El Asno Roñoso de la Cola Cortada / Mangy Ass with the lopped-off tail
Piel / músculo / hueso
En el ser humano la espiritualidad es indefectiblemente
corporal; no existe espiritualidad humana sin cuerpo, acorporal, ese es el
patrimonio exclusivo si cabe de los ángeles (seres sin cuerpo). Por ello, la
humanidad se ha inventado a lo largo de los siglos un sinfín de movimientos,
gimnasias, ejercicios, danzas,…, rituales sagrados, en su búsqueda de lo
inefable.
A nivel corporal, la estructura que mejor representa lo
espiritual es el hueso, en lo más interior del cuerpo. El hueso es lo más
profundo, lo más estructural -valga la redundancia-, de la constitución humana.
En el ser vivo, el hueso viene recubierto necesariamente por el músculo, y éste
a su vez por la piel, como estructuras básicas. Para que el hueso (lo
espiritual) pueda conectarse con el exterior, debe atravesar obligatoriamente
el músculo y la piel, siendo el músculo la estructura que mejor manifiesta la
fuerza (de la voluntad), relacionado también con el grado de implicación o
compromiso, y la piel (junto con todos los órganos de los sentidos), donde
reside la sensibilidad. También lo podemos ver a la inversa: en el proceso
hacia la espiritualidad, hay que profundizar desde lo más superficial, la piel
(la sensibilidad), hasta lo más profundo, el hueso, pasando por el músculo (el
compromiso).
Piel, músculo y hueso suponen estados de consciencia
diferentes en profundidad.
Los tejidos corporales principales nos indican esos 3
niveles básicos de profundidad: - la piel, el nivel más superficial, donde
reside la sensibilidad y los sentidos, la percepción sensorial, la conexión con
el exterior; - el hueso, el nivel más profundo o interior; y, entre ambos, - el
músculo, nivel que hay que atravesar para llegar de la piel (sensibilidad) al
hueso (espiritualidad), o, viceversa, para conectar el hueso (la
espiritualidad) con el exterior, a través de la piel (la sensibilidad).
Piel – músculo – hueso
configuran un recorrido desde lo más exterior hacia lo más interior del
ser humano, desde la sensibilidad a la espiritualidad, pasando obligatoriamente
por una zona intermedia (el músculo), que se relaciona con el compromiso.
El hueso es la estructura básica, el esqueleto del edificio
humano, pero, paradójicamente, es frágil y rígido a la vez; precisa, para poder
moverse, por un lado, de las articulaciones (las conexiones entre los huesos),
para realizar un movimiento libre (aunque pasivo), y, por otro lado, de los
músculos, para conseguir que el movimiento sea activo, voluntario. La libertad
de movimiento reside en las articulaciones, que compensan la rigidez de los
huesos, y permiten que se doblen/dobleguen sin romperse. El músculo, en cambio,
le da la fuerza (que le falta) al hueso, la consistencia, para evitar que se
quiebre, para compensar su fragilidad. Ambos, articulaciones y músculos, por
mecanismos distintos, otorgan flexibilidad a los huesos. Los huesos sin las
articulaciones no podrían doblarse, moverse, por su rigidez; sin los músculos,
se quebrarían fácilmente, se fracturarían, por su fragilidad. A su vez, el
músculo (el compromiso) sin el hueso (lo espiritual) no tendría estructura de
sostén, sería una masa amorfa; el hueso le confiere al músculo la forma, el
molde donde sujetarse, anclarse, haciendo las veces de contenedor, y le da
sentido a su fuerza (objetivo a su compromiso), al posibilitar el movimiento
activo del esqueleto. La piel, a su vez, les proporciona al músculo y al hueso
sensibilidad para conectarse con el exterior; sin ella, el músculo es fuerza
bruta (animal, violenta), y el hueso (lo espiritual), una quimera, una utopía,
por su desconexión del exterior.
Pinocchio (los
títeres en general) es un arquetipo de la espiritualidad sin músculo; su
estructura de madera remeda el esqueleto óseo, también con sus articulaciones,
pero no puede moverse por sí mismo, tiene libertad (de movimientos), pero no
tiene voluntad propia, no puede ejercer esa libertad, depende de su creador,
del titiritero que lo maneja a su antojo; y, aún cuando cobra vida, sus
movimientos no tienen flexibilidad, son rígidos, por esa ausencia muscular.
Por analogía, podemos decir que la espiritualidad per se,
sin compromiso ni sensibilidad, es frágil y rígida, inflexible como el hueso.
El fanatismo religioso no es más que una expresión de la espiritualidad sin sensibilidad
(hueso sin piel), que con compromiso (músculo) puede llevar hasta el extremo de
la autoinmolación, y sin compromiso, hasta el delirio religioso. La
espiritualidad con compromiso pero sin sensibilidad (hueso con músculo pero sin
piel) es fuerte y flexible a la vez, pero sin relación con el exterior, con el
entorno, con las necesidades reales de la sociedad donde reside.
Y la espiritualidad con sensibilidad pero sin compromiso
(hueso con piel pero sin músculo) es espiritualidad “light” (al estilo New Age, Nueva Era), conectada con el entorno, con consciencia de las
necesidades de la sociedad, pero sin fuerza de resolución y/o sin ganas de
implicarse, de comprometerse (sin músculo), eso sí, con una gran preocupación
egocentrista (de “crecimiento personal/evolución espiritual”, por supuesto) y
una gran sensibilidad, ecológica entre otras.
Etiquetes de comentaris:
Psicología/Espiritualidad
EL GRAN TESORO DE LA HIKMA
Poco antes de que se
insinúe la primera luz del alba desciende sobre los que están despiertos y
recuerdan a su Señor de pie, sentados o acostados, una apacible somnolencia, una
calma y una serenidad que tan propicias son para recibir en los corazones la
inspiración que nos permita comprender la forma de aplicar en nuestra vida la
sabiduría contenida en las aleyas del Qur-ân.
Y hace falta inspiración
porque a veces algunas de esas aleyas que de forma tan explícita nos informan,
por ejemplo, de la labor del Profeta Muhammad (s.a.s), de su encomienda, no
dejan de contener una cierta dosis de significados implícitos; y no porque no
haya obviedad en ellas, sino porque de la misma forma que Allah el Altísimo a
través de un fenómeno visible -“Hacemos que la noche penetre en el día y que el
día penetre en la noche”- nos aclara parte del mecanismo cósmico, de la misma
manera, decimos, nos puede hacer caer en la cuenta de una verdad general a
través de una mera concatenación de palabras, como es el caso de la siguiente
aleya:
¡Señor nuestro! Envía
un mensajero de entre ellos que les recite Tus Aleyas y les enseñe el Libro y la
hikma y los purifique. En verdad que eres El Poderoso, El Sabio.
Qur-ân 2:129
De esta forma suplicaba
Ibrahim (a.s) a nuestro Señor hace miles de años y le pedía para los musulmanes
del futuro, para los creyentes, para los que se han sometido con todo su ser a
la Voluntad de Allah el Altísimo, lo mejor: “Un mensajero de entre ellos que
les recite Tus Aleyas y les enseñe el Libro y la hikma y los purifique.” Y
eso fue lo que su Señor hizo generación tras generación al haber aceptado la
súplica de Su siervo, de Su amigo íntimo (al-Jalîl):
Ten paciencia con lo
que dicen, y recuerda a nuestro poderoso siervo Daud (lleno de energía y
vigor)… Fortalecimos su reino y le dimos hikma y acierto en sus veredictos.
Qur-ân 38:17-20
Dijo: “¡Señor mío! Voy
a tener un hijo siendo que ningún humano -bashar- me ha tocado.” Dijo: “Así
será, pues Allah crea lo que quiere; cuando decreta un asunto Le basta con
decir: ¡Sé! Y es.”
Qur-ân 3:47-48
De la misma forma, os
hemos enviado un Mensajero surgido de entre vosotros que os recita Nuestras
aleyas, os purifica, os enseña el Libro y la hikma, y lo que no sabíais.
Qur-ân 2:151
Lo primero que nos
sorprende de estas aleyas es que se hable de hikma habiendo un Libro revelado en
el que está contenida toda la sabiduría y toda la información que necesita el
hombre para atravesar esta existencia sin conflictos mayores y con plena
consciencia de su significado, de su sentido. Podría dar la sensación de que lo
que realmente se está diciendo es que ese Libro, todos, son incompletos y
necesitan algún tipo de apoyo. Sin embargo, lo que Ibrahim está pidiendo a Allah
cuando le suplica que envíe un Profeta que les enseñe la hikma, es un
itinerario, una dirección, un rumbo.
El Libro desciende para
confirmar y afianzar el îmân en los corazones de los creyentes. Pero el îmân no
es suficiente para guiarnos. El îmân es una potente luz que necesita estar
dirigida en la buena dirección. Es como un hombre que camina por la noche y se
alumbra con un farol pero lo dirige hacia los lados y hacia atrás hasta que se
sale del sendero y se mete en un bosque del que ya no sabe cómo salir. Si
hubiera dirigido su luz hacia delante, le habría mostrado el camino de forma
clara e inequívoca. De la misma forma, sin la hikma nos perdemos en el bosque de
las interpretaciones, de las opiniones y de la subjetividad humana.
Y de igual manera, el
Libro sin hikma lleva al extravío, lleva a interpretarlo según nuestra
subjetividad. Necesitamos, en cambio, la objetividad divina, la clarificación
que traen los Profetas, la hikma, su sunna. Esa objetividad sólo se consigue
adecuando nuestra vida a la del Profeta, el único patrón que tenemos para
comprender realmente los significados del Qur-ân.
