El Asno Roñoso de la Cola Cortada / Mangy Ass with the lopped-off tail

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Principios morales transmitidos por el Profeta (s.a.s.)

“Mi Señor me ordena nueve cosas:

1. Temer a Allah cuando esté solo o entre la multitud.

2. Ser justo y honrado, esté contento o enfadado.

3. Vivir moderadamente, sea rico o pobre.

4. Mantener buenas relaciones con los parientes, incluso aunque ellos no lo hagan.

5. Dar al que nada te da.

6. Perdonar al que te hace daño.

7. Contemplar mientras permaneces en silencio.

8. Mencionar el nombre de Allah cuando hablas.

9. Aprender cuando miras.”

Refs.: Nasai, Sahw 62; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 148; Ibn Abi Shaybah, al-Musannaf, VI, 45; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Awsat, V, 328.


En su espada estaba escrito:

“Perdona al que te haya hecho daño; ayuda a tus parientes incluso si ellos no se preocupan de ti; responde con bondad al que te ha herido; di la verdad incluso si va en contra de tus intereses.”

Refs.: Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, IV, 148; al-Hakim, al-Mustadrak, II, 563; al-Tabarani, al-Mu’jam al-Kabir, XVII, 269; al-Bayhaqi, al-Sunan al-Kubra, X, 235.


Huzaifa, que Allah esté satisfecho con él, transmitió que el Profeta, que Allah le bendiga y le conceda la paz, dijo:

“A Allah le disgusta cuando hacéis estas tres cosas:

1. Cotillear.

2. Derrochar.

3. Preguntar innecesariamente.”

Refs.: Bukhari, Zakat 53; Muslim, Akdiyah 12, 13; Ahmad ibn Hanbal, al-Musnad, II, 327, 360; Ibn Khuzaymah, al-Sahih, I, 104.


Autor: Osman Nuri Topbas, líder de una de las Tariqas Naqshbandi Khadiliya más importantes de Turquía.
Fuente: El Profeta De La Misericordia Muhammad
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Los diez últimos días del mes de Ramadán y lo que se recomienda hacer con ellos

Los últimos diez días del mes de Ramadán eran muy significativos para el Profeta Muhammad, sallallaahu 'alayhi wa sallam, y sus Seguidores, que Al-lah esté complacido con todos ellos; razón por la cual la guía que nos dejaron de cómo aprovecharlos es especial; a continuación expondremos algunas de las acciones que acostumbraban realizar durante este tiempo, para que las conozcamos y tratemos de aplicarlas en nuestra adoración:

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La Ascensión del Profeta Muhammad (sws)

El mi'raj, el viaje celestial de Muhammad(sws), es uno de los acontecimientos más relevantes de su misión profética, o de sus milagros. De esta experiencia interior no habló mucho, pues muy pocos eran los que podían percibir cuál era su naturaleza real. Así, se discutió en vano para saber si este viaje se llevó a cabo fisicamente o tan sólo en espíritu. Los que creían en un viaje físico no comprendían que el mi'raj era una visión, no un sueño, luego una experiencia mucho más fuerte que cualquier experiencia sensible, como lo sugiere el dicho: "Los hombres están soñando; cuando mueren despiertan". Parece ser que también dijo que estaba entre el sueño y la vigilia cuando el ángel fue a su encuentro. Aisha, su mujer, afirmaba que su cuerpo había permanecido en el mismo lugar.
Lo que hemos de retener es que el mi'raj, pese a las apariencias, nada tiene de relato

El Enviado de Dios, con él sea la paz, dice: El Arcángel Gabriel (1) apareció y me sacó del sueño. Me llevó a la fuente Zemzem y me hizo sentar. Me abrió el vientre hasta el pecho (2), y con sus propias manos me lavó las entrañas con agua de Zemzem (3). Con él estaba el arcángel Miguel, que sostenía un barreño de oro que contenía fe y sabiduría. Gabriel llenó con ellas mi pecho, y luego cerró la herida de tal modo que mi pecho quedó como estaba antes, sin que por todo ello sintiera yo el menor dolor. Entonces me ordenó que hiciese mis abluciones y me dijo que fuese con él. Le pregunté que a dónde, y respondió: "A la corte de nuestro Dios, el Señor del universo y de las criaturas".de las mil y una noches, sino que es el prototipo del ascenso del alma al mundo espiritual. Muchos místicos musulmanes han seguido más o menos la Vía trazada por el Profeta en el otro mundo. El caso más famoso es el de Abu Yazid al-Bistami, de quien se dice que, llegado al Loto del Limite, rechazó todas sus visiones como vanas ilusiones, a fin de acceder a Dios sólo, "volverse" a Dios.
Hay también los conocidos textos de 'Attar (El lenguaje de los Pájaros) y Sohrawardi (Relato del Exilio Occidental). En estos tres casos, el sujeto se describe a sí mismo en forma de un pájaro que vuela a los mundos suprasensibles. En Europa se conocieron muy pronto tradiciones del mi'raj por la traducción que se hizo al latín con el título de "Libro de la Escala". Este texto suscitó muchos relatos del mismo tipo, el más célebre de los cuales es la Divina Comedia de Dante.

La versión de la que proponemos aquí una traducción está sacada de una obra persa del siglo XII (520H) de 'Abdol Fazi Rashidoddín Meybodi, discípulo del famoso sufí Ansari, y se titula Kash ol-Asrar wa 'oddat al-abrar, más conocido con el título de Tafsir-e Khwaja 'Abdullah Ansarí (Editado por ‘Ali Asqar Hekmat, Teherán, Ibn Sina, T. V., 1338-9 h.). Se trata de una compilación de diversas tradiciones referidas por Anas Ibn Malik, Abu Sa'id Khadari, Abu Hureira, 'Aisha, ibn Abbas, etc., ordenadas y enlazadas para que constituyan un relato homogéneo (no obstante, hemos aplicado al relato algunos recortes menores a fin de aligerar ciertos pasajes de autenticidad dudosa o de interés secundario).
Por supuesto, ningún relato del mi'raj del Profeta tiene valor de testimonio seguro y completo. El Corán evoca el acontecimiento de manera lacónica, y, como para compensar ese silencio, los transmisores de tradiciones han añadido muchos detalles, tomados de otras tradiciones del Profeta.
 
 
Tomó entonces mi mano y me sacó fuera de la mezquita. Allí vi a Alborac, que estaba entre Safâ y Marwa (4). Era un cuadrúpedo parecido a un asno o una mula. Su cara era semejante a la de una mujer; tenía orejas como de elefante, unas crines como las de un caballo, patas parecidas a las del camello, cola de caballo y unos ojos como el planeta Venus; su lomo era de rubí escarlata, su vientre de esmeralda verde, y su pecho de perla inmaculada; tenía dos alas hechas de joyas resplandecientes, y llevaba en el lomo una silla tejida de oro y seda del paraíso. Gabriel dijo: "Oh Muhammad, siéntate en la montura que llevó a Abraham en peregrinación a la Kaaba" (5).
En cuanto le puso la mano en el lomo, Alborac se apartó. Gabriel la agarró de las crines, y oí un murmullo de perlas y rubíes. Entonces dijo Gabriel: "Cálmate, Alborac, y tranquilízate; ¿no conoces a Muhammad? Por Dios el Único, nunca profeta más querido por Dios se sentará en tu lomo". Cuando Alborac hubo oido sus palabras, sudó de confusión, agachó la cabeza y se echó en el suelo en señal de sumisión. Gabriel me sujetó al estribo para hacerse montar, y Miguel arregló mis ropas.

