ya está! Tenemos la autorización. Corra rápido a la embajada de Arabia Saudita para obtener su visa."
Salté dentro de un taxi, llegué a la embajada que está en las afueras del Cairo y ví en la puerta un inmenso nubio al que pregunté donde se encontraba la oficina para el Hadj. Me dijo: "Pero tú no puedes hacer el Hadj". Le dije que si y me preguntó si era turca. Le dije que no pero que quería igualmente hacer el Hadj y terminó por indicarme el camino.
Llego y el consejero de la embajada, un hombre muy cortés, coge mis papeles y dice: "Señora, lo siento mucho: tenemos una nueva reglamentación. Hay tantos pobres que vienen a buscar su visa y que, luego, no pueden partir porque no tienen suficiente dinero que ahora, no damos la visa mas que a la vista del billete de avión. Vaya rápido a la United Arab Airline, coja su billete y tendré el placer de darle su visa".
Volví a saltar en mi taxi, corrí a la United Arab Airline donde me dijeron: "Si Ud. no tiene su visa, no podemos darle el billete".
Di vueltas en este círculo vicioso durante tres días al cabo de los cuales, furiosa, volví a la embajada de Arabia Saudita. ¡Cielos! La verja estaba cerrada y había una cola de un kilómetro formada por gente que esperaba que se abriera. Fui directa a la verja y el inmenso nubio, habiéndome reconocido, me la entreabrió. Me deslicé como una serpiente y subí a ver al funcionario que ya me había recibido. Me atendió con una gran sonrisa y me dijo: "Ah señora, aquí tiene su pasaporte con la visa. Felicidades. Rece por mí en el Hadj". ¡Sin duda debía haber olvidado lo me que me había dicho la vez anterior y me cuidé bien de recordárselo! Corrí como una ladrona, recorrí toda la embajada y me dejé caer, temblando, sobre los cojines de mi taxi.
Así partí para la Meca.

¿Era el momento de la gran peregrinación?
Si, en enero de 1971. Confieso que, desde la llegada, quedé estupefacta de ver tal muchedumbre. Creo recordar que aquel año, éramos más de dos millones. Es tanto más impresionante cuanto toda esa gente está vestida de la misma manera. A partir de la llegada, uno se debe sacralizar con las abluciones, luego se pone uno un "hiram", es decir, una vestimenta de sacralización de color blanco. Esta uniformidad impuesta tiene por objetivo borrar las diferencias. En la Meca, oficialmente, no hay ni ricos, ni pobres. Solo hay musulmanes todos iguales ante su Dios.

¿Se tiene realmente la impresión de encontrarse en un lugar sagrado?
Desde luego. No olvide que es la Meca, según la tradición, donde fue erigido por Abraham el templo más antiguo al Dios único. Abraham vino allí con su mujer Hagar y con su hijo Ismael.
Todos los lugares recuerdan una historia. Se ve el lugar donde Hagar, muriendo de sed, encontró finalmente agua. Mas tarde, en tiempo de las tribus pre-islámicas, este lugar se convirtió en un centro de idolatría pagana. El Profeta Muhammad, quien como ya sabe, era originario de la Meca, hizo de ella el centro de la nueva fe purificándola de toda idolatría y entregándola al culto del Dios único.
Si Uds. quieren, la Meca representa para la sensibilidad musulmana un poco lo que era el Omphalos de Delfos para los griegos, el centro de la rueda hacia la cual todo converge. Es como un eje vertical que atrae a los hombres unidos de todos los puntos del mundo.

¿Hizo la vuelta a la Ka'aba?
Naturalmente, siete veces. Es la famosa circunvalación. Les aseguro que es algo digno de ver, esa inmensa muchedumbre girar lentamente en el lugar. Pensé en Rilke: "Todo alrededor de mi Dios, gira a lo largo del tiempo".

¿Cuál fue para Ud. el punto culminante de la peregrinación?
La última gran reunión en Arafat, allí donde se ora desde la salida hasta la puesta de Sol. Es una gran planicie con colinas alrededor. Colinas de color tierra de Siena pero que están tan cubiertas de personajes en blanco que uno cree estar bajo la nieve. Cuando la gente se va, es como si la nieve se fundiese.
Al final de esta última jornada, se compra un cordero que debe ser sacrificado y cuya carne servirá para alimentar a los pobres.
Confieso que no tenía en absoluto ganas de degollar un cordero. Durante la guerra, me quedé medio muerta de hambre ante un pollo que merodeaba en mi casa porque simplemente no podía matarlo. Así es que Uds. pensarán, un cordero...
Cumplí con todos los ritos precedentes al sacrificio, rehice simbólicamente el trayecto que hizo Hagar buscando agua. Esto se hace tres veces. Tenía los pies desnudos, creyendo que era obligatorio y, en la muchedumbre, un inmenso negro me piso el dedo gordo, lo que me hizo un daño terrible. Casi me desmayé. Me quisieron conducir hasta el hospital pero lo rechacé. Me pusieron un gran apósito, me dieron antibióticos y me prohibieron marchar. He aquí por qué no fui a ver degollar mi cordero. Estaba contenta aunque lo único que me desagradó, fue que tuve un gran dolor en el pie durante mucho tiempo. Veinte años después, todavía me duele.

¿Fue a Medina?
Es la segunda parte de la peregrinación. Me gustó mucho Medina, que, como les dije, me recuerda por muchas cosas a Konya y a Asis.
Ahí estaba en la mezquita. Quería acercarme a la tumba del Profeta, no para orarle porque no se le ora sino para verla lo más cerca posible. Había un guardián barbudo quien, con ayuda de un gran bastón, impedía a la gente acercarse demasiado. En el momento en que nos iba a hacer circular, mi amiga, una doctora egipcia le dijo: "¡Déjela pasar, es una francesa!". Vi los rasgos del guarda convulsionarse por el horror "Una francesa en el Hadj!" gritó. Le miré directamente a los ojos y le recité, en árabe, la oración sobre el Profeta:" Oh Dios! Bendice a tu Profeta..."
De golpe, dejó caer su bastón, me tomó por la mano, me pegó contra la tumba y me dejó allí tanto tiempo como quise.

Ya ve, el hombre que Ud. vio en sueños tenía razón al predecirle que iba a ir a Medina.
Ya lo pueden decir pues me pasó a este propósito una historia bastante sorprendente.
Este hombre que vi en sueños era un señor normal, pequeño con una barbita gris. Hice mi peregrinación y lo había olvidado un poco. Algunos años mas tarde, en Egipto, tuve una gran amistad con una anciano Sheij medio ciego. Cuando fue operado de cataratas, hice expresamente el viaje de París para estar cerca de él. Saliendo de la anestesia, me dijo: "En fin, mi pequeña, voy a poder verte".
De vuelta al Cairo, iba a menudo a su zawiya. Un día, vi que había sobre el muro un cuadro tan cubierto de polvo que no lo había notado hasta entonces. Un discípulo que se encontraba allí y que era, como yo, profesor en Al Azhar, preguntó al Sheij que era aquel cuadro. El Sheij lo hizo traer, sopló por encima y durante un instante, mi corazón dejó de latir. Era, rasgo a rasgo, el retrato del hombre que había visto en mi sueño.
El discípulo preguntó al Sheij quién era y éste le respondió: "Un hombre muy amable, el guardián de la mezquita de Medina. Murió hace 10 años."
Acababa de morir cuando se me apareció en sueños.

De aquí la importancia de recordar tus sueños.
Este sí. Saben, hay dos tipos de sueños, los extravagantes y aquellos que vienen de lejos.

Me gustaría que añadiese aún algunas palabras, que nos hable del viaje interior que representa la peregrinación. )Cómo lo vivió y que le aportó?
Tienen que haberse dado cuenta de que no me gusta hablar de mis sentimientos profundos.
Lo que puedo decir, sin embargo, es que tuve la sensación de una comunión extraordinaria. El sentimiento de ser una célula en un cuerpo inmenso, la abeja en la colmena, el glóbulo en el flujo sanguíneo. Es también una toma de consciencia asombrosa. La certeza de una gran fraternidad que une millones de hombres y mujeres orando de la misma forma, dirigidos en la misma dirección. Un poco, aunque más fuerte, lo que se siente cuando se hace el Ramadan.

¿El Islam que Ud. ama?
Si. He intentado hablar con Uds. un poco del Islam tal como lo comprendo, tal como lo viven y comprenden la gente como el Sheij ben Tounès, mis amigos sufíes, todos aquellos que tiene cierta apertura de espíritu y corazón.
Así es también ser en el Islam: tener el sentimiento de pertenecer a una comunidad física y mística.




Autores: Rachel y Jean Pierre Cartier.
Capítulo 11 y último del libro Islam, el otro rostro.
Libro completo on line: http://www.webislam.com/?idl=197
Click Here to Read More..

ISLAM TRADICIONAL FRENTE A ISLAM MODERNO (II):

Una perspectiva sufí sobre la libertad de expresión y el derecho a la diferencia [1]

El Mandato Creador y la postura islámica original

De acuerdo con la teología moral akbarí, hay dos clases de mandatos divinos, los cuales implican diferentes tipos de obligaciones humanas. Cada mandato supone un modo distinto de acercarse a los creyentes de otras religiones. El primer tipo de mandato divino concibe a éstos en un sentido universal, como compañeros descendientes de Adán, el primer ser humano. Según esta perspectiva, todos los seres humanos comparten los mismos derechos y obligaciones naturales, los cuales se derivan del pacto contraído entre Dios y la humanidad, antes de la creación de Adán. El segundo tipo de mandato divino está dirigido más expresamente al creyente musulmán en concreto. Regula las obligaciones que están detalladas en la shari‘a, e incluye los versículos coránicos acerca de la diferencia y la diversidad, los cuales separan a los musulmanes de los creyentes en otras tradiciones religiosas. Estos versículos hablan de las relaciones entre la comunidad musulmana y otras comunidades religiosas, la relación teológica entre el Islam y otras religiones, y las normas de interacción social, incluyendo las de la guerra.