La hikma es la
objetividad, la diáfana visión que nos permite aplicar a nuestros actos la
sabiduría; lo que nos permite descifrar las indicaciones del camino. Si
interpretamos caeremos, necesariamente, en la subjetividad, en las disputas, en
opiniones fundadas sobre conjeturas… en la fitna. Esta es la razón por la que
Allah el Altísimo tuvo a Su Profeta (s.a.s) 23 años con la gente, para que
adquirieran esa objetividad que día a día iba enseñando a Su Mensajero.
Los tafsir del Qur-ân son
un mero recuento de opiniones, en muchos casos contradictorias, pues ¿puede
acaso el hombre entender el estilo literario del Creador del universo? Puede
maravillarse ante él, pero nunca aprehenderlo ni imitarlo. ¿Puede acaso el
hombre comprender el significado de las palabras y expresiones que el Altísimo
ha elegido entre las miles que componen una lengua tan vasta y rica como el
árabe? Es el Qur-ân el que explica el Qur-ân, y esta es la hikma que está
contenida en sus aleyas: unas explican a otras, delimitan sus significados y nos
enseñan su verdadera función gramatical.
Y de la misma forma que
el Qur-ân explica el Qur-ân, la vida del Profeta Muhammad (s.a.s) explica la
hikma de sus dichos.
En la umma del Mensajero
de Allah (s.a.s) puede haber sabios, eruditos, incluso santos, pero si no hay
hikma estaremos sin guía.
Da la hikma a quien
quiere, y quien reciba la hikma habrá recibido un gran tesoro.
Qur’an 2:269
¿Y cuál es entonces la
hikma de pertenecer a la umma del Profeta Muhammad (s.a.s)?
Narrado de Sa’îd bin Amri
bin Sa’îd bin Abî al-‘Âs que escuchó a Ibn ‘Umar decir:
“El Profeta (s.a.s) dijo: ‘En verdad que mi umma es iletrada (ummiyya), no
calculamos ni anotamos, y el mes es así y así y así.’ Y cuando lo dijo la
tercera vez dejó el pulgar pegado a la palma de la mano (sin subirlo como los
otros nueve dedos). ‘Y el mes es así y así y así,’ haciendo un total de
treinta.”
(Ṣaḥîḥ
-
Muslim, Bujari, sunan an-Nasai 2143)
Esta es la hikma el
regalo y la guía que Allah el Altísimo ha otorgado a todos aquellos de Sus
siervos que sigan el mismo camino, la misma mil-la que Su Mensajero: Somos una
umma iletrada, ummiyya; es decir, una umma no-académica, ni burguesmente
hechizada por los “adelantos”, ni dirigida por la cultura, ni degradada por la
moda. Esto significa la palabra ummiyya, y no ignorancia o analfabetismo.
Seguir el academicismo,
la cultura del progreso, anotar, calcular… significa dejar de mirar al cielo, de
observar el firmamento, de servirse -en última instancia- del mapa celeste como
guía.
Narrado de Said bin
Shabib Abu Uzman que Abderrahman bin Zaid bin al-Jattab habló a la gente el día
sobre el que hay duda (el día en el que no hay certeza de que haya comenzado
Ramadan; el treintavo día del mes de Sha’ban, ya que
podría ser igualmente el primer día de Ramadan y el 29 de
Sh’aban), y dijo: “Estaba sentado con los Compañeros del Mensajero de Allah (s.a.s)
y les pregunté y me dijeron que el Mensajero de Allah (s.a.s) había dicho:
‘Ayunad cuando la veáis y romped el ayuno cuando la veáis. Y hacedlo de esta
manera, pero si hay nubosidad y no podéis verla, entonces completad 30 días; y
si dos personas testifican haberla visto, ayunad y romped el ayuno.’”
(Ṣaḥîḥ
-
Bujari 1909, Muslim 19/108, sunan an-Nasai 2118)
¡¿Puede haber mayor
sabiduría que la que encierran estas palabras?! El Profeta ya entonces advirtió
a la gente que no calculara ni anotara sino que estuviese atenta mirando al
cielo, observándolo hasta que viera la luna nueva; y si la nubosidad se lo
impedía, que contase 30 días y comenzase a ayunar. Y en ello hay hikma, y en el
academicismo hay olvido, un olvido que nos impide comprender el lenguaje de los
astros. No hay cien personas hoy en el mundo que puedan navegar de noche o
cabalgar por el desierto sin una brújula. Ese mismo academicismo es el que nos
ha arrebatado el cálamo y hemos dejado de escribir, de trazar, de caligrafiar
como la más excelsa disciplina, para teclear, pulsar y digitar. Si abandonamos
nuestra condición de “iletrados”, caeremos en la ignorancia y en el extravío,
pues eludir la hikma es eludir la guía
En verdad que Allah ha
agraciado a los creyentes al hacer surgir de entre ellos un Mensajero que les
recita Sus aleyas, los purifica y les enseña el Libro y la hikma; antes de eso
estaban en un claro extravío.
Qur-ân 3:164
La subjetividad humana
nos lleva a interpretar sin tener en cuenta la hikma que subyace en todos los
dichos del Profeta (s.a.s) y en todas las aleyas que Allah el Altísimo ha hecho
descender hasta completar Su Libro -el Qur-ân.
Se ha narrado que Abû
Qatâda dijo: “Dijo ‘Umar: ‘Oh Mensajero de Allah qué piensas de alguien que
ayuna todos los días de su vida.” Dijo: ‘Ni ha ayunado ni ha roto el ayuno.’
Dijo: ‘Oh Mensajero de Allah qué piensas de alguien que ayuna dos días y
descansa un día.’ Dijo: ‘¿Hay alguien que sea capaz de eso?’ Dijo: ‘¿Y de
alguien que ayuna un día y descansa un día?’ Dijo: ‘Ese es el ayuno de Dâud
-sobre él la paz.’ Dijo: ‘¿Y de alguien que ayuna un día y descansa dos?’ Dijo:
‘Yo mismo desearía poder hacerlo.’ Dijo: Después, dijo: ‘Tres días de cada mes y
de Ramadan a Ramadan; eso es como
ayunar todos los días del año.’ ”
(Ṣaḥîḥ
Sunan an-Nasai
2389)
En los actos de adoración
que Allah el Altísimo nos ha prescrito en Su Dîn hay recuerdo, y esa es su hikma,
y todo lo que sea desviarse de ese principio se convierte en costumbre y en
superstición. De quien ayuna todos los días, el Profeta dijo: ‘Ni ha ayunado
ni ha roto el ayuno.’ Allah nos ha ordenado hacer lo que es obligatorio, y
en verdad que hacerlo debidamente es ya un milagro. La moderación y la sensatez
es parte del entramado de la fitra. Ayunar en Ramadán y
tres días de cada mes es más que suficiente e incluso equivale a ayunar todos
los días de nuestra vida.
Sin embargo, a algunos de
los Compañeros les parecía poco lo que les aconsejaba el Profeta (s.a.s) y
querían ayunar más, más que él (s.a.s), más que Daud (a.s)… y al descuidar esta
hikma caían en el deshonor.
Ha sido narrado que
Muhâyid dijo: “Abdullah bin ‘Amar me dijo: ‘Mi padre me casó con una mujer muy
distinguida y solía visitarla y preguntarle por su marido. Ella dijo: ‘¡Qué
bendición de hombre entre todos los hombres! Nunca viene a mi cama, ni se ha
aproximado a mí desde que nos casamos.’ Le contó el caso al Profeta y éste le
dijo que lo trajera a donde estaba él. Le dijo: ‘¿Cómo ayunas?’ Contesté: ‘Todos
los días.’ Dijo: ‘No lo hagas. Ayuna tres días de cada mes….’ ”
(Ṣaḥîḥ
Bujari, Sunan
an-Nasai 2391)
Eran muchos los que
seguían su subjetividad, su interpretación, y con ello dañaban los derechos de
terceros, pues si abandonamos la guía de la hikma nos saldremos,
inevitablemente, del camino de la objetividad, de la órbita celeste, y caeremos
en algún tipo de tiranía.
Ha sido narrado que
‘Abdullah dijo: “El Mensajero de Allah (s.a.s) entró en mi estancia y dijo: ‘Me
han dicho que pasas la noche haciendo salawat y que ayunas durante el día.’
Dije: ‘Así es.’ Dijo: ‘No hagas eso. Duerme y levántate a hacer salawat; ayuna y
rompe el ayuno. Tus ojos tienen derechos sobre ti, y tu cuerpo tiene derechos
sobre ti, y tu esposa tiene derechos sobre ti, y tus invitados tienen derechos
sobre ti, y tus amigos tienen derechos sobre ti. Espero que vivas muchos años y
que te sea suficiente ayunar tres días de cada mes …’ ”
(Ṣaḥîḥ
Bujari, Sunan
an-Nasai 2393)
Desobedecer al Profeta (s.a.s),
contradecir la objetividad que Allah el Altísimo le fue enseñando durante 23
años, es caer en la tiranía y usurpar los derechos de otros y de nosotros
mismos.
Ayunamos todos los días,
pero no visitamos a nuestros hermanos enfermos, ni nos sentamos con nuestros
hijos para relatarles la vida de los Profetas, ni ayudamos a nuestro vecino a
pintar la casa. Leemos el Qur-ân como lo leerían los papagayos, pero no abrimos
la puerta a quien nos pide una ayuda. Hacemos dzikr pero
no pagamos la çaka.