En camino, Gabriel iba a mi derecha, Miguel a la izquierda, y, delante, Rafael sujetaba las riendas. Alborac avanzaba a una velocidad prodigiosa sin dejar de comportarse según mi deseo; quería yo que avanzase, avanzaba; que saltase, saltaba; que se detuviese, se detenía.
Durante aquel largo camino oí una llamada que venía del lado derecho: "¡Muhammad, detente, he de hacerte una pregunta!". Por tres veces me llamaron, pero yo no hice caso y seguí mi camino. Por el lado izquierdo oí tres veces la misma llamada: "¡Oh, Muhammad, hay una pregunta para el Profeta!". Y otra vez pasé de largo sin ocuparme de aquello. Cuando estuve más lejos, vi a una anciana cubierta de joyas que decía: "¡Oh Muhammad, ven hacia mí!". No le presté atención y continué. Entonces pregunté: "Gabriel, ¿qué era la llamada que oí a la derecha?". Respondió: "Era la invitación de los judíos. Si hubieses acudido, tu pueblo habría sido el de los judíos. Y la llamada que oíste a la izquierda era la de los cristianos; si hubieses acudido, tu pueblo habría sido el de los cristianos. Y la anciana que has visto, con sus joyas y ornamentos, era el mundo. Si hubieses ido hacia ella, tu comunidad habría escogido el mundo en vez de la vida eterna" (6).
Llegué a un palmeral, y Gabriel me dijo: "Desmonta y haz la oración". La hice, y luego me dijo que aquel país era Yatrib (7). Después, llegué al desierto, y también allí me ordenó desmontar y hacer la oración ritual. Y me preguntó: "¿Sabes qué lugar es éste?". Dije yo: "Dios es más sabio". Respondió: "Es Medina, y allá están el Sinaí y la zarza en llamas". Después de esto llegue a una extensa llanura donde había fortalezas. Me dijo que hiciera la oración, cosa que hice, y luego me contó que aquel lugar era Belén, donde nació Jesús. En aquel momento tuve sed, y vi un ángel que llevaba tres copas, en una había miel, en otra leche, y en otra vino. Me dijo: "Escoge y bebe lo que quieras". Tomé leche y un poco de miel. Gabriel dijo: "Por tu naturaleza y la de tu pueblo, sientes inclinación por lo sano y lo bueno. Mas si hubieses bebido vino, habrías cometido una falta contra tu pueblo y vuestra naturaleza" (8). Y los ángeles proclamaron: "Salud a Ti, oh Primero, oh Último, oh Resurrector" (9).
Después de esto, vi un país triste, angosto y sombrío. De allí pasé a cruzar un país risueño, amplio y claro. Le pregunté a Gabriel: "¿Qué país era aquel, y cuál es éste?". "Aquél era el infierno, y éste el paraíso". Luego me tomó Gabriel de la mano y me llevó a una roca.
Llamó a Miguel, y Miguel llamó a todos los ángeles por sus nombres, para que hiciesen descender el mi'raj desde el paraíso hasta el cielo de este mundo, y desde el cielo de este mundo hasta Jerusalén. Y el mi'raj era semejante a una escala (10) con un extremo apoyado sobre la roca y el otro de crisolita verde. Y sus escalones, uno de oro, otro de plata, otro de rubí, y, luego, de esmeralda, y de perla.
Gabriel me puso en el primer escalón, y vi mil ángeles que cantaban la gloria de nuestro Señor muy amado, y cuando advirtieron mi presencia, me alabaron, y se acercaron a mí, anunciándome el paraíso para mi comunidad. Subí luego al segundo escalón, y vi dos mil ángeles de la misma clase; en el tercer escalón vi tres mil, y así sucesivamente hasta cincuenta y cinco escalones. Cuando llegaba a un nuevo escalón, los ángeles se multiplicaban hasta que llegué al cielo de este mundo. Las criaturas del cielo preguntaron: "¿Quién es éste?". "Es Muhammad" dijo Gabriel. "¿Está elegido para la profecía?", dijeron. "Si", respondió. Y ellos exclamaron: "¡Éxito para el y su pueblo! ¡Qué buen invitado!".
A nuestra llegada, los ángeles se regocijaron y se anunciaron entre sí la buena nueva, saludándome y acogiéndome. Vi grandes ángeles cuyo representante es Esmail, que los tiene a todos bajo su autoridad. Con él estaban otros setenta mil ángeles, y, como los setenta mil ángeles, otros cien mil, todos ellos guardianes del cielo. Contemplaba su multitud cuando Gabriel dijo: "los soldados de Dios no conocen otra cosa que a Él". Luego vi a un hombre hermosisímo y de naturaleza excelente, y le pregunté a Gabriel quién era. Me dijo: "Es tu padre Adán". Lo saludé y él me devolvió así el saludo: "Bienvenida a este hijo justo y al pueblo de este profeta justo. ¡Qué buen huésped ha llegado!"
Y vi las almas de los descendientes de Adán, que se presentaban ante él. Cuando pasaba el alma de un creyente, decía: "Alma pura y perfume puro. Poned su respaldo en el piso más elevado". Y cuando veía el alma de un no creyente, decía: "Alma impura, olor impuro y sucio, poned su respaldo en el piso más bajo del infierno".
Y según la tradición referida por Ibn' Abbâs (11), el Profeta había contado: "En el cielo vi un gallo de un blanco intenso; bajo su plumaje había plumas verdes, de un verde intenso; su cresta era del color de la esmeralda verde, sus pies se apoyaban en la séptima tierra y su cabeza en el trono supremo, y tenía dos alas tan grandes que, si las abría, recubrían Oriente y Occidente. Cuando hubo transcurrido parte de la noche, abrió sus alas, las agító y cantó esta oración: "Alabado sea Dios, Señor Santo. Alabado sea Dios, el Grande, el Altísimo". En el momento en que cantó, se pusieron a cantar y agitar las alas todos los gallos de la tierra, y cuando se detuvo y calló, todos los gallos de la tierra se detuvieron y callaron. Luego, cuando hubo transcurrido otra parte de la noche, batió de nuevo las alas y proclamó esta oración: "Alabado sea Dios Altísimo, el Sublime, el Inmenso, el Destinador. Alabado sea Dios y su trono elevado". Y otra vez lo imitaron todos los gallos de la tierra. En cuanto vi aquel gallo, deseé contemplarlo de nuevo (12).
Gabriel me llevó en sus alas al segundo cieloLa distancia entre el primer cielo y el segundo, dicen, era de quinientos años de viaje. Gabriel llamó para que los guardianes del segundo cielo abrieran paso. Preguntaron: "¿Quién va?". Respondió: "Gabriel". "¿Y quién hay contigo?". "Es Muhammad". "¿El profeta de Dios?". "Sí". "¡Bienvenido aquel al que se esperaba! ¡Qué buena visita!". Vi a dos jóvenes en el segundo cielo. Gabriel me dijo: "Uno es Juan Bautista, el otro es Jesús. Son primos, salúdales". Los saludé y me respondieron: "Bienvenida al hermano justo y al profeta justo". Luego me llevó al tercer cielo, y todo ocurrió de la misma forma. Vi a José, el que ostenta la Hermosura. Lo saludé y me respondió con estas palabras: "Bienvenida al hermano justo y al profeta justo". Luego me condujo al cuarto cielo. Allí vi a Enoc, que me acogió en los mismos términos, y yo recité esta aleya del Corán: "Accedió a una dignidad muy elevada". Luego me condujo al quinto cielo, en el que vi a Aarón (13) y lo saludé. Me respondió de igual forma y me acogió calurosamente.
Según M.B. Ishaq, el Profeta dijo: "En el quinto cielo vi ángeles mitad de cielo, mitad de fuego", y todos decían: "Dios puede conciliar la nieve y el fuego. Así establece la amistad entre los creyentes". Tras esto, me llevó Gabriel al sexto cielo. Vi a Moisés, le saludé, y él me respondió. Cuando le dejaba se puso a llorar. "Moisés, ¿por qué lloras?", le dije. Respondió: "Lloro a causa de este hombre de cuyo pueblo entrará en el paraíso más gente que del mío". En el sexto cielo vi una morada que llaman la Morada gloriosa. Es el lugar donde los escribas y secretarios consignan el  Corán que Gabriel les enseña. Dios glorioso los llama "los emisarios nobles e íntegros" (Corán 30, 15). Después de esto me llevó al séptimo cielo. Los ángeles eran tantos allí, que no había el más mínimo lugar en que hubiera uno en oración, derecho, inclinado o prosternado. Y vi a Abraham (14) y le saludé. Me respondió en estos términos: "Bienvenida al hijo justo y al profeta justo. Trae a tu pueblo contigo para aumentar el número de árboles del paraíso, cuya tierra es pura y amplia". Luego recité estas aleyas del Corán: "Los más cercanos a Él son los que han obedecido a Abraham y al Profeta". Y en el séptimo cielo vi la Morada Edificada (bayt al ma'mur), entré en ella e hice la oración. Ante ella había un mar en el que entraban por grupos los ángeles; luego, volvían a salir y se sacudían. Y de cada gota creaba el Todopoderoso un ángel que hacía la peregrinación a la morada edificada.
También vi un ángel sentado en un trono con algo parecido a un vaso delante de él; en su mano había una mesa cubierta de inscripciones de luz que él escrutaba sin apartar nunca la cabeza ni a derecha ni a izquierda, como alguien que está pensativo y triste. Pregunté: "Gabriel, ¿quién es?". Me dijo: "El ángel de la muerte, Muhammad. Tal como ves, está siempre absorto en su trabajo, que eternamente consiste en apoderarse de las almas". Le dije: "Gabriel ¿todo aquel que muere lo ve?". "Sí", dijo. "Pues entonces la muerte es un asunto grande y difícil". "Sí, Muhammad, pero lo que sucede después de la muerte es un asunto más grande y más difícil".