Ibn ‘Arabi llama al primer tipo de mandato divino, el más universal, Mandato Creador (al-amr al-takwini ) [3] . Este mandato es “creador” porque toda la creación, humanidad incluida, es producto de la bondad de Dios y de Su capacidad creadora. Los versículos coránicos que mejor definen este mandato son: “Mi misericordia abarca todas las cosas” (7:156); y “Su única orden, cuando decreta la existencia de algo, es decirle: ‘Sé’, y es” (36:82). Los nombres divinos de la misericordia, al-Rahman y al-Rahim, gobiernan el Mandato Creador, porque la acción divina de crear –la concesión de la existencia a partir de la no-existencia– es el acto más misericordioso que Dios realiza. Lógicamente, el Mandato Creador es anterior al resto de los mandatos divinos, porque es el que expresa de un modo más completo la idea coránica de Unidad (Tawhîd). Según las condiciones de este Mandato, el deber más importante del hombre es reconocer que, en la medida en que es un ser humano y ha sido creado, tiene un Dios, un origen, un antepasado (Adán) y una raza comunes, además de compartir con el resto de seres humanos una misma naturaleza, dignidad y religión. Esta religión es el Islam, en su sentido universal de reconocer y someterse a las consecuencias de la dependencia ontológica del ser humano respecto a Dios.

La relación entre Dios y el ser humano que se deduce a partir del Mandato Creador está expresada formalmente en la primera parte de la shahada, el “testimonio” islámico de la verdad definitiva: “No hay más dios que Allah”. Esta relación también expresa lo que el filósofo moral liberal John Rawls (m. 2002) ha dado en llamar la “postura original” del Islam. La razón es que el Mandato Creador establece las condiciones más básicas y fundamentales sobre las que debe afirmarse la relación entre uno mismo y los demás. Tanto para Rawls como para Ibn ‘Arabi, la relación entre uno mismo y los demás es el fundamento de todos los deberes naturales, ya se trate de la relación entre el ser humano y Dios, o entre los propios seres humanos [4] . Esta relación está expresada en el Corán con el versículo que describe el pacto de la humanidad con su Señor y Creador: “Y siempre que tu Sustentador saca de las entrañas de los hijos de Adán a su descendencia, les hace dar testimonio de sí mismos: ‘¿No soy Yo vuestro señor?’, a lo cual responden: ‘Sí, damos testimonio’” (7:172). La aceptación por parte humana de las responsabilidades implícitas en este pacto constituye el “contrato social” que es la base de la postura islámica original. Aunque el “contrato social” coránico sea jerárquico y, por tanto, no equivalga exactamente al contrato secular de Rawls entre individuos ontológicamente iguales, todavía cumple el criterio de igualdad necesario para una teoría liberal de la justicia. Y esto es así porque la postura islámica original concibe a todos los seres humanos iguales desde un punto de vista ontológico y moral, compartiendo los mismos derechos y obligaciones naturales.

La condición normal del ser humano es ver a Dios como el origen del mundo. Ver a Dios desde esta perspectiva es verlo como Señor y Creador de todo. Esta es la actitud expresada en la postura islámica original, cuando, a la pregunta de Dios: “¿no soy Yo vuestro Señor?”, el ser humano responde: “Sí, doy testimonio”. Los exegetas musulmanes interpretan que esta afirmación se dio antes de la creación terrenal del ser humano, cuando todos los futuros descendiente de Adán fueron convocados para reconocer la Soberanía de Dios y Su papel en la creación del ser humano. El hecho de que este pacto fuera estipulado antes de que el hombre habitara la tierra, implica que los seres humanos poseen un aspecto que trasciende su propia naturaleza, por lo cual tienen la capacidad de superar su condición terrenal y de situarse por encima y más allá de este mundo [5] . Contra más alto se asciende, más se ve el mundo en su conjunto, y las diferencias que sobre el terreno parecen significativas se vuelven insignificantes cuando son vistas desde arriba. Desde esta posición privilegiada, todo el mundo, incluidas todas sus gentes y sus diversas creencias, forman parte del mismo reflejo de Dios, cuyo “rostro” perdurará por siempre (Corán, 55:27), pues “Él es el Primero y el Último, el Interior y el Exterior” (57:3). Esta universalista visión del mundo, en la cual uno mismo y los demás forman parte de la misma unidad, es una importante consecuencia del Mandato Creador y da lugar a unos deberes naturales que son el resultado de la postura islámica original: “¡Oh, gentes! Sed conscientes de vuestro Señor, que os ha creado de una sola persona, de la cual ha creado a su pareja, y de ellos dos hizo surgir a una multitud de hombres y mujeres. Y manteneos conscientes de Dios, en cuyo nombre os reclamáis mutuamente vuestros derechos, y respetad los lazos de parentesco.” (4:1). Tal y como indica este versículo, la obligación de cumplir con el Mandato Creador incluye el respeto a los lazos de parentesco (al-arham, literalmente, “útero”). Esta obligación se aplica de forma clara al parentesco genealógico, pero también al más amplio parentesco de la especie humana, pues toda la humanidad, como descendiente de Eva, ha nacido de un mismo útero.

Volviendo a la terminología empleada por Rawls, la “situación contractual inicial” del pacto entre la humanidad y Dios es el punto de partida del cual procede cualquier tipo de derecho, incluyendo los derechos que las personas se exigen mutuamente. El hecho de que los derechos deban ser recíprocos es también parte de la postura islámica original y es consecuencia de que la humanidad comparta un mismo origen ontológico. Esta ontología incluye un aspecto transcendente, que es el potencial espiritual de cada ser humano. El Corán dice que Dios insufló Su espíritu en Adán (38:72) y que “Ha creado los cielos y la tierra conforme a una verdad ( bi-l-haqq) y os ha formado armoniosamente” (64:3). Así, los seres humanos, que están compuestos tanto de espíritu como de materia, tienen el deber natural de respetar los derechos de los demás, pues todos ellos comparten la misma combinación de existencia material y espiritual. Este deber tiene validez tanto si la otra persona es un familiar como si pertenece a otra raza o religión. Deshumanizar y tratar como un objeto a otro ser humano debido a diferencias ideológicas o religiosas supone olvidar que todos los seres humanos están compuestos de la misma combinación de espíritu y barro. Este es el error que condujo a Satán (Iblis) a faltar al respeto a Adán, diciendo: “Yo soy mejor que él. A mí me creaste del fuego, mientras que a él lo creaste del barro.” (7:12)

Tal y como nos recuerda el Corán, no sólo Adán fue creado con derechos, sino que todo el universo (“los cielos y la tierra”) fue creado igualmente con haqq, un término árabe que puede significar “derecho”, “verdad” o “justicia”. La idea según la cual todas las cosas creadas poseen derechos que son parte de su naturaleza ontológica es fundamental para la idea islámica de justicia. La obligación de respetar los derechos esenciales de los demás es la consecuencia de esta premisa; la dignidad humana es un derecho que no es exclusivo de los musulmanes. Así, la tendencia de algunos ideólogos musulmanes a negar las personalidad moral de los no musulmanes o de los musulmanes disidentes es tanto una falta de comprensión como un incumplimiento del Mandato Creador.

Otro derecho básico que proviene de la postura islámica original es el derecho a la vida: “No quitéis la vida –que Dios ha declarado sagrada– a ningún ser humano, excepto en [cumplimiento de la] justicia (bi-l-haqq). Esto es lo que Él os ha ordenado para que uséis vuestra razón” (6:151). Otro es el derecho a la libre elección, sin el cual la justicia divina no tendría sentido: “La verdad procede de vuestro Señor. Así pues, quien quiera, que crea, y quien no quiera, que no crea” (18:29). Sería una burla a los derechos, concedidos por Dios, a la dignidad, la vida, y la libre elección, que los musulmanes restringieran los derechos sociales y políticos de las minorías religiosas o culpabilizaran colectivamente a toda una nación por su religión o su sistema de gobierno.

Los derechos básicos en el Islam –el derecho a la vida, a la libertad y a la dignidad– dependen de un segundo deber que proviene de la postura islámica original. Este es el de tener misericordia (rahma), el cual es anterior a cualquier otro deber en el Islam, excepto el de reconocer la dependencia de toda la humanidad respecto a Dios. Allah dice en el Corán: “Mi misericordia abarca todas las cosas” (7:156), y todas las suras (capítulos) del Corán, excepto una, comienzan con la fórmula: “Con el nombre de Dios, el Clemente (al-Rahman), el Misericordioso (al-Rahim) [6] ”. Los reformistas musulmanes que desean cambiar sus sociedades haciendo de la Shari‘a la base de sus sistemas legales a menudo olvidan que la obligación de ser misericordioso se aplica a todos y cada uno de los deberes que el Corán impone a los seres humanos. Esto significa que, en la práctica, cuando el cumplimiento de un deber invita a la severidad, la obligación de los musulmanes es atenuar esta severidad con misericordia [7] .

El Mandato de la Obligación y la justicia islámica

En términos de práctica religiosa, el concepto de obligación tiene un mayor impacto cotidiano sobre las vidas de los individuos musulmanes que el concepto de derecho. Por eso, no es sorprendente que el tipo de orden divina sobre el que ha tratado más a menudo la literatura islámica sea el Mandato de la Obligación (al-amr al-taklifi) [8] . Este mandato constituye la base del sistema legal islámico y los juristas lo dividen entre las prescripciones que abarcan los actos de adoración (‘ibadat) y las que abarcan el comportamiento interpersonal (mu‘amalat). La última categoría incluye las transacciones de negocios, la justicia criminal y las legislaciones nacionales. El término árabe taklif, empleado en la frase al-amr al-taklifi, es un concepto legal y moral que hace referencia a la responsabilidad de los individuos de cumplir con sus obligaciones. El Mandato de la Obligación impone deberes específicos a los musulmanes, tanto individual como colectivamente. Es un asunto de debate si tales deberes deben ser cumplidos simplemente porque proceden de Dios, o bien porque son buenos en sí mismos. Los modernistas musulmanes, siguiendo las enseñanzas de Muhammad ‘Abdu (m. 1905), afirman que todos los mandatos divinos son susceptibles de ser verificados empíricamente y cumplen una función necesaria, que puede ser probada racionalmente. Literalistas como los wahabíes de Arabia Saudita consideran un sacrilegio someter los mandatos de Dios a tal prueba y afirman que los musulmanes deberían obedecerlos incondicionalmente, simplemente porque proceden de Dios. Lo que quizá resulta más significativo es que nadie parece haber discutido esta cuestión desde el punto de vista de una filosofía moral sistemática. Mientras que la tradición jurídica del Islam trató pragmáticamente las cuestiones de tipo moral, estudiando caso por caso, fueron sobre todo los filósofos y los sufíes quienes trataron de evaluar el concepto islámico del deber, en el contexto de una idea más universal del derecho y de la justicia [9] . La marginación de la filosofía y del sufismo en el Islam contemporáneo, y la incapacidad para debatir sobre las más amplias cuestiones filosóficas que rodean al concepto del deber, se han convertido en los principales factores que han contribuido al aumento del extremismo en el mundo musulmán.