El Profeta decía a sus
compañeros cuando los veían en actos extremos de penitencia: “Yo soy el que más
temor de Allah tiene de todos vosotros; así pues, seguidme. ¿Acaso no soy yo
vuestro modelo?” Y todos decían “Sí, en verdad que eres nuestro modelo.” Y a
continuación, muchos de ellos se desentendían y volvían a caer en su
subjetividad, en sus interpretaciones.
Mahmud Efendi de Estambul
solía decir a sus estudiantes: “Si dejo dos sunnas del Profeta Muhammad (s.a.s),
no me sigáis.” Le faltó añadir: “Y si añado una sola cosa al Dîn de Allah,
tampoco me sigáis.” Seguir la sunna del Mensajero de Allah (s.a.s) no sólo
consiste en atesorar un conjunto de actos que pueden, en última instancia,
convertirse en un ritual o en superstición. Muchos de sus alumnos, antes de dar
el takbir del comienzo del sala, sacaban el miswak y se frotaban rápidamente los
dientes, pero en ese acto, en esa forma de entender la sunna, no hay hikma sino
una mera imitación. El Profeta se cepillaba los dientes con el miswak
constantemente, después de cada comida o después de ingerir cualquier alimento;
usaba el miswak durante los viajes, cuando estaba en casa, delante de los
huéspedes. Esta es la sunna que va acompañada de hikma. Los miswak limpian
nuestra dentadura y la desinfectan al tiempo que desprenden una sustancia que
favorece el trabajo del estómago y de los intestinos. Algunos ‘ulama afirman
incluso que esa sustancia mejora la memoria. Pero la mayoría de los musulmanes
los utilizan para cumplir con la sunna y después les compran los cepillos y las
pastas dentífricas a las multinacionales judías.
Y cuando se encuentran
con los que creen, declaran: “Creemos.” Pero cuando están a solas con sus
shayatines, dicen: “En verdad que somos de los vuestros; tan sólo nos estábamos
burlando.”
Qur’an 2:14
La hikma del miswak no
sólo estriba en el beneficio físico que proporciona, sino en su gratuidad, su
fácil y cómodo transporte y la independencia que deriva de su uso. En muchos
mercadillos se venden hoy los miswak a los no musulmanes; pronto, pues, volverán
a utilizarlo los amantes seguidores de Muhammad (s.a.s) ya que su conveniencia
ha sido ratificada por los “letrados”. ¡No hay de qué maravillarse! El Mensajero
de Allah (s.a.s) ya nos advirtió que llegaría el día, el nefasto día, en el que
si los musulmanes vieran a la Gente del Libro meterse por el agujero de un
ratón, les seguirían con los ojos cerrados. ¡Sâdaqa Rasûl,
Sâdaqa Rasûl!
Narrado de Al-Miqdâm Abu
Shuraih que su padre dijo: “Le pregunté a ‘Âishah: ‘¿Qué
es lo primero que hacía el Profeta cuando entraba en casa?’ Me respondió: ‘Cogía
el siwâk (miswâk) y se cepillaba los dientes.’”
(Ṣaḥîḥ
Muslim, Sunan an-Nasai 8)
Según el fiqh no es
obligatorio el uso del miswâk, pues aunque el Profeta Muhammad (s.a.s) lo
recomendó encarecidamente, no lo ordenó como parte de los rituales de
purificación. Sin embargo, es obligatorio por la mil-la, por la actitud que
debemos tomar ante las cosas. No se trata de vivir el Islam de una forma
legalista para simplemente no estar fuera de la ley. Aspiramos a más, aspiramos
a vivir en la objetividad de Su Mensajero y en su hikma. Quien anda por los
bordes del camino acabará por salirse de él. No podremos aprehender el patrón de
comportamiento propio de la fitra humana, de nuestra
naturaleza primigenia, si nos limitamos a “cumplir” con lo que es obligatorio. A
través de los hadices que muestran la mil-la del Profeta
entendemos mejor qué significa el tawhid, qué significa no seguir a otro dios
que Allah; entendemos, en definitiva, la verdadera identidad de los dioses, de
los ídolos.
¿Por qué nos cuesta
seguir al Profeta de Allah (s.a.s) si sabemos que la pista que nos trazó lleva
directamente a la felicidad eludiendo los conflictos propios de la ignorancia y
de la subjetividad humana? La respuesta la encontramos en el Qur-ân:
Que los que creen no
tomen a los encubridores por protectores y compañeros en vez de a los creyentes
a menos que sea por temor a que os causen algún daño. Allah se desentenderá de
quien así actúe; Allah os pone en guardia (contra este tipo de gente). Y
En Allah confluyen todos los destinos.
Qur-ân 3:28
Cuando le preguntaban a
'Abdullah ibn ‘Umar si era lícito casarse con las
cristianas, decía: “Allah el Altísimo nos ha prohibido casarnos con las
asociadoras. ¿Puede haber peor asociadora que quien dice que Allah tiene un hijo
de Su misma naturaleza y que, por lo tanto, es dios?” ¡En verdad que quien
recibe la hikma ha recibido un gran tesoro!
La otra hikma de
pertenecer a la umma del Profeta Muhammad es la de estar organizados en torno a
una autoridad. Y esta hikma abroga el tribalismo, los clanes, el nacionalismo,
la xenofobia y las confrontaciones étnicas. Sin embargo, son hoy los musulmanes
los más acérrimos defensores del sistema electoral de partidos. Esa madriguera
en la que se meten judíos y cristianos parece atraerles de forma irresistible.
Narrado de Abu Huraira:
“Dijo el Mensajero de Allah (s.a.s): ‘Quien se salga de la obediencia y se
separe de la comunidad y muera, habrá muerto en la ignorancia (Yâhiliya); y
quien se rebele y ataque a mi umma golpeando (matando) a inocentes y a corruptos
por igual y no evite hacer lo mismo con los creyentes ni se preocupe de aquellos
con los que haya hecho algún pacto, no es de los míos; y quien luche bajo el
estandarte del sectarismo tribal o se enfurezca a causa de él y muera, habrá
muerto en la ignorancia (Yâhiliya).’”
(Sahih
Muslim 1848, Sunan an-Nasai 4119)
¿Cómo puede haber umma si
hay tribalismo? ¿Y acaso no pertenecen al tribalismo todas esas denominaciones
bajo cuyo estandarte se alinean hoy como ayer los musulmanes? En la unidad,
incluso cuando no es de nuestro agrado, hay una gran hikma. Las revoluciones
aumentan la tiranía que se intentaba eliminar. Hemos “asesinado” a todas
nuestras autoridades adquiriendo la tan deseada orfandad metafísica, pero ¿a
quién estamos dando nuestra fuerza de trabajo; quién se beneficia de nuestra
inteligencia, de nuestro conocimiento, de nuestras investigaciones, de nuestros
inventos? ¿Es realmente la umma de Muhammad (s.a.s) la que se beneficia de todo
ello, o son los que hoy se presentan como nuestros protectores y guías, los que
mueven su pesada maquinaria del “progreso” con nuestra energía? Esos que dicen:
“No podemos sino reconocer que os habéis ganado un puesto de honor en el libro
de la historia; y en verdad que escribiremos vuestra página con letras de oro,
pero no pensáis que ya es hora de ser razonables y de decir como todo el mundo
‘el sol sale por el este y se pone por el oeste? Aquí están nuestros programas
educativos, nuestro método científico, todo ello heredado de vuestros
antepasados a los que -seamos sinceros- nunca habéis hecho demasiado caso. Ya se
sabe que nadie es profeta en su propia tierra. En fin, no importa eso ahora,
agua pasada, tomadlos y seguir nuestra senda.”
Allah es el Protector
de los creyentes; los saca de las tinieblas y los lleva a la luz. Pero los
protectores de los encubridores son los Taghut;
los sacan de la luz y los llevan a las tinieblas; ésos son los compañeros del
Fuego; en él permanecerán para siempre.
Qur-ân 2:257
La sunna sin hikma es
imitación, ritual, superstición; y de la misma manera, el Qur-ân sin hikma es
tierra virgen para todo tipo de interpretaciones; un campo ilimitado para
cultivar en él nuestra más extravagante subjetividad.
La hikma del Qur-ân es
buscar su interpretación en el Qur-ân; y la hikma de la sunna es seguir la vida
del Mensajero de Allah (s.a.s). Y todo lo demás no es sino correr hacia un
lejano extravío.
Da la hikma a quien
quiere, y quien reciba la hikma habrá recibido un gran tesoro.
Qur’an 2:269
Autor: Abu Bakr
Gallego
Damasco, Siria, Febrero, 2014.
Fuente: musulmanesandaluces.org
Etiquetes de comentaris:
Corán,
Doctrina islámica ('Aqida),
Musulmanes españoles,
Occidentales sobre Islam
Las cinco razones por las que no estoy iluminado (o por las que sufro)
Después de varios años de pruebas y preparación por parte de Ken Wilber, ya que él no puede ir por ahí enseñando, por su grave enfermedad, el pasado mes de diciembre envió a Colin Bigelow por el mundo para que impartiera su primer curso pautado de Espiritualidad Integral, al que da un nombre curioso "Las cinco razones por las que aún no estás iluminad@". Colin acepta ese reto y como un fiel testigo del hacer y sentir de Ken, encarna las enseñanzas desde hace muchos años para ahora transmitirlas al mundo.
Así pues, sin más preámbulos, veamos cuales son estas cinco razones:
1./ Conceptualizo o cualifico: trato de poner atributos al Espíritu.
2./ Objetivizo: experimento objetos separados. Dualismo sin Unidad.
3./ Diferencio: no percibo Plenitud ni Unidad.