Y, acercándome, anunció: "He aquí a Muhammad, profeta de Misericordias, el Enviado de los árabes". Entonces le saludé y me devolvió el saludo, mostrándome sus atenciones y sus gracias. "Muhammad, regocíjate de todo el bien que veo en tu comunidad". Dije: "Gracias a a Dios, el Dispensador me favorece". Luego, pregunté: ''¿Qué es la mesa que contemplas?". "En ella está escrito el destino de los seres", respondió. "Está decretado que yo examine el destino de cada cual y que cuando llega a su fin le tome el alma". Yo dije: "¡Alabado sea Dios! ¿Puedes tomar desde aquí el alma de los seres de la tierra sin moverte de tu morada?". "Si -respondió-, el vaso que ves ante mí es semejante al universo, y todas las criaturas de la tierra están ante mis ojos. A todos los veo, y mi mano a todos alcanza; así, cuando quiero, puedo arrebatarles el alma".
Seguí más allá del séptimo cielo hasta que llegué al Loto del Límite, un árbol inmenso. Un árbol plantado en el suelo, de tamaño extraordinario, más dulce que la miel y más delicioso que la nata. Sus hojas eran tan grandes como orejas de elefante. Del pie de este árbol salían cuatro ríos (15), dos aparentes y dos ocultos (bâtin). Gabriel dijo: "Los dos ríos aparentes son el Nilo y el Éufrates; los dos ríos secretos corren en el paraíso". Vi una luz cegadora que brillaba en aquel árbol, y una mariposa viva de oro, así como una multitud de ángeles cuyo número sólo Dios lo sabe. Gabriel me dijo: "Muhammad, ve delante". Dije yo: "¡Oh, no! Tú primero". Gabriel dijo: "Para Nuestro Dios Bienamado, eres tú más querido, y más digno que yo de avanzar". Entonces pasé delante y Gabriel seguía mis pasos, hasta que llegué al primer velo de los velos del Umbral del Todopoderoso. Gabriel tiró el velo diciendo: "Soy yo, Gabriel, y está conmigo Muhammad". Desde el otro lado del velo un ángel proclamó: "Dios es el más grande", luego pasó la mano por debajo del velo y me atrajo a sí, mientras Gabriel quedaba tras el velo. Le dije: "Gabriel, ¿por qué te quedas?" (16). Me dijo: "Muhammad, es éste el lugar que me corresponde, éste es el límite de la ciencia de las criaturas; el saber de las criaturas no puede extenderse más allá; llegado a este punto se detiene".
En un abrir y cerrar de ojos, el ángel me llevó de aquel velo al segundo, separado por una distancia de un siglo de viaje. De igual forma llamó, diciendo que era el guardían del primer velo y que Muhammad le acompañaba. El ángel del segundo velo exclamó: "¡Dios es grande!", pasó la mano por la cortina, me hizo pasar al interior, y en un abrir y cerrar de ojos me condujo al tercer velo, distante tres siglos de camino. Y así sucesivamente fui conducido al velo setenta. La anchura de cada velo equivalía a quinientos años de viaje; entre dos velos, la distancia era también de quinientos años. Dicen que estos velos están hechos de luz y tinieblas, de agua y nieve, y dicen también que algunos de estos velos son de perlas, otros, de mariposas de oro. (Según otra tradición, Gabriel estaba con él cuando atravesó estos velos).
Entonces vi una cortina verde (17) colgada de una cornisa, y su luz era tan brillante que eclipsaba a la del sol. Gabriel me puso en la cornisa y dijo: "He vagado por todos los pisos del paraíso, de arriba abajo, hasta que fui colocado en este trono. Contempla el Trono, la tabla guardada y los porteadores del trono divino y de los misterios de Dios, el Magnífico". Cuando llegué a esta estación fui acogido por Dios Todopoderoso.
Muhammad(sws) recibió revelaciones, contempló lo que contempló, y oyó lo que oyó. Fue testigo del estado (maqâm) de Proximidad divina. Su alma conoció el estado de des-cubrimiento de los misterios (mukâshifah); su corazón conoció el gozo del Testigo de Dios (mushâhadah). Su espíritu probó la dulzura de la Visión, y su secreto (sirr) llegó al estado de Unión. Al contemplar este universo, lleno de temor respetuoso, de majestad, de orden y de divinidad, perdió conciencia de sí mismo. Quedó perplejo y agachó la cabeza. De esto nada puede explicarse con palabras, y ni el espíritu ni el alma pueden concebirlo. Quedó estupefacto y perdido hasta que una gracia emanada del Umbral del Gran Señor, del Señor de la Gloria, que devolvió el orden a su corazón, le echó una mirada y le testimonió sus gracias y favores. Dios le dijo: "Mi profeta posee la fe en Mi libro, y ha transmitido Mi mensaje en la verdad, con rectitud, con exactitud" (18). Cuando Muhammad hubo oído aquellas palabras de gracia que Dios le prodigaba, y fue testigo de aquella bondad, se recobró y se irguió, su cuerpo se unió a su corazón, su corazón a su alma (jân), y su secreto a su yo sutil (zamir). Volvió a sentir ánimo, recobró el uso de la lengua y se acordó de su pueblo. Dijo esta aleya: "Y todos los creyentes tienen fe en Dios y Sus ángeles, en Sus libros y Sus Profetas. Y no hacemos ninguna distinción entre Sus profetas, como hacen los judíos y los cristianos" (19).
El profeta(sws) contó: "Después que hubimos cambiado confidencias con Dios, y que Él me hubo colmado de sus bondades, el que gobierna el universo ordenó: "Muhammad, vuelve a la tierra, di lo que has de decir y lleva el mensaje que has de llevar. Guarda esta cortina verde para que te cubras con ella y seas, por ella, elevado hasta el nivel del Loto del Límite".
Cuando volví al Loto del Límite, Gabriel me dijo: "Regocijate de la acogida, de la bondad, de la gracia y de la dignidad que has recibido por parte del Todopoderoso. Nunca un ángel de los más cercanos, ni ningún profeta misionado, llegó hasta la morada espiritual (manzilât) a la que has llegado, y nadie ha visto lo que tú. Da gracias a Dios Altísimo, sé agradecido, pues Él ama a los que Le dan las gracias". Entonces le referí a Gabriel una parte de las maravillas de la potencia divina que habia visto en tan alto lugar; le hice parte de aquel océano de agua, de fuego, de luz y de otras cosas, y él me dijo: "Son los baldaquines de Dios Altísimo, en medio de los cuales se encuentra el Trono. Si no hubiese esta pantalla, sus luces, y el resplandor de sus velos de oro, aniquilaría a todas las criaturas y muchas otras maravillas tan extraordinarias como nunca has visto". Yo exclamé: "Alabado sea Dios, el Inmenso, las maravillas de su creación son incontables". Pregunté: "Gabriel, esos ángeles que he visto en aquella mar inmensa, dispuestos en tantas filas, y cuya esencia parece de pura luz, ¿quiénes eran?". Gabriel dijo: "Eran los espirituales (ruhaniân), de los cuales dice el Señor Todopoderoso: El día de la resurrección, las almas y los ángeles estarán en filas". "Gabriel, he visto una muchedumbre inmensa en la mar altísima, que estaba ordenada por encima de todas las dignidades y se encontraba alrededor del Santo Trono. ¿Quiénes son aquellos seres?". Me dijo: "Son los querubines, los más nobles y más grandes entre los ángeles, Muhammad. Su misión es demasiado considerable para que pueda yo comprenderla o conocer su secreto".
Después de esto, Gabriel me tomó de la mano y me condujo a la puerta del paraíso para que yo lo viera, con sus grados y las moradas de los creyentes, los lugares que les estaban destinados y a dónde habían llegado. En la puerta del Paraíso había escrito esto: "Por una limosna diez veces la recompensa; por un préstamo, dieciocho veces". "Gabriel -dije-, ¿cómo es que prestar es mejor que dar limosna?". Y él dijo: "Porque el mendigo siempre pide dinero, lo necesite o no. Pero el que pide prestado sólo lo hace impulsado por la necesidad".