El deber que rige las obligaciones morales de los musulmanes bajo el Mandato de la Obligación es la justicia. Una interpretación alternativa del versículo, “[Dios] ha creado los cielos y la tierra conforme a una verdad (bi-l-haqq)”, es “Dios ha creado los cielos y la tierra con justicia”. La justicia, en el sentido de aquello que es razonable y apropiado, es una segunda acepción del término árabe, haqq. La justicia es impuesta como un deber a los seres humanos en varios versículos coránicos: “Ciertamente, Dios ordena la justicia, hacer el bien y la generosidad para con el prójimo” (16:90); “Reconciliadlos con justicia, y sed equitativos” (49:9). ‘Adl , el término árabe empleado para justicia en estos versículos, se acerca mucho a la noción aristotélica de justicia, que tiene la connotación de “imparcialidad” o “equidad” [10] . Para Rawls, todas las obligaciones proceden del principio de imparcialidad, porque la imparcialidad “mantiene que una persona está obligada a cumplir con su parte, tal y como especifican las normas, siempre que haya aceptado voluntariamente los beneficios del sistema. [11] ” En el Islam, la “aceptación voluntaria del sistema” está implícita en la postura islámica original, como consecuencia del pacto sellado entre Dios y la humanidad. Así, la justicia es un deber natural en el Islam, pues los seres humanos han “nacido en” la justicia desde antes de su creación; el concepto está, en efecto, “integrado” en los mundos psíquico y social habitados por los seres humanos [12] . Los principales conceptos incluidos en la noción de justicia en el Islam también aparecen como Nombres Divinos. De este modo, Dios es definido como la Verdad (al-Haqq), la Justicia (al-‘Adl) y la Imparcialidad o Equidad (al-Muqsit). Esto es particularmente significativo porque, para Ibn ‘Arabi y su escuela, la características de la existencia son transmitidas en forma de manifestaciones de los Nombres Divinos.

El problema de aplicar la idea de justicia a las obligaciones específicas en el Islam es que la justicia es normalmente entendida como un deber moral, mientras que el Mandato de la Obligación es entendido como un requerimiento legal. Como la relación exacta entre deberes morales y obligaciones legales no ha sido determinada filosóficamente en el Islam contemporáneo, se tiende a confundir las prioridades cuando se intenta aplicar unos u otras. Ibn ‘Arabi, uno de los pocos pensadores musulmanes que trató sistemáticamente el problema de los deberes morales frente a las obligaciones legales, estableció cuál de los dos conceptos tenía prioridad a la luz de las dos clases de mandatos divinos. El deber natural de ser misericordioso le viene impuesto a los seres humanos a través de lo que Ibn ‘Arabi denominó la “Misericordia de la Obligación” (rahmat al-wuyub), la cual es un aspecto del Mandato de la Obligación [13] . Al contrario que la “Misericordia del Don Gratuito” (rahmat al-imtinan) [14] –la cual es altruista, forma parte del Mandato Creador y es una expresión del amor de Dios y de Su capacidad creadora–, la Misericordia de la Obligación hace referencia a la misericordia que se requiere en cualquier acción moral, de acuerdo con el versículo coránico: “Dios se ha prescrito a Sí Mismo la misericordia” (6:12) [15] . Además, Ibn ‘Arabi asocia la idea de misericordia a los nombres divinos al-Rahman y al-Rahim, correspondiendo la Misericordia del Don Gratuito a al-Rahman, y la Misericordia de la Obligación a al-Rahim. A causa de la naturaleza recíproca de la justicia, cualquier acto de misericordia realizado por un ser humano en favor de otro constituye un don, tanto para el que otorga como para el que recibe. Para el que recibe, el don de la misericordia compensa la severidad de la justicia. Para el que otorga, la obligación de actuar con compasión es también un don divino porque contrarresta la tendencia del ego a una autocomplacencia hipócrita:

“Dios ejerce la misericordia como acto gratuito bajo el nombre de al-Rahman (el Clemente), mientras que se obliga a Sí Mismo (a recompensar con misericordia) bajo el nombre de al-Rahim (el Misericordioso). Este tipo de obligación forma parte del Don Gratuito, de modo que al-Rahim está incluido en al-Rahman. ‘Dios se ha prescrito a Sí Mismo la misericordia’ de tal manera que la misericordia de este tipo puede alcanzar a Sus siervos en recompensa por las buenas acciones que hayan hecho individualmente, las buenas obras que menciona el Corán. Este tipo de misericordia es una obligación de Dios contraída con esos siervos, y éstos son merecedores de este tipo de misericordia por sus buenas obras.” [16]

En resumen, el deber natural de ser misericordioso forma parte de la postura islámica original en virtud del Mandato Creador, que corresponde al nombre divino al-Rahman. De igual modo, el Mandato de la Obligación exige a los seres humanos actuar con misericordia, en virtud del nombre divino al-Rahim. Así como la compasión humana (rahma) está implícita en la idea de misericordia como principio universal (al-Rahim), la obligación de actuar con compasión en cualquier situación es la consecuencia lógica de la noción de misericordia como deber natural. Sin embargo, la mayoría de la gente no es consciente de la lógica prioridad que poseen la misericordia y otros deberes naturales procedentes del Mandato Creador. Enredados como están en el mundo de la multiplicidad y la subjetividad, interpretan el Mandato de la Obligación de un modo excluyente y pasan por alto la lógica prioridad del Mandato Creador y de los deberes naturales que de él se derivan:

“La efusión divina es inmensa, puesto que [Dios] otorga generosamente. No existe ninguna deficiencia por Su parte. Pero tú no tienes nada de Él excepto aquello que tu esencia acepta. Por lo tanto, tu propia esencia mantiene alejado al Inmenso, y te sitúa en medio de la limitación. La medida en la que Su gobierno ocurre dentro de ti es tu “Señor”. Es a Él a quien sirves y sólo a Él a quien reconoces. Ésta es la marca dentro de la cual se transmutará en ti el día de la resurrección, al develarse. En este mundo, esta marca es invisible para la mayoría. Todo ser humano la conoce a través de sí mismo, pero no sabe que [la marca] es lo que él sabe.” [17]

El musulmán que ve el mundo desde una perspectiva estrecha y fideísta [18] , sólo puede percibir a Dios a través de sus experiencias personales. Cómo debe concebirse a Dios y cuál es el sentido de Sus mandatos son preguntas cuyas respuestas están limitadas por la capacidad de comprensión que tenemos de nosotros mismos y de los demás. Las interpretaciones sectarias que el creyente da a los mandatos divinos pueden ser justificadas hasta cierto punto, pero probablemente conducirán a la injusticia si son aplicadas de manera universal y sin sentido crítico. Esto se debe a que la comprensión humana de los mandatos divinos refleja una opinión personal y limitada, y no una comprensión teológica o filosófica de cómo es Dios realmente. En un comentario de la famosa tradición que dice “quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”, Ibn ‘Arabi afirma: “Tú eres quien se manifiesta ante ti, y esto no te da nada de Él...no conoces a otro que no sea tú mismo.” [19]

Incluso el jurista musulmán, que está acostumbrado a dar prioridad a las obligaciones derivadas de las Escrituras frente a los deberes morales, debe evaluar cada obligación en función de si el mandato divino que la gobierna es de aplicación general o de aplicación específica. Si es específica, debe investigar cualquier limitación en su aplicación que pudiera surgir del contexto histórico de su revelación [20] . Un mandato divino no debe aplicarse de manera universal si el contexto de su revelación demuestra de un modo concluyente que su aplicación está restringida a un tiempo, un lugar o una situación social particulares. En la surat al-Tawba (el “Arrepentimiento”), donde aparecen algunos de los versículos más hostiles referentes a la relación entre musulmanes y no musulmanes, puede encontrarse un ejemplo del doble problema de la prioridad y de la contextualización. ¿Cómo debe responder un musulmán cuando el Corán ordena: “Luchad contra aquellos que, habiendo recibido la Escritura, no creen en Allah ni en el Último Día ni prohíben lo que Allah y Su mensajero han prohibido y no siguen la religión de la verdad, hasta que, humildes, paguen el tributo (yizia) de buen grado.” (9:29)? En verdad, supone una ayuda saber que existe un contexto muy concreto: este versículo fue revelado en un periodo en el cual los politeístas y los judíos de Arabia habían roto sus acuerdos con los musulmanes y se habían unido contra el Profeta en lo que resultó ser el asalto final sobre Medina. Sin embargo, todavía a mediados del siglo XX, Sayyid Qutb [21] , que era totalmente consciente del trasfondo histórico de este versículo, lo interpretó como una obligación general de imponer a las minorías no musulmanas el pago del impuesto de la yizia. Es más, definió la yizia, no como una exención del servicio militar, como algunos apologistas musulmanes han hecho a menudo, sino como un impuesto para la protección y como un signo de humillación que libró temporalmente a judíos y cristianos de ser perseguidos por el Estado islámico [22] . La idea de dar prioridad a los derechos sobre los deberes, expresada en la noción akbarí sobre la doble naturaleza del mandato divino, no sólo refuerza la respuesta liberal a tales interpretaciones discriminatorias sino que también apoya la tendencia jurídica que promueve la misericordia y busca excepciones que restrinjan el Mandato de la Obligación siempre que sea posible.