4./ Busco el Espíritu: lo cual implica que creo que estoy fuera de Él. Falta de Fe.
5./ Soy incapaz de Amar incondicionalmente: selecciono a quien amar.
Sobre la primera razón, Colin comentó que Nagarjuna ya advirtió que las religiones ascendentes que nos llevaban a la consciencia sin objeto eran terriblemente ¡¡dualistas!! Y que la Realidad Plena no puede ser dualista. Dualistas, ya que no puedes calificar al Espíritu de infinito, contraponiéndolo a lo finito. Lo finito también pertenece al Espíritu.
Sobre la segunda razón, Colin dijo: "el mundo de la forma no es problema, sino que el problema es experimentarlo como objeto separado de mi. No estoy en una sala, sino que esta sala emerge en mi conciencia".
Sobre la tercera razón, diferencio todo y no percibo Unidad, Colin dijo que es una actividad que podemos detener. Soy conciencia sin tiempo. SOY y punto. Uno con Brahman, Uno con Todo. El-Uno-sin-un-dos.
La cuarta razón: busco el Espíritu. Lo busco porque no lo veo. Busco lo que YA está AQUÍ. El presente es la puerta a lo infinito, dijo Colin. Pienso que debo hacer algo para conocer al Espíritu. No meditar "para" iluminarme, sino meditar porque ya estoy iluminado. Entonces la meditación es GRATITUD infinita. Cualquier acto, desde la LUZ, es GRATITUD infinita. YA ESTOY ILUMINADO. YA ESTÁS ILUMINADO. YA ESTÁN ILUMINADOS. Lo dicen todos los sabios. Hagámosles caso, un poco de fe basta.
Y la quinta razón, es la falta de amor incondicional. Selecciono a quien amar, y en qué medida amar. Por eso sufro. Por tanto amo sin medida.
Esas cinco razones son una especie de síntesis de las razones que han dado la mayoría de las grandes religiones a lo largo de la historia. Tenemos ante nosotros una herramienta muy potente, que talvez sume la fuerza de cada una de esas conclusiones que nos dieron los seres más impresionantes que ha visto la humanidad. La primera razón la vemos en el Budismo Madhyamaka (Nagarjuna); la segunda la encontramos en el Yogachara; la tercera está en el Vedanta; la cuarta está en el Dzogchen y Budismo Tibetano; y la quinta en el cristianismo.
Colin nos dijo que había muchas más razones por las que no estamos iluminados, como por ejemplo: la falta de FE. Si ya estoy iluminado, ¿por qué no me dejo guiar por el Espíritu? ¿Por qué no tengo confianza? ¿Por qué tengo miedo? Dudo de la guía del Espíritu, tengo miedo a ceder el control de mi mismo. Y aunque parezca una paradoja, al ceder el timón al Espíritu, el "Yo" no pierde el control. Al ego le aterra esa idea. Es una de las últimas puertas sin puerta para atravesar. Grandes sabios ya nos han hablado del gran poder de la Fe (... si tan sólo fuera como un grano de mostaza...).
Fuente: Web Educación Integral.
Etiquetes de comentaris:
Otras tradiciones espirituales,
Psicología transpersonal,
Psicología/Espiritualidad
La relación del Profeta con las cosas
Pregunta: Nos ha llamado la atención cuando ha salido todo esto del daraba el
hadiz de Aisha en el que se dice que el Profeta no sólo nunca agredió a
una mujer sino nisiquiera golpeó con la mano a ninguna cosa (lâ daraba biyadihi shaiân)... Es una curiosa matización... ¿Había alguna relación especial entre
el Profeta y los objetos?
Respuesta: Hay hadices que hablan de la extraordinaria delicadeza de Muhammad con todo lo que le rodeaba. Hay un hadiz en el cual él dijo a sus compañeros que, cuando alguno de sus compañeros se pinchaba con una aguja él, sentía el dolor, y no lo dijo metafóricamente. Ésa es la conclusión de los comentaristas de este hadiz, es decir, que lo sentía realmente. Que él llegó a hacerse tan sensible que era capaz de captar todo lo que sucedía a su alrededor y por tanto penetraba de una forma clara en el mundo espiritual de todas las cosas.
Rasulul-lah sin duda tuvo esta
capacidad, o de lo contrario el Islam no sería lo que es. A nosotros
nos puede resultar extraño pero, evidentemente, si él no hubiera sido
así, no habría tenido calidad de Profeta. Rasul o Nabí
alude a una persona que es capaz de comunicar un mensaje porque está
comunicada con todo lo que existe gracias a poseer una sensibilidad
extraordinaria. Muhammad la poseía y seguramente en una profundidad
increíble, de tal manera que esto condicionaba su relación con las
cosas. Él no era animista, no consideraba que las cosas estaban dotadas
de alma, pero sí de una magia especial o de algo para
lo que no hay nombre, quizá la palabra "alma" sea insuficiente...
Nuestro conocimiento aspira con la Ciencia a desentrañar el significado
de las cosas, y no puede ser de otra forma, pues Allah es en sí mismo
indefinible. ¿Cómo se define –entonces- a Allah? En cada cosa concreta.
Lo que no tiene límites lo encerramos en lo más pequeño. Lo eterno en el
instante que no dura, lo inmutable en la deteriorabilidad de algo
material... Todo lo que existe es Nombre
de Allah, porque es una esencia específica e irrepetible. Cada cosa que
existe es el Nombre propio de Allah. Las cosas son los rostros de
Allah.
La Materia de que están compuestas las cosas, la cosa en sí ante nosotros es ni más ni menos que la prueba de la existencia de Allah. La verdad desconcertante del ser que constituye la realidad es el principio del camino. Cuando me sumerjo en la Realidad, a pesar de su aparente inconsistencia y su mutabilidad, y la vivo como definitiva y contundente, estoy en al-haqq. Me sumerjo en la materia para conocer mi realidad, mi verdad, para descubrir
mi propia eternidad.
Autor: Abderrahmán Muhámmad Maanán
Fuente: WebIslam
Click Here to Read More..
el Profeta y los objetos?Respuesta: Hay hadices que hablan de la extraordinaria delicadeza de Muhammad con todo lo que le rodeaba. Hay un hadiz en el cual él dijo a sus compañeros que, cuando alguno de sus compañeros se pinchaba con una aguja él, sentía el dolor, y no lo dijo metafóricamente. Ésa es la conclusión de los comentaristas de este hadiz, es decir, que lo sentía realmente. Que él llegó a hacerse tan sensible que era capaz de captar todo lo que sucedía a su alrededor y por tanto penetraba de una forma clara en el mundo espiritual de todas las cosas.
Rasulul-lah sin duda tuvo esta
capacidad, o de lo contrario el Islam no sería lo que es. A nosotros
nos puede resultar extraño pero, evidentemente, si él no hubiera sido
así, no habría tenido calidad de Profeta. Rasul o Nabí
alude a una persona que es capaz de comunicar un mensaje porque está
comunicada con todo lo que existe gracias a poseer una sensibilidad
extraordinaria. Muhammad la poseía y seguramente en una profundidad
increíble, de tal manera que esto condicionaba su relación con las
cosas. Él no era animista, no consideraba que las cosas estaban dotadas
de alma, pero sí de una magia especial o de algo para
lo que no hay nombre, quizá la palabra "alma" sea insuficiente...
Era muy especial la costumbre que tenía de ponerle nombre a todo... Ponerle nombres a las cosas es tener una relación personal
con ellas. Desde luego todos sus animales tenían nombres propios, pero
incluso los objetos, cada turbante tenía un nombre propio, sus capas,
sus arcos, sus espadas, tenían nombres propios. Es curioso, porque
hablaba con las cosas. Se sabe que mantenía conversaciones con objetos,
con las piedras, con los troncos. Incluso hay gente que dijo haber
escuchado las respuestas de estas conversaciones que se mantenían en
otro universo, por supuesto. Si Rasulul-lah no hubiera sido así, no
habría sido Profeta. Tenía necesariamente que contar con esa delicadeza
que viene de algo regalado: él era así, no lo buscó. Él amaba
profundamente las cosas, todo lo que le rodeaba, con un amor
especialmente intenso. Hay hadices preciosos en este sentido, como aquel
que cuenta cómo estando sobre la montaña Uhud ella tembló y el Profeta
le dijo estáte quieta porque yo te quiero igual que tú me quieres. Que
el pequeño temblor acabase es normal, no estamos diciendo necesariamente
que él la aquietara, pero se conserva el hadiz entre los musulmanes
como prueba no del poder de Muhammad sino de su capacidad de
relacionarse con las cosas aparentemente menos dotadas de alma.
con ellas. Desde luego todos sus animales tenían nombres propios, pero
incluso los objetos, cada turbante tenía un nombre propio, sus capas,
sus arcos, sus espadas, tenían nombres propios. Es curioso, porque
hablaba con las cosas. Se sabe que mantenía conversaciones con objetos,
con las piedras, con los troncos. Incluso hay gente que dijo haber
escuchado las respuestas de estas conversaciones que se mantenían en
otro universo, por supuesto. Si Rasulul-lah no hubiera sido así, no
habría sido Profeta. Tenía necesariamente que contar con esa delicadeza
que viene de algo regalado: él era así, no lo buscó. Él amaba
profundamente las cosas, todo lo que le rodeaba, con un amor
especialmente intenso. Hay hadices preciosos en este sentido, como aquel
que cuenta cómo estando sobre la montaña Uhud ella tembló y el Profeta
le dijo estáte quieta porque yo te quiero igual que tú me quieres. Que
el pequeño temblor acabase es normal, no estamos diciendo necesariamente
que él la aquietara, pero se conserva el hadiz entre los musulmanes
como prueba no del poder de Muhammad sino de su capacidad de
relacionarse con las cosas aparentemente menos dotadas de alma.