Luego entré en el Paraíso: vi casitas y castillos de nácar, de rubí y de esmeralda; las paredes eran de ladrillo de oro y plata, el suelo era de almizcle oloroso y el revestimiento era de azafrán. Vi un árbol de ramas de oro, hojas de seda, tronco de perla, y raíz de plata. Vi unos riachuelos, uno era de agua, otro de leche, otro de miel y otro de vino. También vi un río inmenso cuya agua era más blanca que la leche, más dulce que la miel y más perfumada que el almizcle; las piedras de su lecho eran perlas y rubíes. Gabriel dijo: "Muhammad, son el Kawthar y el Tasnim, a los que el Todopoderoso ha concedido la gracia de hacerlos tuyos. Su fuente está situada bajo el Santo Trono; por cada palacio, casa o mansión solariega de las moradas del paraíso pasa un brazo de estos ríos, de tal manera que se mezclan miel, leche y vino. Dicen que hay una fuente en la que beben los servidores de Dios y se vuelven luminosos por su luz".
Salí del Paraíso y deseé ver cómo era el infierno. Vi un ángel de rostro muy feo, cruel, iracundo y amargo. Sentí miedo de él y le pregunté a Gabriel: "¿Quién es ese, que al verlo soy presa de temor y espanto?". Gabriel me dijo: "No es asombroso, pues todos nosotros, los ángeles, sentimos ante él el mismo temor y espanto. Es Malik, el señor del infierno; en él no fueron creadas ni alegría ni felicidad, y jamás sonríe". Y le dijo: "Malik, éste es Muhammad; es el último profeta de los tiempos, el enviado de los árabes". Él, entonces, me miró, me saludó y cumplimentó y me anunció el paraíso. Le dije: "Dime cómo es el infierno". Respondió: "Lo cocieron mil años hasta que se puso al rojo, lo cocieron mil años hasta que se puso al blanco, lo cocieron otros mil años hasta que se puso negro. Ahora es negro, tenebroso como una montaña de fuego, y en él la gente se mata y se devora. Mohammed, si a un anillo de esta cadena de fuego lo pusieran sobre una montaña de la tierra, la quemadura fundiría la montaña como si fuera estaño, y llegaría hasta las entrañas de la tierra". Yo dije: "Malik, muéstrame una parte del infierno". Entonces me abrió un rincón de él: una llama de las llamaradas de la hoguera surgió negra y tremenda. El humo cubrió los horizontes, que quedaron sumidos en tinieblas. Sentí un espanto inmenso ante aquella cosa horrible, tanto que no puedo expresarlo. Viendo aquello, perdí el conocimiento, y Gabriel tuvo que sostenerme y ordenó a Malik que devolviera a su sitio aquel trozo del infierno (20).
El Profeta se alejó de aquel lugar, Gabriel lo tomó en sus alas y lo bajó al séptimo cielo. Encontró de nuevo a Moisés, que le dijo: "¿Qué te ha ordenado Dios Altísimo para tu comunidad?". Respondió: "cincuenta oraciones rituales cada día y cada noche". Moisés le dijo: "Muhammad, yo he visto a los hombres, los he conocido y puesto a prueba; los de tu comunidad son débiles y no tienen la capacidad de someterse a cincuenta oraciones. Vuelve y pide a Dios una reducción". Entonces se volvió Muhammad y pidió una reducción de diez oraciones. Volvió con Moisés y volvieron a hablar. Moisés le dijo otra vez lo mismo: su comunidad no tenía capacidad suficiente para cuarenta oraciones. Volvió atrás de nuevo y pidió otra reducción, y obtuvo diez oraciones menos. Después de haber ido cuatro veces a pedir una reducción, volvió a Moisés, y ésté le mandó de vuelta tras haberle repetido las mismas palabras. Muhammad se volvió y pidió una última reducción, de tal suerte que las cincuenta oraciones quedaron en cinco. Después de hacer ido cinco veces, y haber reducido a cinco las oraciones, Moisés le dijo otra vez que volviese atrás y consiguiera una reducción mejor. Entonces dijo Muhammad: "Después de todo esto me da vergúenza volver a la carga". Aceptó las cinco y se sometió (21). Luego, cuando dejó a Moisés, oyó una voz tras de sí: "He consolidado Mi orden y he perdonado a Mi servidor. Y el día en que creé el cielo y la tierra, hice obligatorias para tu pueblo cinco oraciones, y lo que he decretado no cambia, y recompensa cincuenta veces cada día de oraciones, diez veces cada acto bueno".
Según algunas tradiciones, el Profeta dijo: "Cuando volvía al cielo terrenal, miré bajo el cielo y vi polvareda y humo, y oí un canto hechizante. Pregunté: "Gabriel, ¿qué es eso?". "Son los demonios", dijo, "que se ponen ante los ojos de los hijos de Adán y les cierran las facultades de pensamiento y de reflexión para que no piensen en el mundo espiritual del cielo y de la tierra. De no ser así, ¿qué maravillas podrían contemplar?". Luego me llevó Gabriel con el pueblo de Moisés, aquel del que dijo el Todopoderoso: "Hay, en el pueblo de Moisés, un grupo que conduce la gente a Dios", y les hablé. Después de esto, volvimos al Templo de Jerusalén, a cuya puerta seguía estando Alborac. El Profeta montó, con Gabriel, que le condujo de vuelta a La Meca, y, allí, lo devolvió a su lecho (22). Aún quedaban varias horas para que terminase la noche. Gabriel dijo: "Muhammad, cuéntale a tu pueblo todo cuanto has visto entre los grandes signos y los poderosos misterios del Dios de Gracia". Muhammad dijo: "Gabriel, me tratarán de mentiroso y no me creerán". Gabriel respondió: "¿Y qué te importa a ti si ellos no creen?"
Notas
1-Gabriel, Miguel y Rafael son tres de los cuatro o cinco grandes ángeles enviados a los hombres. A Gabriel se le identifica las más de las veces con el Espiritu Santo, el Logos cuya revelación le fue transmitida al Profeta en forma de Corán. Rafael es el ángel del socorro y la guía espiritual (es él quien sujeta las riendas en el texto), pero según otras fuentes, este papel le corresponde a Miguel.
2-Según otras tradiciones, el Profeta sufrió esta operación en su infancia.
3-El Zemzem es la fuente milagrosamente descubierta por Ismael y su madre Hagar, la sierva de Abraham. Sigue manando cerca de la Kaaba, y su agua es sagrada.
4-Son dos montículos de La Meca que señalan una etapa importante en las deambulaciones rituales de la peregrinación.
5-Alborac, animal fabuloso, corresponde, a mi entender, a la facultad de imaginación activa que le permite al iniciado visionar, visualizar, las verdades metafísicas en su aspecto sensible, como formas puras, así como desprender del mundo material formas ideales pero no menos reales. Así el Espíritu Santo toma el rostro del Angel, y la ciudad de Jerusalén es contemplada en su forma arquetípica. No obstante, esta facultad no puede abrirse sin la intervención de una gracia sobrenatural, sin lo cual amenaza llevar a la locura o a la perdición. Por eso, primero, Alborac está agitada, y luego se calma ante la exhortación del Angel. Entonces, Muhammad, haciendo uno solo con su montura, empieza a evolucionar por el espacio terreno, o más bien por el reflejo imaginal de ese espacio, en la parte inferior del doble barzakh, al que toda forma terrena envía su imagen. Por eso durante el camino podrá ver la imagen de una caravana que se dirige concretamente a La Meca. Más tarde, después de haber dirigido la oración en Jerusalén, alcanza una región más elevada del barzakh, donde contempla, ya no el reflejo espiritual del mundo, sino aquel mundo de las formas-arquetipo del que los seres terrenales no son más que sombras hundidas en la materia. Allí descubre un aspecto del infierno provisional reservado a los malos antes de su comparecencia al Juicio Final y su condenación definitiva. Finalmente, en el estadio último, ya no hay Alborac, pues el encuentro con Dios no requiere la misma facultad visionaria sino que se produce tras pasar por los velos de tinieblas y los velos de luz, que evocan la noche de los sentidos, la aniquilación y supraexistencia.