Un puente hacia la hospitalidad y la tolerancia

El primer paso de los musulmanes hacia una nueva teología islámica de la diversidad es reconocer que, en última instancia, todo lo que ocurre es por voluntad divina. Esto incluye el hecho de la diversidad humana, que el Corán menciona como algo creado con la intención de que reflexionemos y aprendamos:

“Y entre Sus signos está la creación de los cielos y la tierra, y la diversidad de vuestras lenguas y colores. Ciertamente, hay en ello signos para los que saben.” (30:22)

“¡Oh, gentes! Ciertamente os hemos creado de un varón y de una hembra y os hemos hecho naciones y tribus para que os reconozcáis unos a otros. Realmente, el más noble de vosotros ante Dios es el más consciente de Él. Ciertamente, Dios es Omnisciente.” (49:13)

Dentro de la diversidad de la cual habla el Corán se incluyen las diferentes ideas, visiones del mundo y religiones de los seres humanos, todas las cuales existen en virtud del Mandato Creador de Dios. Sin embargo, aceptar los diversos modos de ver al Absoluto no significa que, en última instancia, todas las religiones sean iguales, o incluso que algunas religiones no puedan ser medios más efectivos para el conocimiento de Dios que otras. Del mismo modo, dar prioridad al deber natural de ser misericordiosos reconociendo la dignidad de budistas y cristianos o aceptando el origen divino del Judaísmo y el Hinduismo no significa que los musulmanes no puedan oponerse a los actos injustos cometidos por los creyentes de otras religiones. Los actos deben ser vistos como algo malo siempre que minen los principios universales del derecho a la vida, a la dignidad, a la libertad de elección y a la justicia expresados en el Corán y en otros textos sagrados. Los malos actos deben ser combatidos en sí mismos, y no deben ser vistos como una consecuencia inevitable de la diversidad de creencias religiosas. Según la perspectiva akbarí, ninguna religión a la cual Dios ha permitido existir es mala en sí misma, y nadie tiene derecho a excluir a un creyente de otra religión de la hermandad propuesta por la postura islámica original. Los cristianos y los hindúes pueden actuar mal, pero los musulmanes también. Decir que los judíos son los enemigos eternos del Islam [23] o que las “ideas de cruzado” dirigen necesariamente la política exterior americana es un error moral y teológico de inmensas proporciones. A nivel moral, este error está provocado por ignorar la prioridad que tiene el Mandato Creador sobre el Mandato de la Obligación; a nivel teológico, es debido a que se desconoce qué significa plenamente para el hombre ser el representante (jalifa ) de Dios en la tierra (2:30-33).

La aceptación por parte de los musulmanes de las diferencias religiosas no tiene porqué significar que deban abandonar su propia creencia en la superioridad teológica del Islam o que deban tener miedo de estar actuando en contra de la voluntad de Dios. De hecho, se trata de todo lo contrario. El respeto de la pluralidad religiosa está indicado claramente en el siguiente pasaje coránico: “A cada uno de vosotros le hemos dado una Ley y un modo de vida. Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad” (5:48). En este versículo, “ley” (shari‘a) es sinónimo de religión, porque se refiere a los deberes y las obligaciones que proporcionan un marco para la vida moral. En el Islam premoderno, el tema de “la Ley antes del Islam” constituía lo que hoy llamaríamos “historia de las religiones” [24] . Además, el versículo continúa diciendo: “Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras. Habréis de volver todos a Dios y, entonces, Él os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.” Incluso una interpretación literal de esta declaración sugeriría que la única rivalidad interreligiosa que tiene importancia a los ojos de Dios es competir para hacer buenas obras, de tal modo que los musulmanes competirían con judíos, cristianos y otros para aliviar el sufrimiento humano. Esta creencia es muy diferente a la expresada por el actual Hamas y otros yihadistas extremistas, quienes, atándose un cinturón-bomba y volando por los aires un autobús de escolares israelíes, creen que ganarán una recompensa en el cielo como mártires, porque los niños son soldados israelíes en potencia.

Todos los actos importantes desde un punto de vista moral, ya sean realizados por musulmanes o por no musulmanes, deben juzgarse dando prioridad a los derechos y deberes del Mandato Creador sobre las exigencias del Mandato de la Obligación. Cada individuo es moralmente responsable (mukallaf) de cumplir con sus obligaciones en el contexto de su modelo religioso o moral, que uno acepta en virtud de su elección personal o de su nacimiento. El versículo coránico, “Él es quien ha enviado a Su Mensajero con la guía y la religión de la verdad para que llegue a prevalecer sobre cualquier otra religión, aún a despecho de aquellos que atribuyen divinidad a otros junto a Dios” (9:33), es interpretado por la mayoría de los musulmanes como una garantía de la victoria definitiva del Islam sobre las otras religiones. Sin embargo, las enseñanzas de Ibn ‘Arabi nos recuerdan que todos los seres humanos, incluso los musulmanes, “atribuyen divinidad a otros junto a Dios” de distintas maneras. En su opinión, los creyentes de todas las religiones están igualmente lejos de la “religión de la verdad” que Dios hará prevalecer al final de los tiempos. La voluntad de Dios no es unidimensional. Desde un punto de vista teológico, limitar la interpretación de las palabras de Dios a un único nivel de comprensión era insostenible en el pasado y lo es aún más en el presente, cuando el conocimiento humano tiene nuevos instrumentos para analizar y reflexionar sobre el significado de la revelación. Hace cinco siglos, el sufí y jurista Ahmad Zarruq de Fez (m. 1493) escribió: “Quien practica el sufismo sin la Ley es un hereje, quien practica la Ley sin el sufismo es un desviado, pero quien combina ambos ha alcanzado la verdad.” [25] Lo que Zarruq quiso decir con esto es que la interpretación de las Escrituras requiere de una perspectiva multidimensional, en la cual las obligaciones individuales sean vistas en el contexto del poder creador de la voluntad divina, y en la cual la letra de la Ley sea interpretada a la luz de su dimensión interior.

Como una combinación única de espíritu y materia, el ser humano tiende por naturaleza a construir puentes entre distintos mundos de ideas. Más allá de las diferencias que se producen entre doctrinas religiosas, leyes sagradas y visiones del mundo, todos los seres humanos normales comparten la habilidad de superar sus limitaciones; todos poseen la capacidad intelectual para comunicarse con los demás, mas allá de las divisiones religiosas. Basándose en las enseñanzas coránicas, es ilógico suponer que los malentendidos religiosos deban ser lo habitual, o que los desacuerdos religiosos no puedan ser superados. Si los creyentes de diferentes religiones son incapaces de entenderse entre ellos, quiere decir que carecen de comprensión espiritual o que comenten un error fundamental respecto a la naturaleza de Dios. Entre los derechos que Dios nos ha concedido, no está el de carecer de comprensión. El Corán advierte a los musulmanes: “No seáis de los que atribuyen divinidad a algo junto a Dios (mushrikun), ni de los que han roto la unidad de su religión y se han escindido en sectas, deleitándose cada grupo en sus propios dogmas” (33:31-32). Este error forma parte del pecado conocido como shirk, un término que normalmente se define como “atribuir divinidad a otros junto a Dios”, pero que literalmente significa “compartir”. En otras palabras, consiste en permitir que ideas, conceptos y prejuicios circunstanciales participen de la voluntad y la soberanía divinas, y como tal, es el mayor impedimento a la hospitalidad teológica y a la aceptación de la diferencia. Junto con Ibn ‘Arabi, todos los musulmanes deberían estar informados de las más amplias implicaciones de la advertencia coránica: “Dios no perdona que se le atribuya divinidad a nada excepto a Él, pero perdona todo lo que es más leve a quien Él quiere” (4:48).


NOTAS.-

[1] Segunda parte del artículo publicado en la revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007. Traducción y adaptación del texto original en inglés aparecido en la página web: http://www.secondspring.co.uk/articles/cornell.htm La traducción al castellano de las citas coránicas está basada en El Mensaje del Qur’an , The Book Foundation, USA, 2006. (Nota de la Redacción).

[3] William C. Chittick lo llama “orden generadora” porque proviene de la manifestación del nombre divino al-Rahman (El Engendrador). El origen de este concepto está en la obra al-Futuhat al-Makkiyyah (“Las revelaciones de La Meca”) de Ibn ‘Arabi. Véase William C. Chittick, Imaginal Worlds: Ibn ‘Arabi and the Problem of Religious Diversity , Albany (New York), 1994, p. 142. También puede traducirse como “orden formadora”, porque el término árabe takwin tiene el sentido de “formar” o “desarrollar”.
Existe una traducción al castellano de esta obra de Chittick, titulada Mundos imaginales: Ibn al-Arabi y la diversidad de las creencias , Mandala Ediciones, Sevilla, 2003. (Nota de la Redacción).

[4] John Rawls, A Theory of Justice , Cambridge (Massachusetts), Edición revisada de 1999, pp. 10-19.

[5] Esta podría ser una interpretación metafórica del pasaje del Corán: “En los lugares elevados hay hombres que reconocen a todos por sus rasgos distintivos” (7:46)

[6] En su Fusus al-hikam (“Los engarces de la Sabiduría”), Ibn ‘Arabi llama a este tipo de misericordia, “Misericordia del Don Gratuito” (rahmat al-imtinan). Se trata de una misericordia que Dios otorga a las cosas por el simple hecho de existir. En última instancia, para Ibn ‘Arabi todas las criaturas son buenas, ya que provienen de Dios. El mal es la no-existencia (‘adam). Véase Toshihiko Izutsu, Sufism and Taoism: A Comparative Study of Key Philosophical Concepts , Berkeley and London, 1983, p. 121.
En castellano, existe una edición de esta obra en dos volúmenes, con los títulos de Sufismo y Taoísmo. Ibn ‘Arabi (Vol. I) y Sufismo y Taoísmo. Laozi y Zhuangzi (Vol. II) , Ediciones Siruela, Madrid, 1997. (Nota de la Redacción).

[7] En un asunto tan severo como la ley del Talión, el Corán dice: “Vida por vida, ojo por ojo, nariz por nariz, oreja por oreja, diente por diente [...], pero quien por misericordia renuncie a ello, le servirá como expiación de parte de sus ofensas pasadas.” (5:45) (Nota de la Redacción).

[8] Chittick lo llama “orden prescriptiva”. Véase William C. Chittick, ob. cit., p. 142.