Otro hadiz nos habla de cómo escuchaba el lamento de las cosas, y por
eso él era capaz de escuchar sonidos que no perciben los seres humanos.
Cómo tranquilizó con la mano -como se hace
con un animal doméstico- a un mimbar
que se quejaba. Él además sabía que esa sensibilidad no era exclusiva
suya, sabía que algunos animales captaban los gemidos de los muertos en
las tumbas. Nosotros tenemos ciegos determinados ojos y taponados
determinados oídos y que únicamente en su persona estaban absolutamente
despiertos. Y que justamente la espiritualidad islámica es el intento de
avivarlo. No es que Muhammad sea modelo de una "actitud ecológica" de
vivir sino que su espiritualidad es un ejemplo a seguir para llegar a
esa conciencia con la cual nuestras relaciones con las cosas nunca serán
artificiales sino auténticas. Se trata de haber seguido un proceso
espiritual en el cual se entra en comunicación con el espíritu que hay
en las cosas. Lo que hay que aprender de Muhammad no es el ponerle
nombres a las cosas sino realmente el seguir su proceso espiritual hasta
descubrir
que en las cosas anidan realidades más allá de lo que nosotros
percibimos normalmente y que es lo que las unifica, es decir, aquello en
lo que descubrimos a Allah, el Uno Único.
con un animal doméstico- a un mimbar
que se quejaba. Él además sabía que esa sensibilidad no era exclusiva
suya, sabía que algunos animales captaban los gemidos de los muertos en
las tumbas. Nosotros tenemos ciegos determinados ojos y taponados
determinados oídos y que únicamente en su persona estaban absolutamente
despiertos. Y que justamente la espiritualidad islámica es el intento de
avivarlo. No es que Muhammad sea modelo de una "actitud ecológica" de
vivir sino que su espiritualidad es un ejemplo a seguir para llegar a
esa conciencia con la cual nuestras relaciones con las cosas nunca serán
artificiales sino auténticas. Se trata de haber seguido un proceso
espiritual en el cual se entra en comunicación con el espíritu que hay
en las cosas. Lo que hay que aprender de Muhammad no es el ponerle
nombres a las cosas sino realmente el seguir su proceso espiritual hasta
descubrir
que en las cosas anidan realidades más allá de lo que nosotros
percibimos normalmente y que es lo que las unifica, es decir, aquello en
lo que descubrimos a Allah, el Uno Único.
Y no sólo el Profeta. Todos los auliyá (los íntimos de Allah) perciben el poder y la sabiduría que hay en cada
cosa. El kafir es el que no traspasa el objeto y descubre en él la semilla (habb) de amor (hubb)
que lo hizo. Eso infinito que es el Ahad pasa a residir en todo objeto
finito por el hecho de existir, y tenemos la obligación islámica de amar
a Allah en cada cosa. Todas las
cosas tienen dos caras, una en la que se ve a Allah y otra en la que se
ven las cosas. El camino espiritual consiste en descubrir qué conjunto
de cualidades de Allah son la urdimbre de cada uno de los seres que
existen. También la de las cosas. Puedes ver a Allah en la misma nafs de las cosas. No podemos dejar pasar la oportunidad que nos ofrecen las cosas. Cada cosa existente te interpela con lo que es.
cosa. El kafir es el que no traspasa el objeto y descubre en él la semilla (habb) de amor (hubb)
que lo hizo. Eso infinito que es el Ahad pasa a residir en todo objeto
finito por el hecho de existir, y tenemos la obligación islámica de amar
a Allah en cada cosa. Todas las
cosas tienen dos caras, una en la que se ve a Allah y otra en la que se
ven las cosas. El camino espiritual consiste en descubrir qué conjunto
de cualidades de Allah son la urdimbre de cada uno de los seres que
existen. También la de las cosas. Puedes ver a Allah en la misma nafs de las cosas. No podemos dejar pasar la oportunidad que nos ofrecen las cosas. Cada cosa existente te interpela con lo que es.
de Allah, porque es una esencia específica e irrepetible. Cada cosa que
existe es el Nombre propio de Allah. Las cosas son los rostros de
Allah.La Materia de que están compuestas las cosas, la cosa en sí ante nosotros es ni más ni menos que la prueba de la existencia de Allah. La verdad desconcertante del ser que constituye la realidad es el principio del camino. Cuando me sumerjo en la Realidad, a pesar de su aparente inconsistencia y su mutabilidad, y la vivo como definitiva y contundente, estoy en al-haqq. Me sumerjo en la materia para conocer mi realidad, mi verdad, para descubrir
mi propia eternidad.Autor: Abderrahmán Muhámmad Maanán
Fuente: WebIslam
El mero saber no te ayudará
“El más castigado el Día de la Resurrección será el hombre de
conocimiento por cuyo saber Dios no recibió beneficio alguno”.
(Muhammad, hadiz inequívoco)
“Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. (Ali)
El mes sagrado de Ramadán ya va llegando a su fin y, al-hamdu li-Llâh, hemos cubierto, con la ayuda de Allah, nuestros objetivos de al menos una vez por semana, acudir a nuestra cita. Con la inestimable ayuda de nuestro mentor y referente Imam Al-Gazzali (qaddasa ‘Llâhu ruhahu/Dios santifique su espíritu) hemos aportado reflexiones en aras de estimular nuestra religiosidad pero sin descuidar en lo más mínimo al factor espiritual. Bien es verdad, en aras de una objetiva y consecuente realidad del Islam tradicional, lo uno no debería nunca estar disociado de lo otro, religiosidad y espiritualidad deberían ser cuasi sinónimos. De ahí a que siempre hemos insistido en huir de aquello que denunciara acertadamente Roger Garaudy de una “fosilización del Islam” de la que, lamentablemente, hacen gala determinados grupos de musulmanes, anclados en una lectura tan rigorista como retorcida.
Tras el Ramadán, incha-Allah, retomaremos nuestras reflexiones, aunque probablemente más espaciadas en el tiempo, ¿quizás quincenalmente?, seguramente para estar más persuadidos de que tal vez podamos mejorar, siquiera mínimamente, nuestro probablemente más provechoso silencio. Allah proveerá, incha-Allah.
Hoy, en este tramo final de esta etapa, nos gustaría rescatar algunas ideas y sugerencias vertidas en su famoso opúsculo Ayyuhâ'l-walad, editado en España bajo el título “Carta al discípulo” de nuestro Imam Al-Gazzali en la que, entre otras cosas, nos advierte sobre los conocimientos inútiles, que aparte de ocupar espacio en nuestro disco duro, es estéril. La sociedad de la información ha dado paso, –según nos cuenta la profesora Carmen Pardo en su último trabajo publicado en la editorial Laertes– a la sociedad del conocimiento. Y, según esta profesora de la Universidad de Barcelona, “a través del conocimiento se accede a la emancipación y al espíritu crítico”. Tan crítico que al final nada es importante y todo es relativo.
Ya se lo temía nuestro Profeta Sidna Muhammad (Sálla llähu ‘aláihi wa sállam/la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando en un hadiz nos decía: “Oh Dios mío, líbrame de todo conocimiento inútil”. Esa era la preocupación de uno de los discípulos de nuestro Imam Al-Ghazali, que concluidos sus estudios, le escribe una misiva desde la distancia a su maestro, consultándole y pidiéndole consejos. Si bien ya había estudiado la obra magna de su maestro Al-Ghazali, “La vivificación de las ciencias religiosas” (Ihya Ulum Ad din) y demás obras, donde “contienen las respuestas a mis preguntas, mi interés es que el Maestro escriba lo que necesito en unas cuantas páginas que me acompañen por el resto de mi vida, para obrar según ellas en los años que me queden, si Dios Altísimo así lo quiere”, dice en la carta el discípulo. Carta a la que contestaría Imam Al-Ghazali y que posteriormente se convertiría en un pequeño opúsculo reeditado infinidad de veces, hasta el extremo de haberse convertido en el libro más leído en el mundo musulmán después del Corán.
Probablemente abrumado nuestro Imam Al-Ghazali ante tal responsabilidad, lo primero que le recuerda y aclara a su discípulo en su contestación es que “tenemos consejos evidentes en el Modelo de los Mensajeros”, referido al Profeta Sidna Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). “Si ya has recibido consejo de él, ¿qué autoridad puede tener mi consejo para ti?” después de años de estudios de los fundamentos del Islam. Y sentencia: “Y si todavía no lo has recibido, dime ¿qué has ganado en estos últimos años?”. A partir de esta premisa, nuestro maestro fundamenta toda su carta sobre la base del legado de nuestro Profeta. Todo conocimiento del musulmán que mínimamente se precie en su fe islámica ha de estar absolutamente mediatizada por las enseñanzas que nos ha legado Sidna Muhammad (paz y bendiciones), y sobre todo al amor incondicional a su persona, al que Allah llamó Habibi, “mi Amado”.
“Un indicio de que Dios Altísimo ha abandonado a su siervo es que éste se ocupe de lo que no le atañe; y si pierde una hora de su vida ocupado en algo ajeno a la devoción para la que fue creado, entonces merece la prolongación de sus sufrimientos”. Pero esta consideración adquiere mayores proporciones de dramatismo al afirmar que “quien pasa los cuarenta años sin que sus virtudes hayan dominado sus vicios debe prepararse para el fuego”.