6-Entiendo que la llamada de los judíos que viene de la derecha significa el rigor del dogma que conduce al farisaimo. La llamada de los cristianos a la izquierda, la religión del puro espíritu, que conduce a la trampa de las vanas especulaciones teológicas sobre la naturaleza de la trinidad, la divinidad de Cristo, etc... Los judíos quieren confundir a Muhammad, como habían hecho con Jesús, haciéndole preguntas que incumbían a la Ley exotérica. Los cristianos quieren hacerle una de aquellas preguntas que por aquel entonces habían dividido a la Iglesia suscitando disputas bizantinas.
7-Es el nombre antiguo de Medina, a donde emigraron los primeros musulmanes. Curiosamente, la misma ciudad aparece más adelante con su nombre nuevo.
8-Según otra tradición, le presentaron vino, agua y leche. El ángel le dijo: "Has sabido elegir la veradadera naturaleza primordial (fitrah). Dios salvaguardará por ti a tu comunidad". Según otra tradición, dijo: "Si hubieras escogido el vino, tu comunidad se habría extraviado, y si hubieses elegido el agua, se habría dispersado". Según Ibn 'Arabî, la leche simboliza siempre el conocimiento, el vino simboliza la ebriedad y el amor espirituales, y el agua la pureza receptiva del alma (cf. La Sagesse des Prophétes, de Ibn 'Arabí. Traducción y comentarios de Titus Burckhardt, París 1979, p. 160). Después de que le hayan lavado las entrañas, y que haya pasado la prueba de las tres tentaciones y las tres copas, Muhammad ha alcanzado el grado de pureza, de dominio y de sabiduría requerido para dirigir la oración de todos los profetas en la Jerusalén celestial. El hecho de dirigir la oración no señala realmente superioridad con respecto a los demás enviados, sino que más bien indica que, a partir de ahora, el Islam está consagrado como religión universal, con el privilegio que le corresponde en cuanto último mensaje divino y última revelación del pasado, a las que culmina y lleva a la perfección. No obstante, algunos místicos proponen otra interpretación: "Un día -cuentan- un grupo de místicos de la época habían venido a visitar a nuestro maestro Jalaluddin Rûmî. Uno de ellos le preguntó cuál era el misterio contenido en la tradición del profeta: "Dios Altísimo tiene un licor que ha preparado para sus santos: cuando lo han bebido, están embriagados, y cuando se sienten bien, se vuelven locos, etc.". Para saber cuál era aquel líquido, Rûmi respondió: "Cuando Muhammad (que Dios lo bendiga y le dé la Paz) recibió el favor particular a que alude el Corán con sus expresiones "a la distancia de dos tiros de arco o incluso más cerca", dominó las partes eminentes de las verdades, contempló con el ojo de la inteligencia la belleza y la perfección del Ser Supremo Único; tras haber descubierto las sutilezas indecibles y haber profundizado en los secretos de los tesoros inefables, le fueron enviadas por el Altísimo dos copas de luz, una llena de vino puro y otra llena de leche fácil de absorber, y se le indicó que debía escoger entre aquellas dos copas. El Profeta dijo: "He escogido la leche (para mí), y he ocultado el vino para los mejores de mí nación". En efecto, aquella época era el comienzo de los juicios traídos por los reglamentos de la ley canónica, y el refuerzo la base de las órdenes de la vía religiosa; conservó la copa mostrando el mundo de la verdad para los místicos de su nación y los espíritus distinguidos de su comunidad; del perfume agradable de aquel vino viene que algunos santos perfectos se desmayen durante los éxtasis y descubran (a los demás) los secretos". Aflaki: Les Saints des derviches tourneurs (trad. Cl. Huart, París, 1918, p. 179).
9-Con la Peregrinación a Jerusalén, que es también un viaje en el tiempo de las fuentes históricas del monoteísmo, comienza el viaje en la dimensión vertical, que lo conducirá a la fuente metafísica del monoteísmo: el frente a frente con Dios.
10-La palabra mi'raj, de origen etíope, significa escala, y, por extensión, ascensión.
11-Uno de los más célebres transmisores de tradiciones, contemporáneo del Profeta.
12-Esta ave extraordinaria es el arquetipo celestial de todos los cuerpos terrenales, la forma primordial cuya visión no puede percibirse más que con la imaginación activa. Su canto consiste en una alabanza a Dios. Según el Corán, toda criatura, excepto el hombre, está en constante estado de adoración.
13-En el Islam, a Aarón, hermano de Moisés, se le considera investido de misión profética.
14-Los profetas, así como el orden de su encuentro, varían según las tradiciones. Abraham ocupa el lugar más alto como fundador del monoteísmo.
15-Según algunos comentadores, estos cuatro ríos son las realidades ideales de la Forma y la Sustancia, de la Corporalidad y la Materia. También pueden significar los cuatro elementos de la Materia Prima (tierra, agua, fuego, aire).
16-Gabriel está obligado a detenerse allí porque sólo el hombre tiene el poder de elevarse tan alto. Tal poder dimana del riesgo que ha asumido de tomar una condición material que igualmente le permite caer más bajo que ninguna criatura.
17-En el simbolismo esotérico de los colores, después del negro luminoso de la aniquilación en Dios (fanâ) viene el verde esmeralda de la supraexistencia en Dios (baqâ). El verde es, pues, el color de la perfección.
18-Este pasaje evoca un principio importante de la mística islámica. Lo único que Dios espera de un ser es que cumpla escrupulosamente el trabajo que le ha encomendado. Sólo a condición de esto puede el hombre conformarse al deseo divino y recibir todas las gracias que se desprenden del contentamiento de Dios. Para él, ese conocimiento es el único fin y la más alta felicidad interior. Muhammad nunca apuntó a otra cosa que cumplir perfectamente su misión. Incluso en este instante inefable encuentra fuerza para recordarlo y aboga por su pueblo allí donde cualquier otro se hubiera sumido en el éxtasis, olvidándolo todo. Muhammad nunca aludió a su categoría espiritual; estaba totalmente sometido al designio divino, que aprendió a realizar sin añadirle ni quitarle nada, considerando suficiente el título de "servidor".
19-Señalemos que la tradición no dice qué vio de Dios el Profeta, sino que refiere solamente un diálogo. Más tarde, a los que le preguntarán, dirá que vio a Dios "con el corazon".
20-Mientras que la primera imagen del infierno era muy concreta, la segunda, en su simplicidad, es mucho más terrible, como si Muhammad hubiese vislumbrado la nada causada por el alejamiento del Principio.
21-El número cinco tiene una importancia particular en la tradición islámica: los cinco pilares de la fe activa, los cinco elegidos (Muhammad, 'Ali, Fátima, Hussein y Hassân), las cinco oraciones diarias, la estrella de cinco puntas y la mano de Fátima.
22-Según ciertas fuentes, el viaje fue tan breve en tiempo terrenal, que cuando el profeta volvió a encontrarse en su habitación acababa de vaciarse una jarra que se había caído en el momento en que Gabriel lo sacó del sueño.