[9] Esto no significa que los juristas musulmanes no trataran sobre estas cuestiones. Sin embargo, aquellos como Ghazali o Ibn Rushd (m. 1198), que lo hicieron más satisfactoriamente, combinaron su formación jurídica con los estudios de sufismo o filosofía.

[10] Alasdair MacIntyre, Whose Justice, Which Rationality? Notre Dame, Indiana, 1988. Véase en especial el capítulo titulado “Aristotle on Justice”, pp. 103-123.

[11] Rawls, Theory of Justice , p. 301

[12] Ibidem. p. 302. El hecho de que el término árabe ‘adl implique justicia, imparcialidad y equidad, elimina el problema de Rawls para marcar una distinción léxica entre justicia e imparcialidad. En el Islam, como en Aristóteles, no puede afirmarse que la justicia sea cualitativamente diferente de la imparcialidad, pues ambas son esencialmente la misma cosa.

[13] Izutsu, Sufism and Taoism , ob. cit, pp. 121-122.

[14] Véase nota número 6.

[15] Este pasaje también podría traducirse como: “Tu Señor ha escrito la misericordia sobre Su propio Espíritu.”

[16] Izutsu, Sufism and Taoism, ob. cit. , pp. 122. Esta explicación aparece en los Fusus al-Hikam.

[17] Chittick, Imaginal Worlds, ob. cit. p. 152. Este pasaje aparece en Futuhat (IV 62.23).
Chittick realiza la siguiente aclaración al respecto de este pasaje de las Futuhat de Ibn ‘Arabi: “[Los seres humanos] estarán negando a Dios hasta que les muestre una marca que reconozcan. Esta marca es su creencia respecto a su Señor. [...] Lo que distingue a los seres humanos perfectos de los demás es que [...] no han impuesto ningún límite a Dios que pueda conducirles a negar algunas auto-revelaciones y reconocer otras.” Chittick, Mundos imaginales , ob. cit., pp. 279-280. (Nota de la Redacción).

[18] El fideísmo enseña que el razonamiento es más o menos irrelevante en relación a la creencia religiosa y que los argumentos sobre la existencia de Dios son falaces y carecen de importancia. (Nota de la Redacción).

[19] Chittick, Imaginal Worlds, ob. cit . p. 163. Este pasaje aparece en Futuhat (IV 421.34).

[20] Mohammad Hashim Kamali, Principles of Islamic Jurisprudence, Cambridge, 1991, pp. 139-148.

[21] Para saber más sobre la fugura de Sayyid Qutb, consúltese la primera parte de este artículo, aparecido en la revista Alif Nûn nº 50, junio de 2007. (Nota de la Redacción).

[22] Sayyid Qutb, Fi zilal al-Qur’an (“A la sombra del Corán”), Beirut y El Cairo, 1980, pp. 1220-1250. Una visión menos estricta puede encontrarse en Abdur Rahman I. Doi, Non-Muslims under Shari‘ah, Lahore, 1981.

[23] Para conocer en profundidad los largos periodos de fecunda convivencia entre judíos y musulmanes, véase Haim Zafrani, “ Los judíos del occidente musulmán ”, en revista Alif Nûn nº 44, diciembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[24] Este asunto es analizado en detalle en A. Kevin Reinhardt, Before Revelation: the Boundaries of Muslim Moral Thought, Albany (New York), 1995.
Diversos eruditos musulmanes, como al-Biruni, se dedicaron al estudio comparado de las religiones. Véase “ Al-Biruni, un precursor de la ciencia moderna ”, en revista Alif Nûn nº 49, mayo de 2007. (Nota de la Redacción).

[25] Abu al-'Abbas Ahmad Zarruq, Qawa’id al-Tasawwuf (“Los principios del sufismo”), editado por Muhammad Zuhri al-Najjar y ‘Ali Ma‘bid Farghali, Beirut, 1992, p. 8.

Autor: Dr. Vincent J. Cornell, profesor de historia y Director del King Fahd Center for Middle East and Islamic Studies, en la Universidad de Arkansas (Estados Unidos).
Publicado en la Revista digital Alif Nûn, nº 51, Julio-Agosto 2007 (Rajab 1428).
Fuente: http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA51%20Jul.07/SufismoPractico2.html
Traducción y adaptación del original en inglés aparecido en la página web: http://www.secondspring.co.uk/articles/cornell.htm
Click Here to Read More..

ISLAM TRADICIONAL FRENTE A ISLAM MODERNO (I):

Una perspectiva sufí sobre la libertad de expresión y el derecho a la diferencia [1]

Dos son las más destacadas criticas vertidas contra la tradición sufí por parte de sus modernos opositores musulmanes. La primera es que el sufismo no representa el auténtico Islam. Supuestamente, esto se debe a que sus enseñanzas no proceden directamente del Corán, ni del Profeta Muhammad o de las primeras generaciones de musulmanes (al-salaf al-salih). Según este argumento salafí [3] , el sufismo seria un “caballo de Troya” para justificar las innovaciones procedentes de civilizaciones no islámicas como Grecia, Persia y la India. La polémica salafí comenzó pronto en la historia del Islam, y a menudo se asocia con los argumentos antisufíes de algunos eruditos de la escuela hanbali [4] como Ibn al-Yawzi (m. 1201), en su obra Talbis Iblis , o Ibn Taymiyya (m. 1328), en sus críticas contra Ibn ‘Arabi [5] . Estos argumentos recibieron un nuevo impulso durante el siglo XX por parte del reformador modernista Muhammad Rashid Rida (m. 1935), quien editó los trabajos de Ibn Taymiyya e influyó más tarde en ideólogos salafíes como Hasan al-Banna (m. 1949), fundador de los Hermanos Musulmanes [6] . Aunque descubrió ciertos valores en lo que él llamó sufismo “puro”, Banna condenó la tradición sufí en su conjunto por introducir ideas extranjeras, tales como “las ciencias de la filosofía y la lógica, y el pensamiento heredado de los pueblos antiguos.” Esto lo llevo a afirmar que “en nombre del sufismo se dejó el paso abierto para que cruzaran la puerta los ateos, los apóstatas y los corruptores de la fe.” [7]

Durante la generación posterior a la muerte de Banna, el moderno salafismo, representado por los Hermanos Musulmanes y aliado con grupos como Yama‘at-i Islam de Pakistán, contrajo un matrimonio de conveniencia con el salafismo tradicional, representado por el movimiento wahabi de Arabia Saudita [8] . El resultado de esta alianza fue el nacimiento en 1962 de la Liga del Mundo Islámico(Rabitat al-‘Alam al-Islami) -, la cual proporcionó apoyo financiero e institucional a las actividades misioneras del salafismo dentro y fuera del mundo islámico [9] . La expansión mundial del salafismo fue acompañada por una campaña sistemática contra el Islam tradicional (excepto el hanbalismo) que ha minado seriamente al sufismo como posible alternativa espiritual en los países musulmanes. En palabras de Sayyid Qutb (m. 1966), el antiguo responsable de la sección para la Propagación del Mensaje de los Hermanos Musulmanes, “la generación de los compañeros del Profeta (al-salaf al-salih), Dios esté complacido con ellos, no tiene comparación en la historia del Islam, e incluso en la historia de la humanidad. Después de ellos, nunca más podrá hallarse ninguna otra generación de una talla semejante” [10] . Según Qutb, el Islam tradicional se dejó reconquistar por la ignorancia misma, la depravación y el extravío ( yahiliyya ) que el mensaje original de Islam había procurado vencer. Supuestamente, el sufismo ayudó a perpetuar este nuevo estado de yahiliyya porque era un residuo de la “época feudal”. Su tradicionalismo era un obstáculo para el progreso y la reforma, pues invitaba a una retirada espiritual del mundo que trajo como consecuencia una existencia socialmente inútil. Para Qutb, el sufismo fue el primer golpe dirigido contra la integridad del pensamiento islámico y la existencia de la “nación islámica.” [11]

La polémica suscitada por Qutb ilustra la segunda crítica mas importante vertida contra el sufismo en la época moderna, según la cual éste no puede ser llevado a la práctica y no se implica socialmente. Esta crítica ha sido casi tan perjudicial para la reputación del sufismo como la acusación de falsedad. Para Hasan al-Banna, el sufismo promovió una “espiritualidad aislada” (ruhaniyya i’tizaliyya) que conduce a la indiferencia política y social [12] . Esta tendencia va en contra de la “espiritualidad socialmente consciente” (ruhaniyya iytima‘iyya) del activismo islámico, que da preferencia a la práctica sobre la teoría y llama a la resistencia directa contra la injusticia política y social . Los sucesores de Banna fueron aún más rotundos en sus críticas contra el papel jugado por el sufismo. Para Qutb y Muhammad al-Ghazali [13] (m. 1996), el sufismo era una reliquia medieval. Políticos sin escrúpulos usaron las enseñanzas sufíes para “drogar a las masas” y “explotar a la gente”, obligando a los sufridos musulmanes a resignarse y aceptar su condición económica y social. A diferencia de Banna, que mantuvo relaciones amistosas con algunas órdenes sufíes, sus sucesores vieron en las tariqas sufíes la causa principal de la desunión entre los musulmanes [14] .

En la actualidad, los líderes de organizaciones salafíes usan habitualmente estas críticas para alejar a los musulmanes del mensaje sufí. En muchas comunidades, las actitudes contra el sufismo han conducido a una “tiranía de la mayoría” que afecta desfavorablemente a las vidas de los musulmanes que siguen el camino sufí. Esta “tiranía” puede apreciarse incluso en países liberales y democráticos como Estados Unidos. The American Muslim, una revista ampliamente distribuida y publicada por the Muslim American Society of Falls Church de Virginia , dispone de una sección el la cual un “sheij” llamado Muhammad al-Hanûti emite fatuas (pronunciamientos jurídicos) sobre varios aspectos de la vida y la práctica musulmanas. En el número de septiembre de 2003, una mujer, a la cual “un buen hombre musulmán” se acercó con intenciones de matrimonio, pide información acerca de las prácticas sufíes de su pretendiente (p. 38). Ella se pregunta sobre la conveniencia de tomar a un sufí por esposo, pues no quiere “terminar con alguien que haga algo malo contra el Islam”. La respuesta de Hanûti ilustra el peligro que las ideas salafíes plantean para los sufíes que desean participar activamente dentro de sus comunidades. “No sé qué clase de sufí es –dice Hanûti– pero, en general, le aconsejo que se case con alguien que tenga un buen conocimiento del Islam, y no con alguien que simplemente siga una tradición cultural. En general, no le recomiendo que se case con un sufí, pues muchos de ellos no tienen un buen conocimiento del Islam y tienden hacia un estilo de vida poco conveniente.” A la vista de este consejo, Hanûti viene a decir que los sufíes no son musulmanes y que la prohibición coránica que impide el matrimonio entre una mujer musulmana y un no musulmán no sólo se aplica a los seguidores de otras religiones, sino también a los sufíes.