Se lamenta Imam Al-Ghazali en cuanto que dar consejos es sencillo, “lo difícil es recibirlo”. Sobre todo para aquellos que están mediatizados por sus propios deseos, “pues lo prohibido es dulce para sus corazones”. Y esta reflexión va dirigida especialmente a los que merodean cautivados con los logros de “las ciencias convencionales”, embriagados, cuando no extraviados “con la satisfacción de su alma y los logros del mundo, creyendo que su mera ciencia lo salvará, que en ella está su redención y que no tiene necesidad de actuar”. Craso error, a decir de nuestro maestro, ya que la responsabilidad de un creyente adquiere mayores proporciones al ser portador de conocimiento. En el Islam, el conocimiento es un agravante si no reaccionamos consecuentemente. Imam Al-Ghazali le recuerda y advierte a su discípulo que si se “adquiere un conocimiento y después no lo pone en práctica, luego este será usado como una prueba en su contra”. Subraya estas palabras con un hadiz inequívoco del Profeta: “El más castigado el Día de la Resurrección será el hombre de conocimiento por cuyo saber Dios no recibió beneficio alguno”.
Entre otros consejos a los que se refiere nuestro Imam Al-Ghazali para con su discípulo le decía/nos dice “Oh hijo mío, no te arruines por falta de actos, cuida que no te falten tampoco arrebatos místicos, y ten la certeza de que el mero saber no te ayudará”. Pero para afianzar con más énfasis esta aseveración Imam Al-Ghazali nos recuerda:
“Aunque estudiaras cien años y reunieras mil libros, no te beneficiarías de la misericordia de Dios Altísimo sino por tus actos”, da un paso más con una sentencia inapelable citando el Libro Sagrado:
“Y que el hombre sólo obtendrá aquello por lo que se esfuerce” (Sura del Astro 53: 38).
La sumisión a Allah, insiste Imam Al-Ghazali, es la clave fundamental para alcanzar la misericordia del Altísimo por eso dice: “la fe es, en la lengua, una palabra, en el corazón, una creencia y, en los cinco pilares, acción”. Y nuevamente apuntala esta aseveración recurriendo al Libro Sagrado: “La misericordia de Dios está cerca de quienes obran bien” (Sura al-‘Araf 7: 55). Pero a veces el camino de la fe, explica con otras palabras nuestro maestro, está lleno de obstáculos, en no pocas ocasiones inclusive tortuoso, y ello hará flaquear a unos, a otros dudar, por eso se pregunta nuestro Imam Al-Ghazali “¿estará en paz sin perder la fe o no? ¿acabará frustrado y arruinado?”. Al-Ghazali en aras de ilustrar significativamente sus consejos dice: “Se cuenta que un hijo de Israel había servido a Dios Altísimo durante sesenta años. Y quiso Dios Altísimo probarlo a los ojos de los ángeles, y así envió uno a decirle que, a pesar de su servicio, no le tocaba entrar al Jardín. Y dijo el siervo: ‘Nosotros hemos sido creados para el servicio, y es nuestro deber servir’. Cuando el ángel volvió, dijo: ‘Dios mío, Tú sabes mejor cuál fue su respuesta’. Y dijo Allah/Dios Altísimo: ‘Puesto que él no se apartó de Nuestro servicio, Nosotros, con Nuestra Gracia, no Nos apartaremos de él. ¡Sed testigos, ángeles míos, de que ya lo he perdonado’”.
En este sentido va dirigido el siguiente hadiz del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Pedid cuentas a vuestras propias almas antes de que os sean pedidas, y pesad vuestras acciones antes de que os sean pesadas”. Por su parte Ali (karrama Allahu wayhuh/Dios santifique su rostro) dijo: “Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. El hijo de Ali y nieto del Profeta, Hasan, (radiha allähu‘anhu/Dios se complazca de él) dijo: “Un indicio de una comprensión directa y profunda de la verdad es el olvidarse de los actos sin olvidar ejecutarlos”. En este orden de cosas dijo el Enviado de Dios “Es perspicaz quien sojuzga su propia alma y actúa con vistas a lo que hay después de la muerte, y es estúpido quien sigue sus propios deseos y se confía a la idea de que Allah/Dios Altísimo le cumplirá sus anhelos”.
Todas esta referencias del Islam darán y dan la firmeza que precisa Imam Al-Ghazali para apuntalar firmemente sus desvelos: “Oh hijo mío, ¿cuántas noches has pasado en vela repasando tus lecciones, escudriñando libros y privando a tu alma del sueño? ¿Para qué? No entiendo cual era el motivo de todo eso. Si era para obtener los honores del mundo y por la atracción de sus chucherías, y para conseguir sus rangos y luego vanagloriarte frente a tus compañeros y amigos, ¡hay de ti!, y ¡hay de ti! Pero si tu propósito era hacer algo vivo de la ley del Profeta (sálla llähu ‘aláihi wa sállam), enmendar tu carácter y quebrar esa alma tuya, ‘que pide el mal’, entonces bendito seas, y ¡bendito seas!”. Subraya sus palabras aludiendo al poeta anónimo que decía en referencia a Allah/Dios (Subhanahu wa ta’ala/Exaltado y enaltecido sea): “Si no es por mirar Tu Rostro / en vano velan los ojos; / si no es por llorar tu pérdida / en vano lloran”.
Que Allah nos ilumine y guíe. Assalamu alaikum.
Autor: Abdelkader Mohamed Alí.
Publicado en el periódico Melilla hoy, 01/08/2013.
Fuente: WebIslam
Click Here to Read More..
“Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. (Ali)
El mes sagrado de Ramadán ya va llegando a su fin y, al-hamdu li-Llâh, hemos cubierto, con la ayuda de Allah, nuestros objetivos de al menos una vez por semana, acudir a nuestra cita. Con la inestimable ayuda de nuestro mentor y referente Imam Al-Gazzali (qaddasa ‘Llâhu ruhahu/Dios santifique su espíritu) hemos aportado reflexiones en aras de estimular nuestra religiosidad pero sin descuidar en lo más mínimo al factor espiritual. Bien es verdad, en aras de una objetiva y consecuente realidad del Islam tradicional, lo uno no debería nunca estar disociado de lo otro, religiosidad y espiritualidad deberían ser cuasi sinónimos. De ahí a que siempre hemos insistido en huir de aquello que denunciara acertadamente Roger Garaudy de una “fosilización del Islam” de la que, lamentablemente, hacen gala determinados grupos de musulmanes, anclados en una lectura tan rigorista como retorcida.
Tras el Ramadán, incha-Allah, retomaremos nuestras reflexiones, aunque probablemente más espaciadas en el tiempo, ¿quizás quincenalmente?, seguramente para estar más persuadidos de que tal vez podamos mejorar, siquiera mínimamente, nuestro probablemente más provechoso silencio. Allah proveerá, incha-Allah.
Hoy, en este tramo final de esta etapa, nos gustaría rescatar algunas ideas y sugerencias vertidas en su famoso opúsculo Ayyuhâ'l-walad, editado en España bajo el título “Carta al discípulo” de nuestro Imam Al-Gazzali en la que, entre otras cosas, nos advierte sobre los conocimientos inútiles, que aparte de ocupar espacio en nuestro disco duro, es estéril. La sociedad de la información ha dado paso, –según nos cuenta la profesora Carmen Pardo en su último trabajo publicado en la editorial Laertes– a la sociedad del conocimiento. Y, según esta profesora de la Universidad de Barcelona, “a través del conocimiento se accede a la emancipación y al espíritu crítico”. Tan crítico que al final nada es importante y todo es relativo.
Ya se lo temía nuestro Profeta Sidna Muhammad (Sálla llähu ‘aláihi wa sállam/la paz y las bendiciones de Allah sean con él) cuando en un hadiz nos decía: “Oh Dios mío, líbrame de todo conocimiento inútil”. Esa era la preocupación de uno de los discípulos de nuestro Imam Al-Ghazali, que concluidos sus estudios, le escribe una misiva desde la distancia a su maestro, consultándole y pidiéndole consejos. Si bien ya había estudiado la obra magna de su maestro Al-Ghazali, “La vivificación de las ciencias religiosas” (Ihya Ulum Ad din) y demás obras, donde “contienen las respuestas a mis preguntas, mi interés es que el Maestro escriba lo que necesito en unas cuantas páginas que me acompañen por el resto de mi vida, para obrar según ellas en los años que me queden, si Dios Altísimo así lo quiere”, dice en la carta el discípulo. Carta a la que contestaría Imam Al-Ghazali y que posteriormente se convertiría en un pequeño opúsculo reeditado infinidad de veces, hasta el extremo de haberse convertido en el libro más leído en el mundo musulmán después del Corán.
Probablemente abrumado nuestro Imam Al-Ghazali ante tal responsabilidad, lo primero que le recuerda y aclara a su discípulo en su contestación es que “tenemos consejos evidentes en el Modelo de los Mensajeros”, referido al Profeta Sidna Muhammad (la paz y las bendiciones de Allah sean con él). “Si ya has recibido consejo de él, ¿qué autoridad puede tener mi consejo para ti?” después de años de estudios de los fundamentos del Islam. Y sentencia: “Y si todavía no lo has recibido, dime ¿qué has ganado en estos últimos años?”. A partir de esta premisa, nuestro maestro fundamenta toda su carta sobre la base del legado de nuestro Profeta. Todo conocimiento del musulmán que mínimamente se precie en su fe islámica ha de estar absolutamente mediatizada por las enseñanzas que nos ha legado Sidna Muhammad (paz y bendiciones), y sobre todo al amor incondicional a su persona, al que Allah llamó Habibi, “mi Amado”.