Fuente: El Islam
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El mero saber no te ayudará

“El más castigado el Día de la Resurrección será el hombre de conocimiento por cuyo saber Dios no recibió beneficio alguno”. (Muhammad, hadiz inequívoco)
“Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. (Ali)

El mes sagrado de Ramadán ya va llegando a su fin y, al-hamdu li-Llâh, hemos cubierto, con la ayuda de Allah, nuestros objetivos de al menos una vez por semana, acudir a nuestra cita. Con la inestimable ayuda de nuestro mentor y referente Imam Al-Gazzali (qaddasa ‘Llâhu ruhahu/Dios santifique su espíritu) hemos aportado reflexiones en aras de estimular nuestra religiosidad pero sin descuidar en lo más mínimo al factor espiritual. Bien es verdad, en aras de una objetiva y consecuente realidad del Islam tradicional, lo uno no debería nunca estar disociado de lo otro, religiosidad y espiritualidad deberían ser cuasi sinónimos. De ahí a que siempre hemos insistido en huir  de aquello que denunciara acertadamente Roger Garaudy de una “fosilización del Islam” de la que, lamentablemente, hacen gala determinados grupos de musulmanes, anclados en una lectura tan rigorista como retorcida.
Tras el Ramadán, incha-Allah, retomaremos nuestras reflexiones, aunque probablemente más espaciadas en el tiempo, ¿quizás quincenalmente?, seguramente para estar más persuadidos de que tal vez podamos mejorar, siquiera mínimamente, nuestro probablemente más provechoso silencio. Allah proveerá, incha-Allah.
Hoy, en este tramo final de esta etapa, nos gustaría rescatar algunas ideas y sugerencias vertidas en su famoso opúsculo Ayyuhâ'l-walad, editado en España bajo el título “Carta al discípulo” de nuestro Imam Al-Gazzali en la que, entre otras cosas, nos advierte sobre los conocimientos inútiles, que aparte de ocupar espacio en nuestro disco duro, es estéril. La sociedad de la información ha dado paso, –según nos cuenta la profesora Carmen Pardo en su último trabajo publicado en la editorial Laertes– a la sociedad del conocimiento. Y, según esta profesora de la Universidad de Barcelona, “a través del conocimiento se accede a la emancipación y al espíritu crítico”. Tan crítico que al final nada es importante y todo es relativo.
Ya se lo temía nuestro Profeta Sidna Muhammad (Sálla llähu ‘aláihi wa sállam/la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando en un hadiz nos decía: “Oh Dios mío, líbrame de todo conocimiento inútil”. Esa era la preocupación de uno de los discípulos de nuestro Imam Al-Ghazali, que concluidos sus estudios, le escribe una misiva desde la distancia a su maestro, consultándole y pidiéndole consejos. Si bien ya había estudiado la obra magna de su maestro Al-Ghazali, “La vivificación de las ciencias religiosas” (Ihya Ulum Ad din) y demás obras, donde “contienen las respuestas a mis preguntas, mi interés es que el Maestro escriba lo que necesito en unas cuantas páginas que me acompañen por el resto de mi vida, para obrar según ellas en los años que me queden, si Dios Altísimo así lo quiere”, dice en la carta el discípulo. Carta a la que contestaría Imam Al-Ghazali y que posteriormente se convertiría en un pequeño opúsculo reeditado infinidad de veces, hasta el extremo de haberse convertido en el libro más leído en el mundo musulmán después del Corán.
Probablemente abrumado nuestro Imam Al-Ghazali ante tal responsabilidad, lo primero que le recuerda y aclara a su discípulo en su contestación es que “tenemos consejos evidentes en el Modelo de los Mensajeros”, referido al Profeta Sidna Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). “Si ya has recibido consejo de él, ¿qué autoridad puede tener mi consejo para ti?” después de años de estudios de los fundamentos del Islam. Y sentencia: “Y si todavía no lo has recibido, dime ¿qué has ganado en estos últimos años?”. A partir de esta premisa, nuestro maestro fundamenta toda su carta sobre la base del legado de nuestro Profeta. Todo conocimiento del musulmán que mínimamente se precie en su fe islámica ha de estar absolutamente mediatizada por las enseñanzas que nos ha legado Sidna Muhammad (paz y bendiciones), y sobre todo al amor incondicional a su persona, al que Allah llamó Habibi, “mi Amado”.
“Un indicio de que Dios Altísimo ha abandonado a su siervo es que éste se ocupe de lo que no le atañe; y si pierde una hora de su vida ocupado en algo ajeno a la devoción para la que fue creado, entonces merece la prolongación de sus sufrimientos”. Pero esta consideración adquiere mayores proporciones de dramatismo al afirmar que “quien pasa los cuarenta años sin que sus virtudes hayan dominado sus vicios debe prepararse para el fuego”.
Se lamenta Imam Al-Ghazali en cuanto que dar consejos es sencillo, “lo difícil es recibirlo”. Sobre todo para aquellos que están mediatizados por sus propios deseos, “pues lo prohibido es dulce para sus corazones”. Y esta reflexión va dirigida especialmente a los que merodean cautivados con los logros de “las ciencias convencionales”, embriagados, cuando no extraviados “con la satisfacción de su alma y los logros del mundo, creyendo que su mera ciencia lo salvará, que en ella está su redención y que no tiene necesidad de actuar”. Craso error, a decir de nuestro maestro, ya que la responsabilidad de un creyente adquiere mayores proporciones al ser portador de conocimiento. En el Islam, el conocimiento es un agravante si no reaccionamos consecuentemente.  Imam Al-Ghazali le recuerda y advierte a su discípulo que si se “adquiere un conocimiento y después no lo pone en práctica, luego este será usado como una prueba en su contra”. Subraya estas palabras con un hadiz inequívoco del Profeta: “El más castigado el Día de la Resurrección será el hombre de conocimiento por cuyo saber Dios no recibió beneficio alguno”.
Entre otros consejos a los que se refiere nuestro Imam Al-Ghazali para con su discípulo le decía/nos dice “Oh hijo mío, no te arruines por falta de actos, cuida que no te falten tampoco arrebatos místicos, y ten la certeza de que el mero saber no te ayudará”. Pero para afianzar con más énfasis esta aseveración Imam Al-Ghazali nos recuerda:
“Aunque estudiaras cien años y reunieras mil libros, no te beneficiarías de la misericordia de Dios Altísimo sino por tus actos”, da un paso más con una sentencia inapelable citando el Libro Sagrado:
“Y que el hombre sólo obtendrá aquello por lo que se esfuerce” (Sura del Astro 53: 38).
La sumisión a Allah, insiste Imam Al-Ghazali, es la clave fundamental para alcanzar la misericordia del Altísimo por eso dice: “la fe es, en la lengua, una palabra, en el corazón, una creencia y, en los cinco pilares, acción”. Y nuevamente apuntala esta aseveración recurriendo al Libro Sagrado: “La misericordia de Dios está cerca de quienes obran bien” (Sura al-‘Araf 7: 55). Pero a veces el camino de la fe, explica con otras palabras nuestro maestro, está lleno de obstáculos, en no pocas ocasiones inclusive tortuoso, y ello hará flaquear a unos, a otros dudar, por eso se pregunta nuestro Imam Al-Ghazali “¿estará en paz sin perder la fe o no? ¿acabará frustrado y arruinado?”. Al-Ghazali en aras de ilustrar significativamente sus consejos dice: “Se cuenta que un hijo de Israel había servido a Dios Altísimo durante sesenta años. Y quiso Dios Altísimo probarlo a los ojos de los ángeles, y así envió uno a decirle que, a pesar de su servicio, no le tocaba entrar al Jardín. Y dijo el siervo: ‘Nosotros hemos sido creados para el servicio, y es nuestro deber servir’. Cuando el ángel volvió, dijo: ‘Dios mío, Tú sabes mejor cuál fue su respuesta’. Y dijo Allah/Dios Altísimo: ‘Puesto que él no se apartó de Nuestro servicio, Nosotros, con Nuestra Gracia, no Nos apartaremos de él. ¡Sed testigos, ángeles míos, de que ya lo he perdonado’”.
En este sentido va dirigido el siguiente hadiz del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Pedid cuentas a vuestras propias almas antes de que os sean pedidas, y pesad vuestras acciones antes de que os sean pesadas”. Por su parte Ali (karrama Allahu wayhuh/Dios santifique su rostro) dijo: “Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. El hijo de Ali y nieto del Profeta, Hasan, (radiha allähu‘anhu/Dios se complazca de él) dijo: “Un indicio de una comprensión directa y profunda de la verdad es el olvidarse de los actos sin olvidar ejecutarlos”. En este orden de cosas dijo el Enviado de Dios “Es perspicaz quien sojuzga su propia alma y actúa con vistas a lo que hay después de la muerte, y es estúpido quien sigue sus propios deseos y se confía a la idea de que Allah/Dios Altísimo le cumplirá sus anhelos”.
Todas esta referencias del Islam darán y dan la firmeza que precisa Imam Al-Ghazali para apuntalar firmemente sus desvelos: “Oh hijo mío, ¿cuántas noches has pasado en vela repasando tus lecciones, escudriñando libros y privando a tu alma del sueño? ¿Para qué? No entiendo cual era el motivo de todo eso. Si era para obtener los honores del mundo y por la atracción de sus chucherías, y para conseguir sus rangos y luego vanagloriarte frente a tus compañeros y amigos, ¡hay de ti!, y ¡hay de ti! Pero si tu propósito era hacer algo vivo de la ley del Profeta (sálla llähu ‘aláihi wa sállam), enmendar tu carácter y quebrar esa alma tuya, ‘que pide el mal’, entonces bendito seas, y ¡bendito seas!”. Subraya sus palabras aludiendo al poeta anónimo que decía en referencia a Allah/Dios (Subhanahu wa ta’ala/Exaltado y enaltecido sea): “Si no es por mirar Tu Rostro / en vano velan los ojos; / si no es por llorar tu pérdida / en vano lloran”.
Que Allah nos ilumine y guíe. Assalamu alaikum.

 
Autor: Abdelkader Mohamed Alí.
Publicado en el periódico Melilla hoy, 01/08/2013.
Fuente: WebIslam
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JADIYA BINT JUWAILID: Madre y esposa ejemplar


Hablaremos ahora de Jadiya, esa mujer elegida por Allah para ser la esposa de Muhammad, el sello de la profecía.

Fue la primera persona que creyó en él y en su Mensaje; quien más le amo, le confortó y ayudó, gastando toda su fortuna en favorecer el triunfo de su misión profética.