El sufismo y la auténtica tradición

Quienes conocen bien las doctrinas y la historia del sufismo saben que las acusaciones arriba mencionadas son falsas. Ante todo, el sufismo, al igual que la mayor parte de las instituciones religiosas del Islam sunní, remonta sus orígenes al Corán, la sunna del Profeta Muhammad y el estilo de vida de las primeras generaciones de musulmanes (al-salaf al-salih). Por tanto, el sufismo tiene al menos tanto derecho a ser llamado “salafi” como sus oponentes. La mayoría de los primeros recopiladores de la enseñanza sufí, como Abu ‘Abd al-Rahman al-Sulami (m. 1021), Abu Nu‘aim al-Isfahani (m. 1038 o 1039) y Abu al-Qasim al-Qushairi (m. 1074), estaban versados en la jurisprudencia shafi‘i. Ahmad ibn Hanbal (m. 855), el fundador de la escuela hanbali, fue discípulo del Imam al-Shafi‘i (m. 820), y las escuelas jurídicas hanbali y shafi‘i no difieren en los asuntos fundamentales. Aunque los oponentes salafíes al sufismo tienen derecho a discrepar de las doctrinas y prácticas sufíes, no tienen ninguna autoridad para proclamar que el sufismo no sea auténtico. De hecho, es más factible afirmar que el sufismo es más auténtico que el salafismo, pues sus tradiciones son más compatibles con el perfil histórico de pensamiento islámico. Es mucho más difícil de mantener, como hacen los salafíes modernistas, que casi todo el pensamiento islámico entre el primer siglo del Islam y el siglo XIX d.C. sea una distorsión del “verdadero” Islam.

La acusación de que el sufismo no puede ser llevado a la práctica y no se implica socialmente es igualmente falsa [15] . En la tradición sufí, uno de los primeros términos para designar a los santos fue salih. Este es el mismo término usado en la expresión al-salaf al-salih , que se refiere a los supuestos precursores de los actuales salafíes. El Corán menciona a los salihin entre los mártires y los transmisores del mensaje islámico, y como personas a las que “Allah ha favorecido” (4:69) [16] . Un salih (fem. saliha) es un individuo moralmente elevado y socialmente constructivo que trabaja honradamente (salah ) y se esfuerza en la mejora (islah) de sí mismo y de sus prójimos, los seres humanos [17] . Dado que una de las más importantes funciones del sufí salih es hacer del mundo un lugar mejor, es difícil argumentar que tal persona no se implique socialmente. Los retiros y los periodos de meditación practicados por los sufíes salihin eran el medio para alcanzar fines muy concretos, y no un objetivo en sí mismo. Muchos sufíes volvían de sus retiros para convertirse en activos elementos dentro de sus sociedades. En ocasiones, este activismo se manifestaba de un modo evidente, como entre los activos y famosos shaijs del norte de África [18] . Otras veces se mostraba de un modo más sutil, como cuando Harith ibn Asad al-Muhasibi de Bagdad (m. 837) formuló la doctrina sufí del alma (nafs) tripartita [19] . ¿Debemos entender que las ideas de Muhasibi no fueron importantes porque prefirió buscar las causas de problemas sociales como el asesinato, el suicidio y la tiranía en la psique individual antes que en la sociedad en general? ¿Es un “psicólogo” sufí como Muhasibi menos útil socialmente que un político salafí moderno?

En la actual batalla cultural que enfrenta al salafismo y otras formas de activismo islámico contra un occidente demonizado ideológicamente, en la cual compiten el renacido positivismo e imperialismo cultural occidentales frente a un Islam ideológicamente demonizado, las posturas del sufismo y otras importantes tradiciones del Islam clásico son más importantes que nunca. El completo rechazo de las tradiciones históricas del pensamiento islámico por parte de los modernos ideólogos salafíes constituye el mejor ejemplo de la falacia según la cual se prescinde del término medio. A todos los efectos, no existe ninguna “edad media” para el Islam salafí. En cambio, el recuerdo idealizado de una antigua pureza original proporciona la base para una ideología política utópica que se jacta de un “sistema islámico” el cual nunca ha formado parte de la sociedad islámica tradicional. No hay ninguna evidencia histórica en tal combinación de mito y fantasía. Aunque los ideólogos salafíes a menudo sientan nostalgia de la gloria pasada de la civilización islámica, raras veces mencionan que esta gloria se cimentó sobre el sufismo y otras disciplinas islámicas tradicionales como el kalam y la falsafa [20] , rechazados en su mayor parte por los reformistas actuales. Dicha postura es insostenible tanto desde un punto de vista lógico como histórico. En el estudio del hadiz, una tradición se considera no auténtica (marfu‘) si la cadena de transmisión se rompe entre el Profeta Muhammad y el presente [21] . ¿Cómo, entonces, puede el modernismo salafí, que voluntariosamente rechaza doce siglos de desarrollo islámico entre el Profeta y la actualidad, reclamar ser auténtico, cuando su propia tradición también es marfu‘?

Comentando las contradicciones de los primeros tiempos de la época moderna, el sufí marroquí Ridwan ibn ‘Abdallah al-Yanuwi (m. 1583) advirtió a sus contemporáneos: “Cuando el polvo se despeje, pronto veréis si es un caballo o un asno lo que tenéis bajo vosotros.” [22] Las contradicciones actuales dentro del Islam son más mortales. No es un asno sino una bomba la que puede ser montada por los ideólogos salafíes en el futuro. La tendencia extremista de la utopía salafí se ha manifestado claramente desde el 11 de septiembre de 2001. Su decidido orgullo ha transformado un problema regional en una crisis global. Si los musulmanes no pueden aceptar las diferencias doctrinales entre ellos, ¿cómo pueden esperar vivir en un mundo globalizado donde las diferencias culturales y religiosas no son la excepción sino la regla? Es necesaria una auténtica teología islámica de la diversidad para dar sentido a un mundo plural. Dicha teología debe establecerse sobre la premisa de que el actual estado de diversidad religiosa refleja la voluntad de Dios y de que el Islam permite diferentes caminos para comprender la voluntad divina.


Buscando un espacio hermenéutico

El proceso dialéctico a través del cual surgen nuevas teologías requiere un espacio hermenéutico donde el pensamiento crítico pueda tener lugar. Los regímenes de poder salafíes que dominan el discurso sunní contemporáneo restringen dicho espacio calificando como “no islámico” cualquier propuesta que no encaje en su agenda. Poco importa si estas propuestas “no islámicas” buscan un nuevo renacimiento de la visión jurídica, filosófica o sufí tradicionales, o si emplean los instrumentos de la moderna teoría crítica para aportar nuevas soluciones. La respuesta salafi para hacer destacar al Islam en el mundo moderno es afirmar que “el Islam es simple”, y reducir el conocimiento religioso a una serie de obligaciones rituales, unos símbolos externos de identidad de grupo –tales como la moderna vestimenta “islámica”– y unas doctrinas políticas que promueven el exclusivismo cultural y religioso [23] . La extrema superficialidad del pensamiento salafí contemporáneo ha conducido al desarrollo de un sentido de la ortodoxia restrictivo y altamente ideologizado, que ha convertido al salafismo, por no decir a la mayoría del Islam sunní, en un culto sectario más que en una verdadera religión.

Antes de la época moderna, pocos de los distinguidos eruditos musulmanes se atreverían a afirmar que “el Islam es simple”. El Islam, tal y como fue vivido e interpretado, era todo lo simple o complicado que fuera necesario, y el tipo de enfoque dependía de las circunstancias. La jurisprudencia (fiqh), tradicionalmente la disciplina intelectual más importante en el Islam, se basaba en la necesidad de aplicar la shari‘a en una multiplicidad de contextos diferentes, y desarrolló una sofisticada lógica para interpretar la ley en diversas situaciones. La complejidad del Islam se confirmó, en la práctica, con la creación de varias escuelas metodológicas dentro de la jurisprudencia islámica, las cuales diferían en su aproximación a las fuentes textuales, aunque cada una reconocía la legitimidad de las otras. Se escribieron diversos tratados dentro de cada escuela sobre el método hermenéutico de la jurisprudencia, conocido como ta’wil, y éste se aplicó tanto a la interpretación legal como a la teológica [24] .

Abu Hamid al-Ghazali [25] (m. 1111) describió en su Faisal al-tafriqa bain al-Islam wa al-zandaqa (“El criterio decisivo para distinguir el Islam de la herejía”) el modo en el cual se empleó el ta’wil para crear un espacio hermenéutico con nuevas posiciones teológicas. Ghazali escribió este trabajo para refutar la tendencia de los eruditos musulmanes de su tiempo a calificar a sus oponentes como incrédulos o herejes. De acuerdo con Ghazali, los textos sagrados como el Corán o el Hadiz están abiertos a ser interpretados según cinco niveles diferentes: 1.- ontológico-existencial (dhati), 2.- sensorial o material (hissi), 3.- conceptual (jayali), 4.- intelectual (‘aqli), y 5.- metafórico (shabahi o majazi) [26] . Estos niveles de análisis marcan las fronteras del espacio interpretativo en el Islam: “Cualquier interpretación de la Ley realizada de acuerdo con alguno de los niveles anteriores debe ser considerada como válida [...] (De este modo) es impropio tildar de incrédulo a alguien que tome parte en dicha interpretación, siempre que observe las reglas de la hermenéutica (qanun al- ta’wil).” [27]

El método del qanun al-ta’wil de Ghazali se formuló suponiendo que el jurista o teólogo se vería obligado en ocasiones a reconocer “la imposibilidad lógica de interpretar literalmente (zahir) un texto sagrado.” [28] Cuando esto ocurre, el espacio hermenéutico debe hacer viable una explicación alternativa. Para ofrecer una interpretación válida, hay que examinar sistemáticamente cada una de las cinco posibilidades de interpretación, estableciendo así una justificación lógica del método que se decida emplear [29] . Ghazali no pretende que todas las interpretaciones de un texto sagrado tengan igual valor. Algunas pueden ser incorrectas o incluso completamente equivocadas. Sin embargo, las interpretaciones incorrectas no deberían ser suprimidas como si se trataran de una herejía, sino que deben ser refutadas dialécticamente. Una interpretación es herética únicamente cuando, basándose en los cinco niveles hermenéuticos, niega la verdad de un texto sagrado. Epistemológicamente, la exégesis de un texto sagrado representa una opinión bien formada (zann) y no la verdad absoluta (haqq). Así, nadie puede reclamar el derecho exclusivo de interpretación y ninguna interpretación por sí sola es definitiva. La metodología del qanun al-ta’wil de Ghazali satisface una importante necesidad del pensamiento islámico contemporáneo, pues concede a los pensadores disidentes el derecho a expresar sus opiniones. En este sentido, ayuda a preservar las voces alternativas que mantienen abierto el método de interpretación. En términos de filosofía política moderna, su espíritu se ajusta al ideal liberal de libertad de expresión, pues concede a juristas y teólogos el derecho a equivocarse.