“Un indicio de que Dios Altísimo ha abandonado a su siervo es que éste se ocupe de lo que no le atañe; y si pierde una hora de su vida ocupado en algo ajeno a la devoción para la que fue creado, entonces merece la prolongación de sus sufrimientos”. Pero esta consideración adquiere mayores proporciones de dramatismo al afirmar que “quien pasa los cuarenta años sin que sus virtudes hayan dominado sus vicios debe prepararse para el fuego”.
Se lamenta Imam Al-Ghazali en cuanto que dar consejos es sencillo, “lo difícil es recibirlo”. Sobre todo para aquellos que están mediatizados por sus propios deseos, “pues lo prohibido es dulce para sus corazones”. Y esta reflexión va dirigida especialmente a los que merodean cautivados con los logros de “las ciencias convencionales”, embriagados, cuando no extraviados “con la satisfacción de su alma y los logros del mundo, creyendo que su mera ciencia lo salvará, que en ella está su redención y que no tiene necesidad de actuar”. Craso error, a decir de nuestro maestro, ya que la responsabilidad de un creyente adquiere mayores proporciones al ser portador de conocimiento. En el Islam, el conocimiento es un agravante si no reaccionamos consecuentemente. Imam Al-Ghazali le recuerda y advierte a su discípulo que si se “adquiere un conocimiento y después no lo pone en práctica, luego este será usado como una prueba en su contra”. Subraya estas palabras con un hadiz inequívoco del Profeta: “El más castigado el Día de la Resurrección será el hombre de conocimiento por cuyo saber Dios no recibió beneficio alguno”.
Entre otros consejos a los que se refiere nuestro Imam Al-Ghazali para con su discípulo le decía/nos dice “Oh hijo mío, no te arruines por falta de actos, cuida que no te falten tampoco arrebatos místicos, y ten la certeza de que el mero saber no te ayudará”. Pero para afianzar con más énfasis esta aseveración Imam Al-Ghazali nos recuerda:
“Aunque estudiaras cien años y reunieras mil libros, no te beneficiarías de la misericordia de Dios Altísimo sino por tus actos”, da un paso más con una sentencia inapelable citando el Libro Sagrado:
“Y que el hombre sólo obtendrá aquello por lo que se esfuerce” (Sura del Astro 53: 38).
La sumisión a Allah, insiste Imam Al-Ghazali, es la clave fundamental para alcanzar la misericordia del Altísimo por eso dice: “la fe es, en la lengua, una palabra, en el corazón, una creencia y, en los cinco pilares, acción”. Y nuevamente apuntala esta aseveración recurriendo al Libro Sagrado: “La misericordia de Dios está cerca de quienes obran bien” (Sura al-‘Araf 7: 55). Pero a veces el camino de la fe, explica con otras palabras nuestro maestro, está lleno de obstáculos, en no pocas ocasiones inclusive tortuoso, y ello hará flaquear a unos, a otros dudar, por eso se pregunta nuestro Imam Al-Ghazali “¿estará en paz sin perder la fe o no? ¿acabará frustrado y arruinado?”. Al-Ghazali en aras de ilustrar significativamente sus consejos dice: “Se cuenta que un hijo de Israel había servido a Dios Altísimo durante sesenta años. Y quiso Dios Altísimo probarlo a los ojos de los ángeles, y así envió uno a decirle que, a pesar de su servicio, no le tocaba entrar al Jardín. Y dijo el siervo: ‘Nosotros hemos sido creados para el servicio, y es nuestro deber servir’. Cuando el ángel volvió, dijo: ‘Dios mío, Tú sabes mejor cuál fue su respuesta’. Y dijo Allah/Dios Altísimo: ‘Puesto que él no se apartó de Nuestro servicio, Nosotros, con Nuestra Gracia, no Nos apartaremos de él. ¡Sed testigos, ángeles míos, de que ya lo he perdonado’”.
En este sentido va dirigido el siguiente hadiz del Profeta (la paz y las bendiciones de Allah sean con él): “Pedid cuentas a vuestras propias almas antes de que os sean pedidas, y pesad vuestras acciones antes de que os sean pesadas”. Por su parte Ali (karrama Allahu wayhuh/Dios santifique su rostro) dijo: “Quien crea que tendrá éxito sin esfuerzo es un iluso, y quien crea que tendrá éxito por hacer grandes esfuerzos es un arrogante”. El hijo de Ali y nieto del Profeta, Hasan, (radiha allähu‘anhu/Dios se complazca de él) dijo: “Un indicio de una comprensión directa y profunda de la verdad es el olvidarse de los actos sin olvidar ejecutarlos”. En este orden de cosas dijo el Enviado de Dios “Es perspicaz quien sojuzga su propia alma y actúa con vistas a lo que hay después de la muerte, y es estúpido quien sigue sus propios deseos y se confía a la idea de que Allah/Dios Altísimo le cumplirá sus anhelos”.
Todas esta referencias del Islam darán y dan la firmeza que precisa Imam Al-Ghazali para apuntalar firmemente sus desvelos: “Oh hijo mío, ¿cuántas noches has pasado en vela repasando tus lecciones, escudriñando libros y privando a tu alma del sueño? ¿Para qué? No entiendo cual era el motivo de todo eso. Si era para obtener los honores del mundo y por la atracción de sus chucherías, y para conseguir sus rangos y luego vanagloriarte frente a tus compañeros y amigos, ¡hay de ti!, y ¡hay de ti! Pero si tu propósito era hacer algo vivo de la ley del Profeta (sálla llähu ‘aláihi wa sállam), enmendar tu carácter y quebrar esa alma tuya, ‘que pide el mal’, entonces bendito seas, y ¡bendito seas!”. Subraya sus palabras aludiendo al poeta anónimo que decía en referencia a Allah/Dios (Subhanahu wa ta’ala/Exaltado y enaltecido sea): “Si no es por mirar Tu Rostro / en vano velan los ojos; / si no es por llorar tu pérdida / en vano lloran”.
Que Allah nos ilumine y guíe. Assalamu alaikum.
Autor: Abdelkader Mohamed Alí.
Publicado en el periódico Melilla hoy, 01/08/2013.
Fuente: WebIslam
Etiquetes de comentaris:
Corán,
Profeta Muḥammad (sas),
Sufismo
Cualificaciones requeridas para el aspirante en el Sendero del Sufismo
Da prioridad a lo que Dios y su Enviado dan prioridad y pon en último lugar lo que Dios y Su Enviado sitúan lo último
Bismillahir Rahmanir RahimEn el Nombre de Dios Clemente Misericordioso
- Debes velar el pecado de la mentira por la vestimenta de la lealtad, y el de la traición mediante el vestido de la fidelidad, la hipocresía por la sinceridad, los malos tratos del carácter por las virtudes nobles, los actos reprensibles por el manto de los actos loables y todo vil defecto por el manto de una cualidad elevada.
- Es preciso tapar la entrega a las “causas segundas” con una adhesión total del ser a la Unicidad divina; la confianza en las creaturas por la confianza en Dios, y la ingratitud con el reconocimiento del Benefactor.
Por otra parte, tú te engalanas del “ornamento de Dios” revistiéndote de los rasgos de caracteres o virtudes loables, tales como:
- Observar el silencio sobre lo que no te concierne.
- Desviar tus ojos hacia lo que es ilícito mirar.
- Examinar escrupulosamente los actos de tus miembros.
- Inspeccionar minuciosamente los actos que has cometido en el pasado y lo que han registrado los “nobles escribanos”.
Debes:
- Estar satisfecho aunque sea poco lo que te encuentras para tu subsistencia.
- Escrutar los hábitos de tu alma.
- Practicar asiduamente la demanda del perdón y la recitación del Corán.
- Respetar las reglas de conveniencia que nos vienen del Profeta.
Es preciso:
- Que te familiarices con las virtudes de los piadosos.
- Que concentres tus esfuerzos en lo que atañe a la religión y la piedad filial.
- Que seas bondadoso con tu vecino y sacrifiques tu honor.
Tú debes dar prueba de abnegación, es decir:
- Sacrificarte para proveer las necesidades de las criaturas.
- Comportarte con bondad tanto con el amigo como con el enemigo.
- Mostrar modestia y ternura
- Soportar los agravios que recibas.
Abstente de:
- Prestar atención a los errores de los hermanos.
- Debatir las divergencias que te diferencien de los Compañeros y los que nos han precedido entre los grandes hombres.
- Frecuentar a los indolentes a menos que sea para llamarles a su deber o para invocar a Dios entre ellos.
- Escrutar los “eventos” (al-a´rad) y los “signos de Dios” (ayat Allah).
- Detractar a los pecadores apartados de la comunidad de Muhammad -sobre Él la Gracia y la Paz-.
- Tomar a la fuerza (ocupar a mano armada) salvo cuando son infringidos los interdictos divinos.
Es necesario que:
- Despojes tu corazón de la ira y el rencor.
- Perdones la injuria –o sea, no irritarte cuando tengas motivos.
- No te unas a los que dan importancia a los infundios sobre los hombres honorables.
Debes:
- Proteger a las mujeres (ahl al-sitr).
- Respetar a los doctos y a los hombres de religión.
- Honrar a los ancianos y a las personas de carácter noble, sean musulmanes o sean infieles, según el límite legal aplicable a los unos y a los otros
- Respetar las reglas de conveniencia en atención a Dios y de toda persona muerta o viva, presente o ausente.
- Rechazar o repeler la calumnia que alcance la reputación de un musulmán.