Un día, antes de que descendiera el mensaje del Islam, había un grupo de mujeres cerca de la Ka’bah conversando. De repente se acercó a ellas un hombre y les dijo:
-¡Oh mujeres de Taimá! Aparecerá en vuestro país un profeta que se llamará Ahmad y vendrá con el Mensaje de Allah. Así, pues, si una de vosotras fuese elegida para ser su esposa, que se tenga por la más dichosa de las mujeres.

Hubo algunas que se rieron, y otras que le gritaron e insultaron, y aún otras que le tiraron piedras, hasta que se alejó de aquel lugar. Solamente una de ellas se quedó sentada guardando silencio, siguiendo al hombre con la mirada y pensando en sus palabras. Se llamaba esta mujer Jadiya bint Juwailid, la más respetada de entre las mujeres del Quraish por su inteligencia y firmeza. La gente de Mekka le había apodado "la pura", "la respetable". En aquel momento, no podía imaginar que sería ella quien ganase tal honor.

Creció  Jadiya  en el seno de una de las familias del Quraish  más respetables de Mekka. Era conocida como una joven con un fuerte intelecto y una exquisita educación.


Su primer esposo fue Abu Hala. Tuvieron una hija a la que pusieron por nombre Hind. Al poco tiempo murió Abu Hala y se casó Jadiya con Utaiqu bin Abid. Tuvo otra hija con él a la que también llamó Hind, de ahí que solieran llamarle "la madre de las dos Hind". Cuando murió su segundo esposo, decidió no volverse a casar y dedicarse de lleno a sus hijas y a sus negocios. Pero el destino, su gran destino, le estaba esperando. En aquellos días, Muhammad se encontraba en edad de contraer matrimonio, y hacía ya un tiempo que se dedicaba al comercio. Jadiya, por su parte, era una próspera comerciante que solía contratar a algún experto caravanero para que dirigiera sus caravanas, a cambio de lo cual recibía éste un porcentaje de las ganancias. En estas circunstancias le llegó la noticia de un joven llamado Muhammad, digno de toda confianza, sincero y fiel. Enseguida le mandó llamar y le ofreció llevar sus caravanas a Bilad’e Sham. A cambio, le daría más porcentaje del beneficio del que solía dar a otros. Esta era una gran oportunidad y Muhammad aceptó la oferta de inmediato.


Partió con un criado de Jadiya llamado Maisará. Una vez llegados a Bosra (cerca de Sham), vendieron toda la mercancía que llevaban y compraron los artículos que Jadiya les había ordenado. El criado Maisará estaba encantado con la compañía de Muhammad, y sentía la baraka que le rodeaba. Volvieron a Mekka con el doble de la ganancia que habían calculado que obtendrían. Esta noticia alegró mucho a Jadiya, así como el relato que Maisará le hizo del viaje, acentuando el buen comportamiento y la baraka que acompañaba a Muhammad. Según los historiadores, éste no fue el único viaje que realizó Muhammad para Jadiya, pues varias veces le envió a un mercado que se celebraba periódicamente en una zona llamada Taimá, acompañado de un hombre del Quraish. Recordando esos días, el Profeta Muhammad (s.a.s) comentaría:
No he conocido nunca una mujer mejor que Jadiya. Cuando regresábamos de los viajes, había siempre comida, fruta y de los más deliciosos manjares esperándonos.
En el transcurso de esta relación comercial, Jadiya advirtió que ese joven llamado Muhammad era muy diferente de los otros. Vio en él todas las características de un carácter perfecto. Y como era tradición entre los árabes, mandó a una persona de confianza para que le hiciera saber, francamente y sin ambages, su deseo de casarse con él.  Esta persona era su amiga Nafisa bint Munia. Ella misma nos relata el suceso:
Jadiya era una mujer muy resoluta, de fuerte carácter, honrada y trabajadora. Entre los dones que Allah le había otorgado estaba el de pertenecer a una de las más dignas y ricas familias del Quraish. Todos los hombres deseaban casarse con ella. Era la mujer más pretendida de la ciudad.
A la vuelta de uno de los viajes de Muhammad a Sham, me envió a él Jadiya secretamente y le dije: “¿Qué te impide casarte?” Me contestó: “No tengo nada que me permita casarme.” Le dije: “Y si quisiera casarse contigo una mujer rica, hermosa, honrada e independiente, ¿aceptarías casarte con ella?” Muhammad preguntó: “¿Quién es esta mujer?” Le respondí: “Jadiya." Muhammad dijo: “¿Cómo puede llevarse a cabo este matrimonio?” Le dije: “Déjalo de mi cuenta.” Entonces Muhammad dijo: “De acuerdo.”


Y así fue como sucedió. Se casó la mujer más honrada de entre las mujeres del Quraish, la pura, Jadiya, con el más honorable de los hombres, el sello de la Profecía, Muhammad (s.a.s).


Jadiya fue su apoyo y sostén en los momentos de mayor dificultad. Puso su propia persona y todos sus bienes al servicio del Profeta para favorecerle en su misión.


Cuando contrajeron matrimonio tenía Jadiya 40 años y el Profeta 25.


Allah les concedió un hijo al que llamaron al Qasim y de ahí viene el apodo que le dieron a Muhammad de "Abul Qasim". Cuando alcanzó la edad de caminar, Allah lo reclamó para Sí. El corazón de sus padres se entristeció grandemente, para después someterse sin reservas al destino que Allah había querido para su hijo. Más tarde, Allah recompensaría a Jadiya con el nacimiento de una hija, Zainab. Después llegó Ruqaiya y finalmente Um Kulzun. Dedicó Jadiya todo su tiempo a criarlas.


En la misma casa vivía un niño que se llamaba Zaid bin Hariza, quien servía a Jadiya. Cuando notó que Muhammad amaba mucho a ese niño, lo liberó y se lo dio a su esposo. Muhammad lo adoptó, convirtiéndole en su hijo y el de su esposa Jadiya. También vivía en esta casa Baraka (Um Ayman), quien más tarde se convertirá en la esposa de Zaid.


Un tiempo después, Muhammad tomó a su cargo a su sobrino Ali ibn Abu Talib, entonces un niño, para aligerar la carga de su tío, un hombre pobre que tenía muchos hijos. Jadiya fue hasta su muerte como la segunda madre de Ali, tratándole con la misma ternura con la que hubiera tratado a su propio hijo. Diez años después de estar casados, Jadiya dio a luz a Fátima, la hija que más se parecía a su padre.


No era fácil hacerse cargo de esta gran familia, pero Jadiya se ocupó de ella de la mejor manera posible. Los niños crecieron en mutuo amor como si fueran hermanos e hijos todos de los mismos padres, siempre bajo la protección y el cuidado de Jadiya.


Cuando sus hijas alcanzaron la pubertad, empezó Muhammad sus retiros. Salía de Mekka y se dirigía a una cueva en la falda de un monte que daba a la ciudad llamado Al Ghar Hirar, con el fin de adorar a Allah y dedicarse a la meditación, alejado de todos y con el corazón anhelante del Señor de todos los mundos.


Allah estaba, así, preparándole para el gran mensaje que iba a recibir y a transmitir al resto del mundo, siendo Jadiya su mejor sostén. Ella se cuidaba de que no le faltase comida ni bebida en sus retiros. Cuando tardaba mucho en volver, ella misma le llevaba los víveres, más de lo que necesitaba, pues parte de estos víveres solía dárselos a los pobres que le visitaban.


Nunca se quejó Jadiya ni le reprochó nada a su esposo Muhammad, antes bien se sentía plenamente satisfecha cuando le veía feliz. Quizás sentía que Allah estaba preparando algo grande para él.


Así, cuando llegó este gran día, Muhammad se demoró en la cueva más de lo habitual. Jadiya tuvo la premonición de que algo había pasado. Mandó, pues, a llamarle. Al rato regresó Muhammad a su casa temblando y diciendo:
- Cúbreme, cúbreme!


Cuando se hubo serenado, le contó a Jadiya lo sucedido en la cueva:
- Vino hasta mí un ser luminoso que me anunció que Allah me había elegido para ser Su Mensajero. Me enseñó a hacer las abluciones y cuando regresé purificado me ordenó: “¡Lee!” Yo le respondí: “No sé leer.” Entonces él me agarró entre sus brazos y me apretó con fuerza repitiendo: “¡Lee!” Yo volví a responderle: “Pero, no sé leer.”  Volvió  el  ángel  a  apretarme con fuerza contra él y a ordenarme “¡Lee!” Yo le repetí: “No sé leer.” Volvió a apretarme más fuerte esta vez y me dijo: “¡Lee en el nombre de tu Señor, Aquel que creó, creó al hombre de un coágulo. Lee, pues tu Señor es el más generoso, El que enseñó con el cálamo, enseñó al hombre lo que no sabía…”


Jadiya no sintió temor al escuchar este relato y le dijo:
- No temas, pues Allah jamás te abandonará. Visitas a los familiares, ayudas a los huérfanos y a los más pobres. Recibes con generosidad a los huéspedes y luchas contra la injusticia.
Y así continuó hablándole hasta que su esposo se fue tranquilizando.