Un enfoque akbarí de la diversidad religiosa

Si los teólogos musulmanes desean colaborar de manera constructiva con los teólogos de otras religiones es necesario que puedan interpretar los textos sagrados a diferentes niveles. Los musulmanes contemporáneos deben revisar por completo el panorama del pensamiento religioso del Islam, evaluar sus éxitos y sus fracasos, y escuchar de nuevo las voces que han sido silenciadas. En la actualidad, esas voces incluyen la mayor parte de las tradiciones intelectuales del Islam medieval: filosofía, teología sistemática, la tradición de jurisprudencia clásica en el Islam sunní, y el sufismo. Aunque sería un error considerar a todos los sufíes como “liberales” o “de mente abierta”, los pensadores sufíes estaban más inclinados que sus homólogos de la tradición exotérica a ver el Islam desde una perspectiva más amplia y a tratar de un modo específico con la diversidad religiosa. En parte, esto se debía a que entendieron la teología en su sentido original de “estudio de la naturaleza de Dios” y siguieron con sus investigaciones hasta las últimas consecuencias de esta definición. Algunos de los más lúcidos escritos sobre la diversidad religiosa proceden de la escuela de Ibn ‘Arabi [30] (m.1240), que ha sido uno de los más grandes metafísicos del Islam. Muchos de los principios de la teología “akbarí” que llevaron a los seguidores de Ibn ‘Arabi a calificarlo como “el maestro más grande” (al-shaij al-akbar) fueron criticados por los opositores al sufismo por no ceñirse a los límites ideológicos del Islam establecido [31] . Un ejemplo de esta presunta “innovación” puede encontrarse en el tratado titulado al-Insan al-Kamil (“El Hombre Perfecto”) [32] , del sufí irakí ‘Abd al-Karim al-Yili (m. 1428). Yili, uno de los más importantes herederos de la doctrina de Ibn ‘Arabi, finaliza una discusión sobre el origen de la diversidad religiosa con la siguiente declaración:

“Diez grupos son el origen de todas las diferencias religiosas (las cuales son demasiado cuantiosas para enumerarse) y todas las diferencias giran alrededor de estos diez grupos. Éstos son: politeístas, naturalistas, filósofos, dualistas, magos, materialistas, brahmanes, judíos, cristianos y musulmanes. En cada uno de estos grupos, Dios ha creado a gente cuyo destino es el Cielo y ha creado a gente cuyo destino es el Fuego. ¿No has visto cómo los politeístas de épocas pasadas que vivieron en regiones a las cuales no alcanzó el profeta de aquel tiempo, se dividen entre los que hacen el bien., a quienes Dios recompensa, y los que hacen el mal, a quienes Dios castiga con el Fuego? Cada uno de estos grupos adora a Dios, tal y como Dios desea ser adorado, ya que Él los creó para Sí, y no para ellos mismos. Así, ellos existen tal y como fueron creados. [Dios], sea glorificado y exaltado, manifestó Sus nombres y atributos a estos grupos mediante Su esencia y todos los grupos Lo adoran [a su modo].” [33]

A primera vista, este pasaje parece negar la importancia de las diferencias religiosas y promover una versión temprana de la tesis sobre la “unidad transcendente de las religiones” [34] . Sin embargo, después de una lectura más cuidadosa, uno descubre que se trata de una razonable, aunque poco convencional, interpretación de ciertos versículos coránicos de acuerdo con el método del qanun al-ta’wil de Ghazali:
“A cada uno de vosotros le hemos asignado una ley y un modo de vida. Si Dios hubiera querido, os habría hecho una sola comunidad. Pero lo dispuso así para probaros en lo que os ha dado. ¡Competid, pues, unos con otros en hacer buenas obras! Habréis de volver con Dios y, entonces, El os hará entender aquello sobre lo que discrepabais.” (5:48)

“Si tu Señor lo hubiera querido, ciertamente todos los habitantes de la tierra habrían creído. ¿Piensas, acaso, que podrías tú obligar a la gente a creer? (10:99)

Aunque la exégesis coránica de Yili fuera innovadora, era totalmente válida según las reglas hermenéuticas propuestas por Ghazali. Yili comenzó su análisis tomando el texto sagrado en su sentido literal. Partiendo del significado literal (zahir) de los versículos coránicos, empleó el método del qanun al-ta’wil en los niveles de interpretación conceptual e intelectual, sin recurrir al metafórico. Entonces, tomando otro versículo coránico que dice “Dios hace lo que quiere” (2:253), aplicó la noción teológica del voluntarismo divino al hecho empírico de la diversidad religiosa. Las conclusiones que Yili dibuja en su al-Insan al-Kamil –que la existencia de diferencias religiosas es la voluntad de Dios, y que todos los seres humanos, incluso los incrédulos, practican la religión que Dios les tenía destinada– se deducen lógicamente a partir de este proceso de interpretación. Sin embargo, esto no quiere decir que el “verdadero” significado de estos versículos coránicos sea el ofrecido por la interpretación de Yili. Tan solo quiere decir que su interpretación es tan válida como cualquier otra obtenida a partir del significado literal de estos tres versículos. Es más, Yili afirma incluso que la religión de Dios por excelencia es el Islam. Más tarde, en el texto, cuando argumenta que “cada grupo se deleita en sus propios dogmas” (Corán 30:32), no exime a los incrédulos de sus errores [35] . Según Yili, no todas las religiones tienen el mismo valor. Sin embargo, cuando el Corán ordena que “no hay coacción en la religión” (2:256), significa que los musulmanes también deben respetar las falsas religiones, pues todas ellas, incluso las que están equivocadas, existen por voluntad de Dios.

Los musulmanes contemporáneos deberían considerar detenidamente los razonamientos de Yili y los versículos coránicos en los que se basan. En la actualidad, el principal problema para la teología islámica no es la proliferación de cultos locales, sino la competencia de religiones rivales a nivel mundial, la mayoría de las cuales son más antiguas que el Islam y han desarrollado sofisticados recursos hermenéuticos para defenderse. Si Dios realmente hubiera tenido la intención de salvar al mundo únicamente a través del mensaje de Cristo, ¿por qué habría permitido entonces el desafío teológico del Islam? Si el Islam resuelve todas las contradicciones de la teología cristiana, ¿por qué entonces el Cristianismo continúa siendo la religión más numerosa? Según Yili, parte de la respuesta a estas preguntas consistiría en reconocer que todas las religiones poseen una parte de la verdad universal, a la cual cada persona responde a su modo. La hostilidad teológica nunca podrá transformarse en tolerancia hasta que este hecho no sea reconocido. En un reciente documento no publicado, Martín Lings [36] , comentando a Marcos: XII, 30 (“amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”), indica que las autoridades religiosas musulmanas y cristianas se han mostrado demasiado interesadas en dejar de lado el “con toda tu mente” en favor del “con toda tu alma y con todas tus fuerzas.” [37]


NOTAS.-

[1] Traducción y adaptación del original en inglés aparecido en la página web: http://www.secondspring.co.uk/articles/cornell.htm La traducción al castellano de las citas coránicas está basada en El Mensaje del Qur’an , The Book Foundation, USA, 2006. (Nota de la Redacción).

[3] El nombre de salafistas, que remite a los musulmanes de los primeros tiempos (la palabra árabe salaf significa literalmente “predecesores” o “primeras generaciones”), indica su voluntad de buscar los elementos para adoptar el Islam en su “pureza original”, rechazando en mayor o menor medida la tradición islámica posterior. En ese aspecto, el salafismo es en cierta medida precursor de los movimientos posteriores llamados islamistas, aunque éstos tienen un carácter más específicamente político y han evolucionado a veces hacia posiciones alejadas o incluso opuestas al salafismo original. Véase Xavier Ternisien, Los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2007; Redacción Alif Nûn, “El reformismo musulmán. Los Hermanos Musulmanes a través del pensamiento político de Sayyid Qutb ”, en revista Alif Nûn nº 39, junio de 2006. (Nota de la Redacción).

[4] Junto a la hanafi, la maliki y la shafi‘i, la escuela hanbali es una de las cuatro escuelas (madahib) jurídicas de derecho que existen en la actualidad dentro del Islam sunní. Para más información, véase Noel J. Coulson, Historia del derecho islámico, Editorial Bellaterra, Barcelona, 1998; Felipe Maíllo Salgado, Diccionario de derecho islámico , Editorial Trea, Asturias, 2006; Silvio Ferrari, El espíritu de los derechos religiosos: Judaísmo, Cristianismo e Islam d, Editorial Herder, Barcelona, 2004; Yusuf Fernández, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, publicado en la revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).

[5] Véase Alexander D. Knysh, Ibn 'Arabi in the Later Islamic Tradition: the Making of a Polemical Image in Medieval Islam, Albany (New York), 1999, pp. 87-112.