- Tener cuidado de no hablar demasiado -de ser pedante o locuaz-, pues quien mucho habla dice no importa el qué.
- Respetar a los mayores.
- Ser bondadoso con los apocados o débiles y compasivo con los humildes.
- Visitar a los desguarnecidos y consolarlos con bondad y generosidad, las buenas palabras y la buena dirección.
- Mostrarte hospitalario.
- Pronunciar la fórmula de salutación en voz alta.
- Ser caritativo con los hombres, según el límite legal.
- No vituperar, ni maldecir, ni difamar o injuriar.
- Recompensar lo que te hagan de mal con el bien
- “Ser un consejero sincero para con Dios, Su Enviado, los que guían la comunidad y los simples creyentes”.
Guárdate de:
- Desear el mal a nadie.
- Injuriar expresamente a un servidor de Dios que esté muerto o vivo, pues el que está vivo aunque sea un infiel resulta que tú ignoras como acabará y en cuanto al que ha fallecido tú no sabes como terminó.
- Reprochar de sus pasiones a los que las tienen.
- Pretender mandar sobre quien sea.
- Oprimir a tus niños para hacerles servir a tu interés personal.
Además:
- Procura evitar que la gente mancille tu oído con noticias que murmuren sobre ti o de otros, susceptibles de importunarte o perjudicarte.
- Ama a todos los creyentes, los que hacen el bien, en consideración de su amor por Dios y Su Enviado y no les detestes con el pretexto de que están enemistados contigo, o por cualquier otro motivo. Esta recomendación, el Enviado de Dios –sobre Él la Gracia y la Paz- me la ha dado en mi sueño al respecto de una persona que había denigrado a mi shaikh y que por esta razón yo detestaba. Yo vi entonces al Profeta cuando dormía, que me decía: “¿Por qué le detestas? Y yo respondí: “¡Porque desprecia y critica a mi shaykh¡ Él me respondió: “¿No sabes tú que él ama a dios y que me ama? “Sí”, le dije, y él me replicó: “Por qué entonces no has de amarle en consideración a su amor por mí, en vez de execrarle con el pretexto de que detesta a tu shaykh? Yo le respondí: “¡Oh, Enviado de Dios, que excelente maestro eres! Has llamado mi atención sobre algo en lo que yo era negligente!
Asimismo:
- No te regocijes de lo bien que hable de ti la gente, incluso aunque lo merezcas, pues ignoras si esto te restará o si te será desposeído.
- No te distingas de los creyentes dejando aparecer las virtudes excepcionales a menos que tú seas de los que, en razón de su función en la comunidad, deben servir de modelo a los demás.
- No manifiestes humildad en tu comportamiento exterior dejando caer tus espaldas y brazos a tierra, a menos que esto coincida con tu estado interior.
- No busques la riqueza en este bajo mundo.
- No te inquietes del que ignora tu rango espiritual, bien al contrario, conviene que a tus propios ojos tu no tengas ningún rango.
- No busques imponer el silencio a fin de que se te escuche y no te ofusque ninguna respuesta que vaya en tu contra.
- Muéstrate paciente por Dios y con Dios: “Sé indulgente con los que invocan a su Señor mañana y tarde por deseo de ver Su cara y no desvíes tu mirada de ellos por buscar lo brillante de este bajo mundo. No obedezcas a aquel cuyo corazón hemos hecho indiferente a nuestro recuerdo, que sigue sus pasiones y cuyo comportamiento es desarreglado. Dí: La Verdad viene del Señor, que el que quiera creer crea y quien no, no crea” (Corán, 27-28).
- Imponte ser justo, pero no exijas que lo sean contigo.
- Toma la iniciativa de saludar cuando te encuentres con musulmanes y devuelve siempre el saludo al que te salude, muy alto para que te entienda.
- Ponte en guardia de censurar a los ricos cuando son avaros o a los hijos de este bajo mundo cuando se disputan las riquezas, y de codiciar lo que poseen.
- Ruega a favor los que detentan el mando y no en contra, aunque sean culpables.
- Combate tu alma y las pasiones, pues son tus más grandes enemigos.
- Evita retrasarte en las marchas y pasea el primero.
- No causes perjuicio a los jefes religiosos y no aportes testimonio contra la gente de la qibla con murmuraciones que son susceptibles de alejar al que te escucha.
- Abstente de polemizar sobre las disputas que hayan estallado entre los Compañeros –Dios esté satisfecho de ellos- y más generalmente al respecto de los muertos que hayan recibido la sanción de los actos que hayan incumplido.
- Evita las controversias concernientes al Corán y la predestinación.
- Aleja de ti la compañía de la gente que sigue a sus pasiones y de los innovadores que atentan contra la religión y los soberanos.
- Debes extirpar de tu corazón la concupiscencia, la envidia, la vanidad, y velar en no manifestar estos atributos fuera de los casos previstos por la Ley.
- Únete a la comunidad pues “el lobo no come más que a las ovejas solitarias”.
- Desconfía del apresuramiento, salvo para cinco cosas: cumplir las oraciones al inicio del día, hacer el peregrinaje cuando las condiciones se cumplan, ofrecer alimento a tu huésped antes de entablar conversación, preparar los funerales del muerto y casar la hija virgen cuando es núbil.
- Despliega todos tus esfuerzos para aconsejar a los servidores de Dios, bien sean musulmanes, infieles o politeístas, con sabiduría y diplomacia.
- Suprime las causas de negligencia y vela en el cumplimiento de las oraciones de la manera más perfecta.
- Vela sobre tu alma en la demanda de las cuentas, rechaza la ignorancia en las investigaciones científicas y sé favorable a cualquier búsqueda científica.
- Sé esplendoroso en la utilización del bien (que Dios te ha concedido).
- Aleja de ti las pasiones y la “morada de las ilusiones”.
- Debes creer que precisas odiar tu “alma” (nafs) la cual, entre los hombres de Dios (ah Allah), designa todo pensamiento vituperable.
Es necesario:
- Que repares las iniquidades.
- Que corrijas la avidez.
- Que despliegues todos los esfuerzos para restablecer la paz entre los que disputan entre sí, pues Dios restablecerá la paz entre Sus servidores en el día de la Resurrección.
- Que hagas caer la duda.
- Que seas constante en tu vigilancia y el temor.
- Que no te inquiete nada sino Dios, amar y odiar en Dios, mostrar amor por la familia del Enviado de Dios, y la amistad por los que son piadosos.
- Que llores mucho, implores a Dios, reces día y noche, rehuyas el reposo y te muestres humilde en consideración de Dios en toda circunstancia.
Debes de:
- Reprimir la tristeza y la ansiedad de la existencia pensando en el reconocimiento que te incumbe hacia el Benefactor por los dones que te ha otorgado.
- Tender hacia Dios en toda circunstancia.
- Ayudar a los demás a practicar la piedad y la creencia en Dios.
- Responder al Enviado, asistir al oprimido, responder al que te pide auxilio, salvar al que está en grave apuro, calmar la pena del que está sumergido en la tristeza.
Además:
- Con el nuevo día practica la oración nocturna, o mejor aún, pasa toda la noche en oración.
- Piensa en la muerte, visita frecuentemente las tumbas y no profieras palabras inconvenientes cuando te las encuentres; ruega por los difuntos y acompaña a su cortejo fúnebre, delante si vas a pie, detrás si estás sobre una montura.
- Acaricia la cabeza de los huérfanos, visita a los enfermos, da limosna, ama a la que gente que hace el bien.
Respecto a Dios:
- Invoca el nombre de Dios permanentemente, vigila tu alma y pídele cuenta de tus actos exteriores e interiores.
- Familiarízate con la Palabra de Dios, sé prudente ante lo que escuches y lo que mires.
- Sobrelleva pacientemente las sentencias de Dios, pues estás bajo Su mirada, pues él ha dicho: “Sobrelleva el decreto de tu Señor pues tú estás bajo Nuestros ojos” (Cor 52:48)”, da la preferencia al orden divino y busca todo lo que es susceptible de acercarte a Él. Encamina toda tu energía en lo que place a Dios y Le satisface. Debes aceptar el decreto (qada) pero no necesariamente lo que está decretado.
- Es necesario recibir lo que viene de Dios con alegría, estar satisfecho de tu relación de vasallaje hacia Él, estando con Él, pues Dios esta con Sus servidores donde quiera que estén.
- Es necesario liberarse de las cosas vanas, mostrarse paciente en las pruebas, renunciar a lo que te es lícito, ocuparte de lo que es más importante en el momento presente, buscar el paraíso con deseo y fuerza en tanto que él es el lugar donde contemplarás a Dios -¡que él sea Exaltado!
También:
- Acompaña con benevolencia a los que son probados.
- Conversa con los indigentes y estáte a su lado en el lugar de su pobreza.
- Ayuda al que se encuentre en estado de necesidad.
- Ten el corazón íntegro.
- Ruega por los musulmanes en secreto.
- Sirve a los pobres.
- Sacrifícate por los demás –pues es entonces cuando contrarías a tu alma cuanto tú la sirves realmente.
- Regocíjate del bienestar de la comunidad y aflígete de su corrupción.
- Da prioridad a lo que Dios y su Enviado dan prioridad y pon en último lugar lo que Dios y Su Enviado sitúan lo último.
Autor: Ibn Arabi.
Fuente: WebIslam
Extracto del Libro de la Filiacion Espiritual, de Hz. Ibn al Arabi (ks).
Etiquetes de comentaris:
Ibn 'Arabi,
Prácticas islámicas,
Sufíes andalusíes,
Sufismo
Subscriure's a:
Missatges (Atom)