Jadiya conocía sus cualidades mejor que nadie y creía que era la persona más digna de recibir esta misión divina. Para tranquilizarle aún más, se fue a donde estaba su primo Waraqa bin Naufal, quien había abandonado la adoración de los ídolos y se había convertido al cristianismo. Éste hombre había oído de los judíos la eminente llegada de un profeta. Jadiya le dijo:
- ¡Oh primo mío! Escucha lo que tiene que contarte Muhammad.
Entonces, Muhammad le relató lo sucedido. Waraqa dijo:
- Este es el Namus que Allah reveló a Musa. ¡Ojalá esté vivo cuando tu gente te rechace!
El Mensajero de Allah respondió:
- ¿Acaso piensas que me van a expulsar?
Respondió Waraqa:


- Sí, todos los enviados que te han precedido han sido expulsados. Y si cuando llegue ese día estoy vivo, te ayudaré con todas mis fuerzas.
Al escuchar estas palabras, el Mensajero de Allah sintió un gran alivio en su corazón. También comprendió la tremenda responsabilidad que había recaído sobre él.


Esto hizo que Jadiya se entregase aún más en servir al Profeta (s.a.s), animándole a mantenerse firme en su divina misión.
Hasta tal punto estuvo Jadiya unida a esta responsabilidad profética de Muhammad, que un día el ángel Yibril le dijo a Muhammad:
- Manda a Jadiya el saludo de su Señor.
El Mensajero de Allah (s.a.s) le llevó a su esposa este mensaje diciéndole:
- ¡Oh Jadiya! Este es Yibril que te trae el saludo de tu Señor.
Jadiya respondió:
 - Allah es paz y de Él viene la paz, y sea sobre Yibril la paz.
Descendió la luz sobre la casa del Profeta y creyeron todos en él y le siguieron, soportando las penalidades que acarreaba la transmisión del mensaje divino.


Jadiya fue la primera persona que escuchó de labios del Profeta la Revelación. Y fue la primera en aprender a hacer el wudu y la primera en hacer la salah.


En el comienzo de la misión divina de Muhammad hubo enormes dificultades, pero Jadiya supo en todo momento mostrar su discreción, inteligencia y recato.


Se alegraba infinitamente a cada nuevo converso que aceptaba el Islam, y suplicaba a Allah para que mantuviera firme a su esposo.
Cuando le llegó al Profeta Muhammad la orden de su Señor de anunciar el mensaje públicamente, la vida en casa del Profeta (s.a.s) se volvió mucho más dura. Los idólatras de Mekka declararon la guerra a Muhammad y a sus seguidores. Primero empezaron con advertencias para que abandonasen el Din de Allah, pero cuando esto no dio resultado, pasaron a las torturas y el asesinato. Comenzó una insoportable persecución contra los nuevos adeptos.


El Quraish desarrolló la estrategia de atacar fundamentalmente a la casa del Profeta (s.a.s). Fue especialmente activo en este sentido su tío Abu Lahab. Lo primero que hizo fue ordenar a sus dos hijos, Utba y Oteiba, que se habían casado con dos de las hijas del Profeta (Ruqaiya y Um  Kulzun), que las divorciasen, pensando que de esta forma desistiría el Profeta de su misión. Utba y Oteiba no sólo acataron el deseo de su padre, sino que también insultaron al Profeta y lo calumniaron. Por su parte, Jadiya contemplaba con tristeza lo que les había sucedido a sus dos amadas hijas. Pero lo que más le hacia sufrir era la actitud de la gente hacia Muhammad. No obstante, soportó todas las dificultades y tuvo ánimo para consolar a sus hijas, sabiendo que después de la dificultad viene la facilidad. Y así fue, pues Allah las recompensó casándolas con uno de los Compañeros más amado del Profeta, Uzman bin Afán (primero se casó con Um Kulzun, y a su muerte desposó a la otra hija del Profeta, Ruqaiya).
Después de haber recibido la Profecía, Jadiya tuvo un hijo al que llamaron Abdullah, y más tarde Attaib, pero murió siendo todavía un bebé.  De  nuevo Jadiya mostró una de sus grandes virtudes -la paciencia.


Su afán por ayudar y servir al Profeta (s.a.s) en su misión le hacía olvidar todas sus penalidades y sufrimientos.


Es difícil describir con palabras aquel ánimo inquebrantable ante las dificultades que sufría el Profeta. Fue su consuelo en todo momento.


Allah hizo de Jadiya el medio para disminuir el sufrimiento del Profeta, pues cuando éste oía cómo le difamaban o le desmentían, sentía una profunda tristeza, pero al llegar a casa, Jadiya le reafirmaba y le infundía nuevas fuerzas y nuevos ánimos para seguir su difícil tarea.


Por todo ello, Jadiya recibió la buena nueva de que Allah le había concedido una hermosa morada en el Paraíso. Dijo el Profeta:
- Me fue ordenado que anunciase a Jadiya la buena nueva de que se le había concedido una casa en el Paraíso, construida de nácar y en la que no había ruido ni fatiga.
La persecución llegó a tal punto que el Profeta ordenó a sus Compañeros que partiesen a Abisinia con el fin de preservar su fe. La paciente Jadiya despidió a su hija Ruqaiya que también partió con su esposo Uzman.


En el año 8 después de comenzar Muhammad su misión, el Quraish acordó infringir un boicot contra el Profeta, su familia y sus tribus - los Bani Hashim y Bani Al Muttalib. Ni compraban sus mercancías ni les vendían las suyas, cortando toda posibilidad de matrimonios con otros que no fueran de sus tribus. Fue un boicot económico y social para acabar con la resistencia de los musulmanes.


Abandonaron sus casas y se fue Jadiya con su familia a Ash-shi'b, un lugar en Mekka entre las dos montañas, soportando el duro asedio al que fueron sometidos.


De vivir con holgura pasó a no tener ni casa. De ser ella la que constantemente daba comida a los necesitados, tuvo que  pasar  hambre,  quedando  exhausta. Sin embargo su fuerte iman y el gran amor que sentía por el Profeta y por su misión eran una fuente inagotable de donde manaba su paciencia y su sacrificio.


Lo que más le hacía sufrir no era su situación sino ver el sufrimiento del Profeta de la misericordia (s.a.s), pues pensaba que si la gente de Mekka le conociera tan bien como ella, o hubiera visto en él lo mismo que ella, le protegerían con su propias vidas.


Pasaron los tres años del boicot y cada día Jadiya estaba más débil. Tenía 65 años y escuchaba las palabras del Profeta con la certeza de que Allah le daría el triunfo. Sin embargo, Allah quiso que su papel en la vida de Muhammad llegase a su fin sin ver la victoria
. 
Poco después moría su tío Abu Talib que tanto le había apoyado. Estas dos muertes mermaron la alegría que sintieron los musulmanes cuando acabó el asedió de los Quraish.


Jadiya había estado con el Profeta (s.a.s) cuando éste se encontraba solo, en los momentos más duros y críticos, cuando más necesitaba apoyo y consuelo. El Profeta no la olvidó ni un solo día de su vida. Solía decir:
- Creyó en mí cuando todos me daban la espalda. Me consoló con su riqueza mientras la gente me negaba hasta lo más mínimo. Y Allah me dio todos mis hijos de ella.


Muhammad mantuvo siempre buena relación con la familia de Jadiya y sus parientes, alegrándose mucho cuando alguno de ellos le visitaba. Nunca sacrificaba un animal sin mandarles una parte. Aisha dijo una vez:
- Nunca tuve celos de las esposas del Profeta excepto de Jadiya, aunque no llegué a conocerla.
Dijo:
- Cuando mataba un cordero, siempre decía: “Llevar estos trozos de carne a los familiares de Jadiya.”
Añadió:
- Un día enfadé al Profeta. Dije: “Jadiya, Jadiya… Siempre Jadiya”.
El Profeta respondió:
- “En verdad que se me ha hecho amarla.”
(Sahih Muslim)


Autor: Abu Bakr Gallego
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