[6] Ibid. p. 90. Véase también Richard P. Michell, The Society of the Muslim Brothers, New York y Oxford, 1993 (reimpresión de la primera edición de 1969), p. 5. Banna frecuentó la librería salafí de El Cairo, y Los Hermanos Musulmanes publicaron la última edición de al-Manar, el periódico de Rida.

[7] P. Michell, ob. cit. p. 214.

[8] Véase Abdelwahab Meddeb, La enfermedad del Islam , Editorial Gutenberg, Barcelona, 2003; Pascal Ménoret, Arabia Saudí, el reino de las ficciones l, Edicions Bellaterra, Barcelona, 2004. (Nota de la Redacción).

[9] El primer congreso de la Liga del Mundo Islámico, celebrado en diciembre de 1962, fue dirigido por Muhammad ibn Ibrahim al-Shaij, un descendiente directo de Muhammad ibn ‘Abd al-Wahab (m. 1791), el fundador del wahabismo; y en el participó Said Ramadan, el yerno de Hasan al-Banna. Véase Hamid Algar, Wahabbism: A Critical Essay, Oneonta (New York), 2002, p. 49. Said Ramadan fue desposeído de su nacionalidad por el gobierno revolucionario de Egipto en 1953. Durante mucho tiempo fue una figura clave en el ámbito internacional de los Hermanos Musulmanes y jugó un importante papel en el establecimiento de la organización en Siria. Posteriormente recibió asilo político en Suiza, donde nació su hijo, Tariq Ramadan, el destacado intelectual musulmán europeo. Véase P. Michell, ob. cit. p. 141-141.
En castellano también puede consultarse Tariq Ramadan, El reformismo musulmán. Desde los orígenes hasta los Hermanos Musulmanes , Edicions Bellaterra, Barcelona, 2000. (Nota de la Redacción).

[10] Sayyid Qutb, Ma‘âlim fî-l-tarîq, (“Jalones en el camino”), Damasco. Véase la traducción inglesa de 1962, Milestones, p. 15.

[11] P. Michell, ob. cit. p. 216.

[12] Ibidem. Michell traduce ruhaniyya iytima‘iyya como “espiritualidad social”.

[13] No confundir con el filósofo, sufí y teólogo del siglo XI que lleva el mismo nombre, y de quien se hablará más adelante en este artículo. (Nota de la Redacción)

[14] Ibidem.

[15] A este respecto, podemos citar el siguiente texto que hace referencia a la Shadhiliyya, una de las órdenes sufíes más extendidas en todo el mundo musulmán: “‘Hay que enfrentarse a la sociedad y adaptarse a sus exigencias’, afirma el jeque contemporáneo Zaki Ibrahim. El shadhilí tiene las ocupaciones profesionales y familiares de cualquier hombre. Según un responsable egipcio de la orden, la actividad social, lejos de ser un obstáculo para la espiritualidad, permite saber si el novicio ha avanzado o no en la Senda. Por ejemplo, si es capaz de dominarse en cualquier situación, ha llegado a la estación del sabr (aguante, paciencia).” Eric Geoffroy, “La Shadhiliya”, en Las sendas de Allah, Edicions Bellaterra, Barcelona, 1997, p. 639. (Nota de la Redacción).

[16] La mayor parte de las versiones castellanas del Corán traducen el término salih como “justo”. Véase El Corán , traducción y comentarios de Abdel Ghani Melara Navío, Madrasa Editorial, Granada, 2006, pág. 92; El Mensaje del Qur’ân , ob. cit., Tomo I, pág. 135; El Corán , traducción de Julio Cortés, Herder Editorial, Barcelona, 2005, pág. 89. (Nota de la Redacción).

[17] Sobre el concepto de salah, véase Vincent J. Cornell, Realm of de Saints: Power and Authority in Moroccan Sufism, Austin (Texas), 1998, p. 6.

[18] Ibidem. Véase concretamente los capítulos sobre Abu al-‘Abbas al-Sabti (m. 1204), pp. 79-92; y Muhammad ibn Suleiman al-Yazuli (m. 1465), pp. 155-229. En su juventud, Hassan al-Banna ingresó en una orden sufí, socialmente muy activa, conocida como Hasafiyya. Durante veinte años estuvo relacionado con esta orden y afirmó que la sociedad caritativa de la Hasafiyya le sirvió de inspiración para la creación de la sociedad de los Hermanos musulmanes. Véase Michell, op. cit., pp. 2-6.

[19] Sobre la teoría de la personalidad elaborada por Muhasibi, véase Margaret Smith, An Early Mystic of Bagdad: A Study of the Life and Teaching of Arit. B. Asad al-Muhasibi, A. D: 781-857, London, 1977 (reimpresión de la primera edición de 1935), pp. 86-110.

[20] Teología y filosofía, respectivamente. (Nota de la Redacción).

[21] Para que un acto o un dicho del Profeta Muhammad narrado en un hadiz sea considerado auténtico, éste debe ir acompañado de una cadena de transmisores (isnad) de dicho hadiz, comprobando la fiabilidad y honradez de cada una de las personas que lo narraron. (Nota de la Redacción).

[22] Muhammad ibn Yusuf as-Sijilmasi, Tuhfat al-ikhwan wa mawahib al-imtinan fi manaqib Sidi Ridwan ibn 'Abdallah al-Januwi, Rabat: Bibliothèque Générale, ms. 114K, p. 86.

[23] En “Hacia la Luz”, un manifiesto para la reforma de Egipto enviado al rey Faruq en 1947, Hasan al-Banna incluyó en su programa “tomar en consideración la manera de alcanzar gradualmente un estilo uniforme de vestimenta para la nación.” Hasan al-Banna', Five Tracts of Hasanal-Banna' (1906-1949): A Selection from the Majmu'at Rasa'il al-Imam al-Shahid Hasan al-Banna', traducido por Charles Wendell, Berkeley, Los Angeles and London, 1978, p. 129.

[24] Un importante trabajo de este género es Abu Bakr Muhammad ibn al-‘Arabi al-Ma‘arafi, Qanun al-ta’wil (“Las reglas de la interpretación”), editado por Muhammad al-Slimani, Beirut , 1990.

[25] Para más información sobre al-Ghazali, véase Miguel Cruz Hernández, Historia del pensamiento en el mundo islámico: desde los orígenes hasta el siglo XII en Oriente , Alianza Editorial, Madrid, 2.000; Kenneth Avery, “Conocimiento de Dios y del Ser en la Alquimia de la felicidad de Qazâli”, Revista Sufí nº 11 , Primavera y Verano 2006, Editorial Nur, Madrid; Amrei Rahman, “ Muhammad al-Gazâli: Análisis de su pensamiento y de su trayectoria vital ”, en revista Alif Nûn nº 37, abril de 2006. (Nota de la Redacción).

[26] Sherman A. Jackson, On the Boundaries of Theological Tolerance in Islam: Abu Hamid al-Ghazali's Faysal al-Tafriqa bayna al-Islam waal-Zandaqa , Oxford y Karachi, 2002. He cambiado ligeramente los términos de la traducción de Jackson para encajar la presente discusión. La argumentación completa de Ghazali sobre los términos mencionados anteriormente puede encontrarse en las pp. 94-100

[27] Ibidem, p. 50.

[28] Ibidem, p. 104.

[29] Ibidem.


[30] Podemos encontrar las siguientes obras de Ibn Arabí en castellano: Las iluminaciones de la Meca, Editorial Siruela, Madrid; El secreto de los nombres de Dios, Editorial Regional de Murcia, Murcia; Tratado de la Unidad , Ediciones Sirio, Málaga, 1987; El árbol del Universo , Editorial Sufí, Madrid, 1989; Los engarces de la sabiduría , Hiperión, Madrid, 1991; El Núcleo del Núcleo , Editorial Sirio, Málaga, 1992; Las contemplaciones de los misterios , Editorial Regional de Murcia, Murcia, 1996; El tabernáculo de las luces , Editorial Sufí, Madrid, 1998; Tratado del amor , Edaf, Madrid, 2002; Viaje al Señor del Poder , Editorial Sirio, Málaga, 2002; Textos espirituales , Editorial Sufí, Madrid, 2004; El divino gobierno del reino humano , Editorial Almuzara, Murcia, 2004. (Nota de la Redacción).

[31] Para una explicación completa de estas críticas, véase Alexander D. Knysh, ob. cit.

[32] Véase ‘Abd al-Karim al-Yili, El Hombre universal , Mandala Ediciones, Madrid, 2001. (Nota de la Redacción).

[33] ‘Abd al-Karim al-Yili, al-Insan al-kamil fi ma'rifat al-awakhir wa al-awa'il , El Cairo, 1981, vol. 2, p. 122.

[34] Véase Frithjof Schuon, De la unidad transcendente de las religiones , Olañeta, Palma de Mallorca, 2004. (Nota de la Redacción).

[35] ‘Abd al-Karim al-Yili, al-Insan al-kamil, ob. cit., pp. 122-124.

[36] Pueden consultarse las siguiente obras de Martín Lings en castellano: El secreto de Shakespeare , Ediciones Hiperión, Madrid, 1988; Muhammad: su vida, basada en las fuentes más antiguas , Ediciones Hiperión, Madrid, 1989; Un santo sufí del siglo XX , José J. de Olañeta, Editor, Palma de Mallorca, 2001; El libro de la certeza , José J. de Olañeta, Editor, Palma de Mallorca, 2002; Símbolo y arquetipo, Ediciones Hiperión, Madrid, 2006 (Nota de la Redacción).

[37] Martin Lings, “With All Thy Mind”. Documento no publicado y repartido durante el segundo seminario titulado “Building Bridges”, celebrado en Doha (Qatar), del 7 al 9 de abril de 2003, y financiado por Su Majestad el Emir de Qatar y por el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams.

Autor: Dr. Vincent J. Cornell, profesor de historia y Director del King Fahd Center for Middle East and Islamic Studies, en la Universidad de Arkansas (Estados Unidos).
Publicado en la Revista digital Alif Nûn, nº 50, Junio 2007 (Jumada II.1428).
Fuente:http://www.libreria-mundoarabe.com/Boletines/n%BA50%20Jun.07/SufismoPractico.html
Traducción y adaptación del original en inglés aparecido en la página web: http://www.secondspring.co.uk/articles/cornell.htm
Click Here to Read More..